El testimonio del PUNPS
La doctora había estado trabajando intensamente con los resultados del laboratorio. Sobre las mesas se acumulaban gráficos, informes y análisis. Cada nuevo dato podía convertirse en una pieza fundamental para desarrollar un antídoto capaz de combatir a cualquiera de los organismos, parásitos o gusanos relacionados con los PUNPS.
El emisario Kinki había señalado algunos patrones que, en su mundo, les habían servido para estudiar organismos similares. Aunque pertenecían a especies interplanetarias diferentes y los Kinkis eran inmunes a aquellas infecciones, parte de sus conocimientos les permitía comprender ciertos aspectos de la investigación biológica que se desarrollaba en el laboratorio.
Las reuniones se sucedían una tras otra.
—Este protozoario PUNPS es complicado, doctora —explicó Jacinto—. Tiene varias fases: una de infección y otra de reproducción.
Fueron largas horas de análisis, pero las observaciones del Kinki comenzaron a darle a Mercer nuevas pautas para avanzar hacia el antídoto.
Finalmente, la doctora decidió hablar con el PUNPS que permanecía prisionero junto a su familia.
—Necesitamos más información —dijo ella.
El PUNPS la miró durante unos segundos.
—Doctora, ¿podría darnos más oxígeno y nutrición? Necesitamos recuperar fuerzas.
Mercer asintió.
—De acuerdo.
La propia doctora se encargó de aplicarles el tratamiento. Después se acercó a la enorme ameba y comenzó a observarla detenidamente.
El PUNPS también la miró.
—Mi hijo es una belleza. Es un protozoario... aunque, por lo que veo, también es letal.
Mercer levantó la vista.
—Cuénteme. ¿Quién maneja todo este asunto?
El PUNPS se sentó. Su esposa permanecía junto a él, acompañada por el resto de su familia. Durante unos segundos guardó silencio.
Ella lo miró y finalmente habló:
—Habla. No tenemos nada que perder ni nada que ocultar.
El PUNPS respiró profundamente.
—Nosotros no teníamos hogar. No teníamos planeta. Cuando atacamos TENIA, pensamos que podríamos establecernos allí y vivir tranquilos.
Hizo una pausa.
—Pero el ataque fue frustrado por ARTHIAX. Ellos rescataron a muchas personas, ayudaron a restablecer el orden y utilizaron clones milicianos para enfrentarnos. Son guerreros creados y preparados legalmente para combatirnos.
Bajó la mirada.
—Mataron a cientos de nosotros y también destruyeron a muchos de nuestros parásitos. Cada vez quedábamos menos.
Mercer permaneció en silencio, escuchando atentamente.
—Entonces nuestro líder, desesperado, tomó una decisión. Secuestró a un Kinki y lo utilizó como rata de laboratorio.
El PUNPS respiró profundamente.
Su esposa se puso nerviosa.
—Ahí fue donde empezó el desmadre.
Mercer frunció el ceño.
—¿Qué ocurrió?
—Los parásitos eran extremadamente letales. Las bacterias eran todavía más mortíferas. Todo se convirtió en un desastre. Yo escapé con mi familia.
El PUNPS miró a la doctora.
—Por eso le decía que no sé quién está al mando de la nave nodriza. Pero, a estas alturas, creo que todo se está terminando.
Mercer permaneció pensativa.
—¿Y los otros PUNPS? ¿Dónde están?
—No lo sé. Eso también quería advertirle, doctora.
El PUNPS se inclinó ligeramente hacia ella.
—Mantenga siempre una guardia cerca. Los líderes PUNPS quieren vengarse de Arthaix. Y donde esté Arthaix, ellos estarán cerca.
Mercer lo observó atentamente.
—Entonces esto es un tire y afloje.
El PUNPS asintió.
—Un juego de gato y ratón. Solo que cada vez quedan menos jugadores.
La doctora volvió la mirada hacia los gráficos que cubrían la mesa.
La información era inquietante, pero también podía ser la pieza que necesitaba.
Si lograban comprender todas las fases del protozoario y combinar ese conocimiento con las investigaciones del laboratorio, quizá finalmente podrían desarrollar el antídoto.
Pero no tenían demasiado tiempo.
La nave nodriza continuaba en órbita terrestre.
Y en su interior podían encontrarse millones de parásitos esperando ser liberados.
La doctora pensaba un rato en esta información.
Si los Punps no tenían planeta y querían ir tras TENIA, y a su vez el planeta recibió clones, Arthaix debió recibir un ataque de los Punps sin clones y otro con clones.
Según ellos, fueron atacados muchas veces por los Punps, así que volvió a interrogarlo.
—Según ARTHAIX, ustedes venían atacando varias veces su planeta. Por eso ellos crearon clones. Usted solo refiere al ataque de ustedes a TENIA.
—Qué interesante observación —dijo el Punps.
—¿Qué le dije que somos?
—Colonizadores —dijo la doctora.
—Ojalá. Somos depredadores... Nosotros precisamos mucho espacio. Éramos muchísimos. Usábamos armaduras para movernos. Estamos regidos por determinado plasma. Vamos consumiendo y consumiendo; no dejamos nada.
—¿Sí o no atacaron ARTHAIX? —dijo la doctora impacientemente.
—Sí. Atacamos ARTHAIX varias veces.
—Ahh, entonces no me digan que hay venganza. ¿O sí hay?
—Fíjese que este es otro planeta y se puede depredar.
—No se crea —dijo la doctora—. Usted se alimenta de una sustancia fácil de conseguir. Pueden vivir en toneladas de sustancias de esas sin destruir nada y sin parásitos. Para eso existe la biología.
Dijo:
—Ser vago y perezoso es un crimen.