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Hybris (Titulo pendiente) parte 14

EngelAntigonia
Pensamiento

Pensamiento

Casilda

Le dice que en sus ojos brillan universos y ella lo manda a la casa de Dioniso con la clase ya terminada. Ay no, qué roche para el Poeta.

Le dice que en sus ojos brillan universos y ella lo manda a la casa de Dioniso con la clase ya terminada. Ay no, qué roche para el Poeta.

Contenido de la publicación

El poeta y el alumno se quedan observando a la profesora Hipatia con un brillo en su mirada.

—Puedes acompañarnos si así lo deseas —dice Hipatia—. Entre mis alumnos también moran poetas y artistas; cada humano, sin importar su origen, es bienvenido.

—Agradezco su gesto de voluntad —responde el poeta—. Es una oportunidad única recibir la enseñanza de la más sabia mujer de Alejandría.

Los tres entran a la academia. La filósofa Hipatia empieza la clase con una pregunta:

—¿Cuál es el oficio del filósofo?

—Es dedicar la vida a la sabiduría como si de su amante se tratara —contesta el alumno.

En su clase, cristianos, gnósticos, judíos y musulmanes se encontraban en el aula, lo que molestó e influyó en la respuesta de más de uno.

—La sabiduría solo proviene del Creador —interviene un cristiano—. El filósofo debe pedir permiso al Creador para que lo dirija a la sabiduría; de lo contrario, solo conseguiría la soberbia.

—La belleza y el placer no buscan permiso para saberse bellos o placenteros, su sola presencia los delata; asimismo, el conocimiento se delata por sí mismo —replica el alumno.

—La boca del necio no conoce la decencia y habla solo porque tiene boca —dice el cristiano.

—Los cristianos siempre viven privados del placer al no conocer el placer de los dioses; su dios es tiránico —añade el alumno.

—¡Basta! —interrumpe Hipatia—. Se equivocan y, ante todo, los dioses no son bienvenidos en esta discusión. Si evocamos a uno, todos llegarán para reclamar su existencia. La filosofía es amor por el conocimiento; un filósofo está dedicado a casarse con la verdad. En este mundo es imposible alcanzar la verdad, ya que los placeres o los dogmas nos lo impiden; el poder utiliza los conocimientos para cortarles las alas y para que sus discursos se acomoden. Como filósofos, deben preferir la verdad sobre el engaño.

—La verdad es una espada de doble filo que hace más daño a quien la porta que a quien la oculta; por eso los filósofos mueren más seguido —comenta el poeta.

—El filósofo solo es un vehículo del conocimiento; su cuerpo puede morir, pero sus estudios permanecerán eternos —responde Hipatia—. Incluso si los demagogos los utilizan para sus propios fines, el conocimiento permanecerá intacto.

—Está intacto en un mundo casi eterno y de difícil acceso, pero para los mortales no puede ser útil o accesible; el conocimiento siempre termina por ejecutar a quien lo porta —agrega el poeta.

—Sé que muchos de los aquí presentes tienen importantes cargos políticos o es lo que buscan —dice Hipatia—. Son hijos de líderes políticos que fueron enviados a las universidades, no para convertirse en filósofos, sino en casta política; sin embargo, mi deber es enseñar el conocimiento a cada uno.

—Por eso los filósofos siempre son siervos de los políticos —afirma el alumno.

—La verdad jamás puede ser esclava de la mentira y el engaño —sentencia Hipatia—. El principio de no contradicción impide que una cosa sea dos cosas a la vez; quien use el conocimiento para engañar a los conquistados, realmente jamás usó la verdad: fue la mentira la que gobernó. Y quien use el conocimiento para perpetuar el poder y no para conocer la verdad, siempre usó la mentira; por ende, la verdad jamás puede desmentirse.

—¿De qué sirve la verdad si no te da placer ni poderío? —pregunta el alumno.

—Hay que diferenciar el vicio del placer —explica Hipatia—. El poder es el engaño del ego; el verdadero placer es vivir sabiendo.

—Ambas posturas me son necesarias —interviene el poeta—. Jamás me interesó la verdad; tanto la mentira como la verdad son parte de mi obra. En el ser humano, incluso en el más santo, mora la mentira por temor a morir; incluso usted se calla verdades en presencia de algunos. "Es sabio saber callar en el momento adecuado".

—Tienes razón —admite Hipatia—, pero al igual que tus obras, que son reinterpretadas con finales felices, ellas vuelven a la tragedia; una buena historia sobrevive por la verdad del poeta. El todo está compuesto de opuestos, de ahí que existan las paradojas. Te pido que, si te quedas más tiempo en Alejandría, visites el Ágora; por ahí también pasan los filósofos y dialogan sobre el conocimiento de otras tierras. Aunque el oficio del poeta sea la búsqueda de la belleza, no es el único que busca la verdad ni el único que la porta. Me he encontrado en el mercado a mujeres cuyo único oficio es su casa y sus hijos, y son más sabias y auténticas que muchos filósofos. Esto me recuerda que un día, caminando por el mercado, me topé con un anciano que me preguntó qué es el amor; nos quedamos largamente platicando sobre su origen y, al final, él agradeció la plática y regresó a las costas del mar Egeo.

—Ahora entiendo quién fue usted para Platón incluso antes de que naciera; usted visitó Mesopotamia —dice el poeta.

—La visité cuando abrí sus libros y traduje sus páginas, pero jamás fui a Tesalia —aclara Hipatia—. Los poetas confunden la fantasía con la verdad al vivir por la expresión de una estética parida de la imaginación; confunden la leyenda con la realidad. Ese día que abrí los libros de los sabios de Oriente, me percaté de que mis artilugios eran obsoletos en comparación con las descripciones de ellos. Cuando supe que la Tierra giraba en elipses, sentí casi como si unos dioses gemelos me otorgaran ese conocimiento; como si Venus encendiera la llama en el cielo vespertino y, en el amanecer, la estrella matutina me diera el conocimiento. Pero la verdad es que varios se me habían adelantado: Aristarco de Samos y Heraclides habían llegado a las mismas conclusiones. Las matemáticas son la única verdad inamovible; por eso, en la escuela de Pitágoras, Dios es un geómetra.

—El ser humano siempre se pierde en la búsqueda del conocimiento —reflexiona el poeta—. Termina en la balsa de Caronte o en la morada de Dioniso; difícilmente puede permanecer en la biblioteca.

Hipatia le regala un astrolabio al poeta.

—Toma este artefacto; te servirá para encontrar estrellas siempre que te pierdas.

—¿Buscador de estrellas? ¿Para qué me sirve si en tus ojos brillan universos? Bendito el hombre que mora en tu corazón —declara el poeta.

—En mi corazón solo mora un amor: este es el Sol, y una dama; esta es la sabiduría —responde Hipatia—. Las clases han terminado y aún moras en la casa de Dioniso.

—Tu presencia es la de una diosa; eres el ágape de la humanidad —concluye el poeta—. Bendita niña, casta como cazadora, buscadora de sabiduría nacida del logos de la cabeza de tu padre; te has convertido en una inmortal.

—Solo la sabiduría es inmortal —finaliza Hipatia—. Mi mente solo es un vehículo para ella.

Thoughts

  • Casilda

    Le dice que en sus ojos brillan universos y ella lo manda a la casa de Dioniso con la clase ya terminada. Ay no, qué roche para el Poeta.

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  • Ernestina

    El astrolabio que ella le regala al poeta tiene su historia, fíjese. Sinesio de Cirene, que fue alumno de Hipatia, dejó escrito que mandó hacer uno con lo que aprendió en sus clases. Así que el regalo calza con la mujer de verdad, no solo con la del relato. Yo diría que el poeta lo va a usar más de lo que cree.

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El poeta y el alumno se quedan observando a la profesora Hipatia con un brillo en su mirada.

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