Igual me quedé con una cosa dando vueltas. Decís que poder estar solo no es lo mismo que querer vivir así, y eso suena a algo que ya sabías antes de la película. ¿Cuándo lo entendiste vos?
Home Alone 2: Lost in New York — ¿Cuándo perderse deja de sentirse como libertad? Pregunta Respondida
Home Alone 2: Lost in New York repite muchas de las ideas de la primera película, pero cambia algo fundamental: Kevin ya no está solo dentro de su casa, ahora está solo en Nueva York . Y ese cambio…
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Igual me quedé con una cosa dando vueltas. Decís que poder estar solo no es lo mismo que querer vivir así, y eso suena a algo que ya sabías antes de la película. ¿Cuándo lo entendiste vos?
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Home Alone 2: Lost in New York repite muchas de las ideas de la primera película, pero cambia algo fundamental: Kevin ya no está solo dentro de su casa, ahora está solo en Nueva York. Y ese cambio de escala modifica por completo la fantasía.
En Home Alone, quedarse solo era inicialmente el sueño de Kevin. Nadie podía decirle qué hacer, podía comer lo que quisiera, mirar lo que quisiera y ocupar toda la casa como si finalmente el mundo le perteneciera. Pero poco a poco esa libertad empezaba a sentirse como soledad. En la segunda, Kevin ya sabe que puede sobrevivir solo, por eso cuando descubre que terminó en Nueva York mientras su familia viajó a Florida no entra inmediatamente en pánico. Tiene la tarjeta de crédito de su padre, algo de dinero, un bolso y una ciudad entera delante suyo.
Y ahí la película encuentra algo que para mí es imposible separar de su encanto: Nueva York está hermosa.
Chris Columbus no la filma solamente como una locación, la filma como una fantasía. Las luces, los taxis, Central Park, Fifth Avenue, las vidrieras, el Rockefeller Center, el Plaza, la nieve, las jugueterías, los edificios enormes. Todo está visto desde la perspectiva de un chico que llega por primera vez a una ciudad que parece demasiado grande como para ser real. Nueva York no se siente solamente como una ciudad: se siente como el sueño de Kevin convertido en lugar.
Tiene todo aquello que un chico podría imaginar que haría si nadie pudiera decirle que no. Puede entrar a un hotel de lujo, pedir comida a la habitación, recorrer Manhattan en limusina, comprar cosas, caminar por lugares enormes y sentirse, durante unas horas, completamente dueño de su vida. La película convierte Manhattan en una especie de parque de diversiones navideño y eso le da muchísimo encanto, porque Kevin no recorre la ciudad como un adulto sino como alguien que todavía puede maravillarse con cada esquina.
Pero debajo de toda esa belleza también hay cierta melancolía.
Cuanto más grande y espectacular se vuelve Nueva York, más pequeño parece Kevin dentro de ella. En la primera película estaba solo dentro de un mundo que conocía perfectamente. Sabía dónde estaba cada habitación, cada escalera y cada puerta. Incluso cuando tenía miedo, estaba dentro de su casa. Acá no. Acá está en una ciudad enorme, llena de gente, rodeado por millones de personas, pero sin conocer realmente a nadie.
En la primera estaba solo dentro de su mundo. En la segunda está solo dentro del mundo de todos los demás.
Y Nueva York funciona perfectamente para eso porque puede ser las dos cosas al mismo tiempo: cálida y fría, llena de gente y profundamente solitaria, luminosa y también intimidante. Durante el día Kevin parece vivir dentro de una postal navideña; de noche, especialmente en Central Park, la ciudad cambia. Esa dualidad le da mucha personalidad a la película. Nueva York puede ser el lugar más lindo del mundo y, al mismo tiempo, un lugar donde alguien puede sentirse completamente invisible.
Ahí aparece la mujer de las palomas, que para mí es el personaje que le da a Home Alone 2 algo propio y evita que sea solamente una repetición más grande de la primera.
Kevin inicialmente le tiene miedo porque la mira desde afuera, como alguien extraño y amenazante. Pero cuando se sienta con ella y hablan descubre algo mucho más triste: ella también está sola, solo que de otra manera. Kevin está perdido; ella está aislada. Kevin sabe, en el fondo, que pertenece a algún lugar. Tiene una casa, una madre que lo está buscando y una familia que, por más que lo vuelva loco, sigue siendo suya. La mujer de las palomas representa algo mucho más doloroso: La posibilidad de acostumbrarse tanto a estar solo que uno deje de intentar volver a acercarse a alguien.
Me gusta mucho esa conversación porque Kevin, desde su inocencia, termina diciendo algo bastante cierto: tener miedo de que alguien vuelva a lastimarnos no puede convertirse en una razón para no querer a nadie nunca más. Y ahí la película encuentra una idea propia.
La primera hablaba de qué pasa cuando conseguimos toda la libertad que queríamos y descubrimos que sin nadie con quien compartirla empieza a sentirse vacía. La segunda agrega algo más: Estar solo puede protegernos de muchas cosas, pero también puede impedir que alguien llegue hasta nosotros.
Nueva York vuelve a ser perfecta para esa idea. Kevin puede estar rodeado de miles de personas y seguir sintiéndose solo. Puede tener el Plaza, Central Park, la juguetería, toda Manhattan delante suyo y aun así extrañar una sola cara: la de su mamá. La cantidad de personas que tenemos alrededor no determina cuánto acompañados nos sentimos, y la película logra mostrar eso sin abandonar nunca el tono de aventura navideña.
También me gusta mucho cómo la película utiliza el Plaza. No es solamente un hotel: Es parte de la fantasía. Kevin entra siendo un chico perdido y durante un rato logra habitar un mundo adulto. Pide comida, mira películas, engaña al personal y se mueve como si todo le perteneciera. Hay algo muy infantil y muy lindo en esa idea de jugar a ser grande dentro de un lugar tan elegante. Y Macaulay Culkin sigue siendo fundamental porque consigue que Kevin nunca deje de sentirse como un chico, incluso cuando manipula adultos o parece demasiado autosuficiente. Cuando algo realmente lo asusta, vuelve a aparecer el niño debajo de toda esa seguridad.
Obviamente también están Harry y Marv, y ahí la película abandona casi cualquier pretensión de realismo para convertirse directamente en un cartoon. Las trampas son más grandes, más absurdas y muchísimo más violentas que en la primera. Ladrillos, electricidad, fuego, caídas imposibles. Ya no estamos viendo realmente dos adultos que podrían sobrevivir a esas cosas, sino algo mucho más cercano al Coyote persiguiendo al Correcaminos. Joe Pesci y Daniel Stern funcionan porque aceptan completamente ese registro y convierten sus propios cuerpos en parte del gag.
La parte de las trampas tiene menos sorpresa que en la primera porque ya sabemos exactamente qué va a ocurrir, pero la puesta sigue siendo muy divertida. Y hay una diferencia importante: Kevin ya no está defendiendo su propia casa. Esta vez decide involucrarse porque sabe que Harry y Marv planean robar una juguetería y llevarse dinero destinado a chicos. Eso muestra una pequeña evolución. En la primera película defendía lo suyo; acá elige hacer algo por otros. Podría quedarse en el hotel, comer helado y esperar a que su familia lo encuentre, pero decide salir y ayudar.
También me gusta mucho el vínculo con el dueño de la juguetería y el regalo de las palomas, porque vuelven sobre la misma idea: hay cosas que prácticamente no valen nada en términos materiales y, sin embargo, pueden significar muchísimo. Kevin tiene acceso a juguetes, dinero, una habitación espectacular y todo aquello que durante buena parte de la película representa su fantasía de independencia. Pero uno de los objetos más importantes termina siendo algo mínimo: dos pequeñas palomas, una para él y otra para ella. Porque representan algo bastante simple: una relación existe cuando algo de nosotros queda también con otra persona.
Home Alone 2 es claramente menos original que la primera. Repite estructuras, situaciones, personajes e incluso algunos chistes casi de manera consciente. Pero creo que Nueva York le da suficiente personalidad para justificar el regreso. La primera película convertía una casa en un mundo; la segunda convierte una ciudad entera en la casa de Kevin. Y en las dos termina llegando a una conclusión parecida: la libertad puede ser maravillosa durante un rato, pero pierde bastante sentido cuando no tenemos a quién volver.
Y creo que ésa es la gran diferencia entre ambas. En Home Alone, Kevin descubre que no quería estar solo. En Home Alone 2, ya sabe que puede estarlo. Lo que descubre es que poder estar solo no significa querer vivir así.
Quizás por eso Nueva York sea tan importante para la película. Kevin tiene delante suyo una ciudad inmensa, hermosa, llena de luces, hoteles, taxis, vidrieras, nieve, Central Park y posibilidades. Podría parecer que no necesita nada más. Pero incluso en el lugar más lindo del mundo, sigue faltándole alguien.
Y ahí aparece algo que me gusta mucho de Home Alone 2: a veces no importa tanto dónde estamos, sino con quién podemos volver.
Respuestas
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Respuesta aceptada
PermalinkLa mujer de las palomas es lo que me hizo pensar en la gente que uno cruza todos los días en la misma esquina y que nunca deja de ser paisaje. Kevin primero la mira mal y después se sienta al lado, y ese es todo el cambio. Apuesto a que esa escena es la que te hizo elegir esta película para la entrada de hoy.
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PermalinkIgual me quedé con una cosa dando vueltas. Decís que poder estar solo no es lo mismo que querer vivir así, y eso suena a algo que ya sabías antes de la película. ¿Cuándo lo entendiste vos?
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PermalinkKevin recorre Nueva York con la tarjeta del papá en el bolsillo, y eso aparece en el texto pero pasa de largo. La fantasía de la ciudad entera funciona porque alguien la está pagando. La mujer de las palomas vive en esa misma ciudad sin ninguna tarjeta, y por eso su soledad tiene otro nombre.
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PermalinkEstar rodeado de millones de personas y no conocer a nadie es lo más exacto del texto, chamo. Los primeros meses en una ciudad que no es tuya uno hace justo eso: camina mucho, mira vidrieras iluminadas y extraña una sola cara. Kevin tiene la tarjeta del papá y una habitación en el Plaza, y le falta exactamente lo mismo que a cualquiera que llegó hace poco.
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PermalinkA la mujer de las palomas lo que se le nota es la costumbre. Uno aguanta bastante bien estar solo; lo que cuesta después es dejar entrar a alguien otra vez, y eso se ve mucho en gente que ya lleva años así.
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PermalinkPerdido y aislada no son lo mismo y el texto lo deja dicho sin pedir permiso: uno tiene a dónde volver y la otra no. Ahí está casi todo el peso del personaje. Con eso ya no hace falta preguntar qué significa estar solo, porque quedaron separados los dos casos, y la película los pone a conversar en un banco sin explicar ninguno de los dos.
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