Herbie: Fully Loaded es una de esas películas que sabe perfectamente qué quiere ser. Es una comedia familiar sobre un Volkswagen con personalidad propia, carreras imposibles y una Lindsay Lohan que sostiene gran parte de la película con muchísimo carisma. No intenta volver a Herbie más serio de lo que es, y justamente por eso conserva bastante encanto.
Maggie Peyton creció dentro de una familia donde todo gira alrededor de las carreras, pero su padre intenta mantenerla alejada de ese mundo porque quiere protegerla. El problema es que Maggie realmente ama correr. Herbie aparece entonces casi como la parte de ella que todavía no se resignó: la empuja a volver a hacer aquello que había dejado de permitirse.
Me gusta esa idea porque Herbie no convierte a Maggie en corredora. Ella ya lo era antes de conocerlo. El auto simplemente le devuelve la posibilidad de imaginarse nuevamente en ese lugar.
Lindsay Lohan funciona muy bien en ese tono. Tiene una energía natural para la comedia física y consigue discutir con un auto, enojarse con él o reaccionar a sus celos como si Herbie fuera realmente otro personaje. Y la película entiende eso: sus faros, el motor y su manera de moverse reemplazan aquello que otro personaje expresaría con el cuerpo.
Angela Robinson además mantiene una energía bastante de cartoon. Los autos saltan, se golpean y reaccionan de maneras absurdas, pero nunca parece interesarle demasiado el realismo. Lo importante es la diversión. Matt Dillon entra perfectamente en ese registro como Trip Murphy, un tipo tan arrogante que no puede soportar que un Volkswagen viejo cuestione su superioridad.
Y ahí aparece algo interesante entre Maggie y Trip. Él corre para demostrar que es mejor que los demás. Ella corre para descubrir si todavía quiere hacerlo. Uno necesita ganar para confirmar quién cree que es; la otra necesita correr para encontrar quién quiere ser.
La relación con su padre también termina siendo más importante que cualquier carrera. Michael Keaton interpreta a alguien que claramente ama a su hija, pero confunde cuidar con decidir por ella. Y la película encuentra ahí una idea bastante simple pero efectiva: a veces proteger a alguien también puede convertirse en una manera de no dejarlo crecer.
Maggie no necesita demostrar que las carreras son seguras. No lo son. Necesita que su padre acepte que ella puede elegir una vida donde exista riesgo. Crecer también implica eso: dejar de pedir permiso para convertirse en aquello que uno quiere ser.
También me gusta que Herbie sea un auto viejo entrando en un mundo de máquinas más nuevas y rápidas. Todo indica que debería estar obsoleto, pero sigue corriendo. Y quizás parte del cariño que genera venga de ahí: no gana porque sea perfecto, sino porque todavía tiene personalidad.
La película es predecible, algunos efectos digitales envejecieron bastante y hay momentos donde Herbie se vuelve demasiado caricaturesco. Pero tampoco creo que necesite sorprender demasiado. Su fuerza está en el carisma, en la energía de las carreras y en una película que entiende que un auto saltando sobre otro todavía puede ser suficiente para generar una sonrisa.
Porque, en el fondo, Herbie: Fully Loaded habla de personajes intentando decidir quién maneja sus vidas. Maggie tiene a su padre diciéndole qué camino debería tomar. Trip necesita controlar todo aquello que amenaza su ego. Y Herbie, que literalmente es un automóvil, termina siendo el que más se resiste a que alguien decida hacia dónde tiene que ir.
Manejar también es elegir una dirección.
Y crecer muchas veces consiste justamente en eso: poner las manos en el volante y avanzar, aunque nadie pueda garantizarte cómo va a terminar el camino.