“Hola”, una palabra de cuatro letras,
tan simple, pero tan destructiva.
Tantos recuerdos y momentos
que se los lleva el viento,
viento que trae la lluvia,
lluvia que se lleva
mis lágrimas y mis anhelos.
Mis momentos y recuerdos con una
despedida tan destructiva y fea.
No fue por la discusión,
sino por la persona que la comenzó
y lo rompió sin tener en cuenta
los sentimientos de su expareja.
Pareja que siempre estuvo,
pero que se fue apagando
a medida que estaba con él.
Él, sin sentir lo mismo que ella,
mientras ella seguía haciendo
todo lo posible para que la perdonara
y para que no se rompiera.
Pero él no se daba cuenta
de que ella era frágil como un cristal,
como una porcelana recién comprada,
sin siquiera imaginar
lo fácil que podía romperse.
Ella se tiró a la pileta sin salvavidas,
se tiró de la montaña sin pensar,
sin frenos, sin saber
que iba a salir tan herida
de esa relación.
Una relación que guardó lo bueno,
pero que lo malo terminó destruyendo.
Para no sentir, para no llorar
por algo que solo ella sostenía,
y que terminó amando
más de lo que se amaba a sí misma.
Ahora que es libre,
sin preocupaciones,
solo intenta abrazarse
y amarse lo más que puede.
A todos nos encanta el amor, ¿pero qué tan lejos estamos dispuestos a llegar? En mi caso, cruzo todos los límites, al punto de perderme a mí mismo/a. ¿A alguien más le pasa?