Amanecí con los puños amarrados, y las garras afiliadas me detienen a escribirte.
Me libero y levantanto las manos hacia el viento, buscando un rayo de ideas.
Las nubes no ayudan, sus gotas impactan al concreto, pero este ni se inmuta.
La verdad hiriente, el desespero de que no sea lo que deseo, de cierto escucho lo contrario, pero yo voy encontra de eso.
La simple indiferencia, es tan evidente, la tortura se siente increíble, tanto que me duele recordarlo.
Lo que no fue, no será. Lo que no es, espero que sea. Oro por esto, ayuno por aquello, me desmayo al decir; que se haga tu voluntad.
Mientras dure el sentimiento es ganancia para mí, pero cuando llegue el fin será solo lo que queda.
Y cuando huyo de ti, la vulnerabilidad con posibilidad de herirme, la seguridad de la distancia, que bien me hace sentir.
En fin, llegó el fin. La poesía se está acabando, se ha alejado de quién la inspira, es tiempo de volver.
¿Y quién la inspira? Sino el señor.
¿Y en el quien confía? Diga yo.
El dolor se causa cuando te alejas de la verdad, pero al acercarte puedes comprenderla aún más.
Principal razón del por qué algunos escritos son desgarradores, algunos motivadores, otros románticos y otros van con pedazos del corazón, del alma y del espíritu.
Ni siquiera tendrá una conclusión, la moraleja es confiar en Él, aunque vaya encontra de mi necesidad, por eso tiemblo al decir «hágase tu voluntad».
— Jorge Guzmán