Siento que estoy mal.
El cómo actúo,
lo que pienso,
lo que digo:
es como el gatillo que dispara una nueva disputa.
Añoro un mañana distinto,
libre de mí.
Con una pesadez que me hunde,
me ahogo...
Y nadie me socorre.
Un río de lágrimas me recorre,
cubriéndome.
Sueño con el ayer y lo que fui,
con la viveza que tenía,
la felicidad ingenua
y el manto cálido que me cubría.
Sueño, al mismo tiempo, con un mañana donde cambie,
cuando ya no sea yo.
Y sé que, con el tiempo, volveré a cambiar,
añorando con firmeza
volver a brillar.