Morirse por una conversación, fallecer sin demostrar lo que sientes, escribir a duras penas, mirar a los ojos y saber que hay la mentira: eso sí es impotencia.
Leer sin comprender nada, anhelo el tacto a lo intangible; eso es no entender lo que me haces pensar, ni sentir lo que creo tocar. Tic-tac, mirar hacia la nada y decir: «¡qué bueno sería un tornado de palabras!»
Para bien, o para mal, pero para bien, es el sollozo de la palabra: la palabra dicta, el corazón obedece, para bien o para mal.
¡Impotencia, impotencia! ¡Oh, deleite! ¡Cristo, Jesús, no entiendo lo que entiendes!
Confundido y aterrado, aterrado y falleciendo, falleciendo mientras me encuentro aterrado; aterrado estoy falleciendo, muriendo, muriendo de una forma aterradora.
Inspiración que cura, inspiración sensata; el corazón didacta, la palabra se enaltece, la mirada mira, pero mi lengua no obedece.
— Jorge Guzmán