Resquebrajar el corazón a los altos mandos, a los ricos y malvados, en dos, en dos partes.
Levanten las manos al cielo y dárselo a los cuervos, que hagan su trabajo: ¡alimenten a las aves!
Ellos miran de arriba abajo; yo debajo de sus rodillas, las mías ensangrentadas. Tallar y tallar pisos, los altos chasquean los dedos, miran y ríen.
Sucio y polvoreado, me levanto y salgo.
Me sacaron al patio, como a un perro: ellos dentro, yo fuera.
Interior impecable, exterior lo opuesto.
El cielo se cayó; las gotas son chispas que impactan, y la ligera brisa me da escalofríos. Me sacaron como a un perro.
Soy un perro, con las rodillas sangrientas, con frío en los huesos y con escasez de afecto; y miro, miro al fondo de mi ser.
Miro a la naturaleza y me gustan las palomas, las golondrinas, la playa y el amor.
Las flores, los versos, la poesía y las mentiras de los libros.
Y la mujer: me gusta la mujer.
— Jorge Guzmán