Hoy te vi
y sentí miles de espinas
clavándose en mi alma,
esa que quedó destrozada
por ti.
Algo que jamás creí
que algún día pasaría,
porque yo solo esperaba verte,
quería encontrarte
todos los días.
Con la inocencia de mi adolescencia,
con el alma llena de pureza,
sin imaginar siquiera
que aquella ilusión tan sincera
terminaría destruida
de la peor manera.
Y ahora, después de todo,
¿qué queda de aquella niña
que sonreía al verte llegar?
Solo el miedo de encontrarte,
la necesidad de alejarme
y el intento de escapar
de todos los recuerdos
que todavía me hacen temblar.
Hoy te vi,
pero ya no soy la misma.
Tú sigues siendo parte de mi historia,
pero yo ya no quiero ser
prisionera de tus heridas.