Woww.. continúa la aventura.. con el creador!!! Que pasará con Gizmo???
Ese Trono
Pensamiento
Woww.. continúa la aventura.. con el creador!!! Que pasará con Gizmo???
Contenido de la publicación
Muy lejos de allí, más allá de tierras olvidadas por el tiempo y de senderos que ningún mapa se atrevía a señalar, se alzaba un castillo cuya magnificencia habría despertado la envidia de cualquier reino.
Sus torres se elevaban hacia el cielo como agujas de piedra, coronadas por estandartes que se mecían suavemente entre las nubes. Enormes murallas rodeaban sus dominios y, sobre sus antiguos muros, extraños símbolos permanecían grabados, vestigios de una lengua que el mundo había olvidado hacía incontables siglos.
Era un castillo extraordinario, digno de las leyendas más antiguas. Sin embargo, tras sus imponentes puertas se ocultaba un silencio que no parecía pertenecer a un lugar habitado.
En el corazón de aquella fortaleza se encontraba un salón inmenso, sostenido por altas columnas de mármol y adornado con relieves de estrellas, constelaciones y criaturas fantásticas. El suelo, tan pulido que reflejaba las sombras de las columnas, conducía hasta una plataforma elevada sobre la cual descansaba un trono majestuoso.
Todas las ventanas del salón permanecían cerradas, cubiertas por pesadas cortinas de terciopelo oscuro.
Todas, excepto una.
Situada justo detrás del trono, aquella única ventana permitía que los rayos del sol penetraran en la estancia. La luz se extendía por el suelo como un río dorado, formando un sendero luminoso que atravesaba la penumbra y alcanzaba los escalones de la plataforma. Pequeñas partículas de polvo flotaban en aquel resplandor, semejantes a estrellas diminutas suspendidas en un universo inmóvil.
Y sentado sobre el trono, en medio de aquella majestuosa soledad, se encontraba el Creador.
Su cuerpo lucía un magnífico azul rey, entrelazado con delicados tonos celestes que se extendían sobre su figura como una galaxia viva. En ciertas zonas, los matices se aclaraban hasta adquirir el brillo de nebulosas lejanas; en otras, el azul se profundizaba, evocando la inmensidad de un cielo nocturno. Pequeños destellos recorrían su cuerpo, apareciendo y desapareciendo como estrellas que solo él parecía llevar consigo.
Sobre su cabeza se alzaba un cuerno oscuro, teñido de un verde mar profundo, cuya superficie reflejaba destellos sutiles cuando la luz lograba alcanzarlo.
Pero eran sus alas las que verdaderamente cautivaban la mirada.
Majestuosas y extraordinariamente hermosas, se extendían a ambos lados de su cuerpo, adornadas con delicados brillos turquesa que parecían danzar sobre cada pluma. La luz acariciaba sus contornos y arrancaba de ellos destellos de una belleza casi irreal, como si hubieran sido tejidas con fragmentos del firmamento.
Había algo indescriptible en aquella figura. No era solamente su apariencia, ni la elegancia con la que ocupaba el trono. Era la sensación de estar contemplando a un ser cuya existencia precedía a muchas de las historias que el mundo consideraba antiguas.
Y, sin embargo, permanecía inmóvil.
Su mirada se perdía en algún punto indeterminado del salón, mientras la luz del sol dibujaba una silueta dorada detrás de él. Ninguna expresión permitía adivinar sus pensamientos. En medio de tanta belleza, había una quietud inquietante, como si su mente se encontrara muy lejos de aquel lugar.
Entonces, un sonido quebró el silencio.
Tac.
El eco recorrió las columnas y se perdió entre las alturas.
El Creador no se movió.
Tac.
Esta vez, el sonido pareció provenir de algún lugar situado más allá de las enormes puertas.
Las cortinas se estremecieron.
No había viento.
Por un instante, una pequeña chispa azul apareció en medio del sendero dorado. Su resplandor iluminó débilmente el suelo y proyectó una sombra fugaz sobre los escalones.
Después, desapareció.
El Creador levantó lentamente la cabeza.
Sus alas se tensaron apenas, y sus ojos se fijaron en el lugar donde había aparecido aquella luz.
Por primera vez, algo pareció alterar su imperturbable quietud.
No era sorpresa.
Era reconocimiento.
Sus dedos se cerraron lentamente sobre uno de los brazos del trono.
—Así que… ha comenzado —murmuró.
Su voz resonó en el salón vacío, grave y serena, aunque aquellas palabras parecían encerrar un significado mucho más oscuro del que revelaban.
Nadie respondió.
El Creador volvió la mirada hacia la ventana. Afuera, el sol descendía lentamente, y las últimas luces del día teñían de oro las torres del castillo antes de que la noche comenzara a reclamarlas.
Permaneció sentado, envuelto en la penumbra, mientras los destellos de su cuerpo brillaban débilmente bajo las sombras.
En algún lugar, muy lejos de aquellas murallas, algo había comenzado a despertar.
Y aunque el Creador parecía conocer el significado de aquel suceso, no hizo movimiento alguno para detenerlo.
Quizá porque había esperado demasiado tiempo.
O quizá porque, por primera vez en una eternidad, ni siquiera él sabía lo que estaba a punto de suceder.
Thoughts
-
PermalinkUno no murmura que algo ha comenzado si no lo estaba esperando hace rato. Apuesto a que fue él quien mandó a la criatura a buscar a Gizmo, y ahora le toca mirar desde lejos.
-
PermalinkTodo el castillo con cortinas de terciopelo y una sola ventana abierta. El Creador tiene la misma política de luz que mi tía con la sala buena.
-
PermalinkWoww.. continúa la aventura.. con el creador!!! Que pasará con Gizmo???
Publicaciones relacionadas
-
Los nombres tienen poder
La criatura salió lentamente de entre los arbustos.
-
QUE?!!
Gizmo permaneció inmóvil frente a la puerta.
-
El Eco de una Leyenda
Aquel cuyo nombre apenas se pronuncia y cuyo resplandor todavía puede encontrarse en el fondo de los libros antiguos era un joven pony llamado Crystal .
-
Recuerdos que no son míos
Crystal siguió caminando.
-
Un llamado diferente
Al entrar, Gizmo escuchó una voz suave.
-
Hacia donde llaman las estrellas
Gizmo siguió el sendero de flores.
-
Un nuevo amanecer
Apenas atravesaron las enormes puertas, lo dejaron dentro.
-
Lo que quedó de mí
Crystal fue arrastrado hacia el interior del agujero.
Muy lejos de allí, más allá de tierras olvidadas por el tiempo y de senderos que ningún mapa se atrevía a señalar, se alzaba un castillo cuya magnificencia habría despertado la envidia de cualquier…