A veces quiero
solo un "te quiero",
y quizás, si no lo quieres, me quiebro;
me pregunto cómo es que el sol no envidia al fuego,
si arde menos quien alumbra
que quien consume lo que alumbra por dentro.
Derritiendo mis miedos
con el aura de tus dedos,
el aroma de tu pelo,
ese cielo que me hiela
cuando el hielo de tus ojos
me calienta los recuerdos.
Los besos ardientes que son tu sello,
¿son la firma de un amor
o el amor firmando su destierro?
Aunque sé que tú y yo,
yo y tú,
tenemos el arte de disimular el miedo
con celos, pero besos;
con peros, pero puedo;
con un (vete) que se queda
y un (quédate) que se va primero.
Esos que abrigan, cuidan, calibran
mi paz mental,
ese desorden tan exacto,
ese accidente natural,
ese amor leal,
algo real,
tan lejos de lo viral
que hasta lo invisible
nos parece irreal.
Me tienes en el punto
de no sé qué decir ni decidir:
decidir ir o irme,
irme sin partir,
partir sin despedirme,
despedirme para oírte
cuando el silencio diga
lo que tu boca no se atreve a desmentirme.
Y, en fin,
es con tus ojos que me veo
sin mirarme;
con tus manos que me suelto
por tener dónde aferrarme;
con tu ausencia que me llenas
y tu presencia que me parte.
Qué paradoja:
si me faltas, me completas;
si me encuentras, me extravío;
si eres fuego, tengo frío;
si eres agua, me consumo;
si eres todo lo que busco,
¿por qué busco lo que fuimos
cuando aún somos
lo que nunca hemos sido?
Quizá el amor sea eso:
un sí que se niega,
un jamás que se demora,
un reloj que marca el tiempo
pero no sabe qué hora
es la correcta para amarnos
sin tener que desarmarnos.
Y yo,
que tanto quiero entenderte,
he terminado por perderme
en el idioma de tus labios;
porque dices con abrazos
lo que callas con palabras,
y callas con los ojos
lo que tus abrazos declaran.
Dime,
¿cómo se le llama al miedo
cuando tiene tu apellido?
¿Y cómo se llama al olvido
cuando todavía te recuerda?
No sé.
Solo sé que a veces quiero
solo un "te quiero",
y quizás, si no lo escucho, me quiebro.
Pero hay algo que no entiendo:
si quererte es encontrarme,
¿por qué cada vez que te encuentro
hay un poco menos de mí
y un poco más de lo que pierdo?
O quizá no te pierdo.
Quizá me pierdo
en la forma en que te encuentro.
Y quizá ese sea el secreto:
no saber si esto es amor,
si es temor,
si es el temor de que el amor
deje de ser amor
cuando dejamos de temer perderlo.
Diego Yucra