Un silencio tranquilizador,
extraña nostalgia,
un momento de reflexión adictivo,
donde no hay palabras desperdiciadas.
El momento de soledad
que se necesita para seguir.
En el fondo, todos dicen
que es malo estar solo,
y yo acá,
tomando lo que es mío,
dándome mi tiempo.
Cuando no hago nada,
puedo hacer todo si quiero,
y decido qué es preciso.
Las decisiones se pueden tomar mejor así,
en la nada,
donde solo lo esencial
prevalece y resalta.