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El zombie que no parece zombie

kary
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Capítulo 1: El chico nuevo

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Pensamiento

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GasparLeon

El muchacho de la primera fila pregunta de dónde viene, acepta un bastante lejos y deja de preguntar. Así funciona un salón, se pregunta una vez y nadie insiste. Me quedo con que Kai cuenta el interrogatorio como quien cuenta un obstáculo, uno superado y

El muchacho de la primera fila pregunta de dónde viene, acepta un bastante lejos y deja de preguntar. Así funciona un salón, se pregunta una vez y nadie insiste. Me quedo con que Kai cuenta el interrogatorio como quien cuenta un obstáculo, uno superado y a esperar el que venga.

Contenido de la publicación

  • Capítulo 1: El chico nuevo

El timbre sonó justo cuando un auto se detuvo frente a la entrada de la escuela.

Kai Susuki bajó del vehículo con su mochila sobre un hombro. Era alto para tener diecisiete años, tenía el cabello rubio y un rostro bastante serio. A simple vista, parecía un estudiante completamente normal.

Bueno… casi.

Antes de bajar, Kai sacó un pequeño espejo de su bolsillo y se miró por última vez.

—¿Todo bien? —se preguntó así mismo

Kai revisó su cara.

El maquillaje cubría perfectamente el tono grisáceo de su piel. No quedaba ninguna parte visible que pudiera delatarlo.

—Sí.

Guardó el espejo.

Bajó del auto.

Caminar entre tantos estudiantes le resultaba extraño. Había pasado mucho tiempo estudiando en lugares donde nadie hacía demasiadas preguntas sobre él.

Esta escuela era diferente.

Había demasiada gente.

Demasiados ojos.

Y, sobre todo, demasiadas posibilidades de que alguien descubriera su secreto.

Kai respiró profundamente y entró.

Mientras caminaba por el pasillo, una chica chocó accidentalmente contra él.

—¡Perdón!

—No pasa nada —respondió Kai.

La chica sonrió y siguió caminando.

Kai continuó hasta encontrar su salón.

Entró.

Varias personas lo miraron inmediatamente.

—Debe ser el alumno nuevo —susurró alguien.

Kai ignoró los comentarios y se sentó en el último banco.

Intentó relajarse.

Solo tengo que parecer normal.

La profesora entró unos minutos después.

—Buenos días. Antes de comenzar, tenemos un nuevo estudiante.

Todos miraron hacia Kai.

—¿Podrías presentarte?

Kai se levantó lentamente.

—Soy Kai Susuki. Tengo diecisiete años. Espero llevarme bien con todos.

Se sentó.

Por unos segundos nadie dijo nada.

Entonces un chico de la primera fila levantó la mano.

—¿De dónde venís?

Kai se quedó quieto.

—De… bastante lejos.

—¿Y por qué te cambiaste de escuela?

Kai tragó saliva.

—Problemas familiares.

El chico aceptó la respuesta y dejó de preguntar.

Kai soltó un pequeño suspiro de alivio.

Bien. Primer interrogatorio superado.

Pero justo cuando pensaba que todo estaba bajo control, escuchó un sonido proveniente del pupitre de atrás.

GRRRR…

Kai se congeló.

Varias personas se dieron vuelta.

—¿Fue tu estómago? —preguntó una chica.

Kai miró hacia abajo.

Su estómago volvió a rugir.

GRRRR…

—Sí —respondió rápidamente.

La chica se rió.

—¡Tenés hambre!

Kai sonrió incómodamente.

—Un poco.

Pero la verdad era otra.

No tenía hambre de comida normal.

Y si no encontraba algo para comer pronto, mantener su secreto iba a ser mucho más difícil.

Kai miró por la ventana.

En el patio, algunos estudiantes estaban comiendo sus almuerzos.

Él apartó la mirada.

Solo necesito aguantar hasta el recreo.

Y esperaba que nadie notara que sus ojos se habían quedado demasiado tiempo mirando la comida.

Especialmente la carne.

  • Capítulo 2: La chica del cuerno

El segundo día de clases comenzó con algo inesperado.

Kai estaba sentado en su banco, mirando por la ventana mientras intentaba recordar dónde había dejado su lápiz.

Lo buscó en la mochila.

Nada.

Revisó debajo del banco.

Nada.

Finalmente descubrió que lo tenía en la mano.

—...

Kai miró el lápiz.

—Qué torpe soy.

En ese momento, la puerta del salón se abrió.

Una chica entró acompañada por la profesora.

Tenía dieciséis años y el cabello dividido en dos colores: amarillo y verde claro. Sobre su cabeza llevaba una vincha que cubría cuidadosamente un pequeño cuerno.

—Ella es Hikari Koto —anunció la profesora—. También es nueva en la escuela.

Hikari sonrió alegremente.

—¡Mucho gusto!

Después de presentarse, caminó hasta su asiento.

Pero cuando pasó junto a Kai, se detuvo.

Lo observó durante unos segundos.

—Vos sos raro.

Kai levantó lentamente la mirada.

—¿Qué?

—No sé. Hay algo extraño en vos.

—No hay nada extraño.

Hikari sonrió.

—Sí hay.

Kai decidió ignorarla.

Durante la clase, Hikari no dejó de mirarlo.

Al terminar, se acercó inmediatamente.

—¿Sos un experimento?

Kai se quedó helado.

—¿De qué hablás?

—Tu piel.

Hikari señaló discretamente su rostro.

—El maquillaje no oculta todo.

Kai tocó su mejilla.

Su expresión cambió.

—No le digas a nadie.

Hikari sonrió.

—Entonces sí sos un experimento.

—No respondí eso.

—Pero tampoco dijiste que no.

Kai suspiró.

—¿Vos también sos un experimento?

Hikari se quedó callada.

Luego se quitó un poco la vincha y mostró su único cuerno.

Kai abrió los ojos.

—¿Qué...?

Hikari puso una sonrisa inocente.

—Soy un unicornio.

Kai la miró fijamente.

—¿Qué?

Hikari aguantó la risa durante unos segundos.

Finalmente no pudo más y comenzó a reírse.

—¡JAJAJA! ¡Es mentira! Soy un demonio.

Kai se quedó mirándola con una expresión completamente seria.

—Eso no tiene gracia.

—¡Sí tiene!

Hikari volvió a cubrir su cuerno.

—Experimentaron conmigo cuando tenía dos años.

Kai bajó la mirada.

—A mí cuando tenía tres.

Por primera vez, Hikari dejó de reír.

—Entonces somos parecidos.

—Supongo.

Hikari recuperó su sonrisa.

—¡Tenemos que ser amigos!

Kai la miró.

—No.

—¿Por qué?

—Porque sos molesta.

—¡Entonces definitivamente vamos a ser amigos!

—Eso no tiene sentido.

—Para mí sí.

Desde ese día, Hikari empezó a seguir a Kai a todas partes.

Kai no sabía cómo deshacerse de ella.

Y aunque jamás lo admitiría, tener a alguien que entendiera su secreto hacía que se sintiera un poco menos solo.

Hikari, por su parte, estaba encantada.

Había encontrado un nuevo amigo.

Aunque él todavía no quisiera admitirlo.

  • Capítulo 3: No hagas eso, Hikari

El tercer día de clases comenzó con algo que Kai ya empezaba a considerar un problema.

—¡Kai!

Kai siguió caminando por el pasillo.

—¡Kaiii!

Aceleró el paso.

—¡Esperame!

Kai suspiró.

Hikari corrió hasta alcanzarlo y se puso a caminar a su lado.

—Buenos días.

—Buenos días.

—¿Dormiste bien?

—Sí.

—¿Qué soñaste?

—Nada.

—¿Qué desayunaste?

—Nada.

Hikari se detuvo.

—¿Nada?

Kai continuó caminando.

—No tenía hambre.

—Pero ayer tampoco comiste casi nada.

—No me gusta la comida de la cafetería.

—¿Y qué te gusta comer?

Kai se quedó en silencio.

—Carne.

Hikari abrió los ojos.

—¿Carne?

—Sí.

—¿Qué clase de carne?

Kai dudó.

—De animales.

Hikari sonrió.

—¡Ahhh! Entonces nuestro zombie es vegetariano al revés.

Kai se detuvo y la miró seriamente.

—No soy vegetariano.

—Ya sé.

—Y no soy un zombie normal.

—Eso también lo sé.

Hikari comenzó a reírse.

Kai volvió a caminar.

—Sos insoportable.

—¡Gracias!

—No era un cumplido.

—Lo voy a tomar como uno.

---

Durante el recreo, Hikari se sentó junto a Kai sin pedir permiso.

Kai estaba comiendo un pequeño sándwich que había traído de su casa.

Hikari lo miró fijamente.

—¿Qué tiene?

—Carne.

—¿De qué?

—Pollo.

Hikari acercó la cara para observarlo.

—¿Puedo probar?

Kai alejó el sándwich.

—No.

—¿Por qué?

—Porque es mío.

Hikari infló las mejillas.

—Qué egoísta.

—Vos tenés tu propio almuerzo.

—Pero el tuyo parece más rico.

Kai siguió comiendo mientras Hikari lo observaba.

Después de unos segundos, ella sonrió.

—Kai.

—¿Qué?

—Tengo una pregunta.

—¿Otra?

—Sí.

—No.

—Todavía no te la hice.

—Ya sé cómo sos.

Hikari se rio.

—¿Alguna vez te da hambre de carne humana?

Kai dejó de comer.

—...

Hikari notó su expresión.

—Perdón. Fue una pregunta demasiado personal.

Kai bajó la mirada.

—A veces.

Hikari se quedó callada.

—Pero intento no hacerlo.

—¿Por qué?

—Porque no quiero lastimar a nadie.

Hikari sonrió suavemente.

—Eso te hace diferente.

Kai la miró.

—¿Diferente de qué?

—De lo que esperaba.

Antes de que Kai pudiera responder, escucharon una voz.

—¡Hikari!

Un compañero se acercó corriendo.

—¿Qué es eso que llevás en la cabeza?

Hikari tocó inmediatamente su vincha.

—¿Esto?

—Sí. Parece un cuerno.

—Es una vincha.

El chico sonrió.

—Dejame verla.

—No.

—Vamos, solo un segundo.

El chico extendió la mano hacia la vincha.

Hikari retrocedió rápidamente.

—¡No la toques!

Su tono había cambiado.

Kai lo notó.

El chico se sorprendió.

—Está bien, tranquila.

Hikari recuperó su sonrisa.

—Perdón. Es que me gusta mucho esta vincha.

El chico se encogió de hombros y se fue.

Hikari soltó el aire.

Kai la miró.

—Casi te descubre.

—Lo sé.

—Deberías tener más cuidado.

—Mirá quién habla.

Kai frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

—Vos necesitás maquillaje para ocultar tu piel.

Kai se quedó callado.

Hikari sonrió.

—Estamos bastante parejos.

---

Después de clases, los dos caminaron juntos por un pasillo casi vacío.

Hikari estaba extrañamente tranquila.

—Kai.

—¿Qué?

—¿Recordás algo de cuando eras pequeño?

Kai dejó de caminar.

—Muy poco.

—¿Qué recordás?

Kai miró por una ventana.

—Una mujer.

Hikari esperó.

—Creo que era mi madre.

—¿Creés?

—No estoy seguro.

Kai cerró los ojos.

Había una imagen que aparecía algunas noches en sus sueños.

Una mujer abrazándolo.

Una voz diciéndole algo que nunca conseguía recordar completamente.

Y después...

Nada.

—Tenía tres años —dijo Kai—. Después de eso, todo está borroso.

Hikari bajó la mirada.

—Yo también tengo recuerdos.

Kai la miró.

—¿De tu familia?

—No exactamente.

Hikari se tocó la cabeza.

—Recuerdo un lugar.

—¿El laboratorio?

—Creo que sí.

Kai se acercó.

—¿Qué recordás?

—Una habitación blanca. Luces muy fuertes. Personas con batas.

Hikari hizo una pausa.

—Y un símbolo.

Kai sintió algo extraño.

—¿Cómo era?

Hikari dibujó con el dedo sobre el aire.

—Era algo parecido a esto.

Kai observó el símbolo.

Su expresión cambió.

—Yo lo vi.

Hikari abrió los ojos.

—¿Dónde?

—En uno de mis recuerdos.

Los dos se quedaron en silencio.

Por primera vez, ninguno estaba bromeando.

—Entonces... —murmuró Hikari— quizás nuestros experimentos fueron en el mismo lugar.

Kai asintió lentamente.

—Puede ser.

Hikari sonrió de repente.

—¡Entonces tenemos que investigar!

—No.

—¿Por qué?

—Porque es peligroso.

—Precisamente por eso.

—Hikari...

—Vamos, Kai. ¡Podemos descubrir qué nos pasó!

Kai suspiró.

—Yo nunca dije que quería investigar.

Hikari comenzó a caminar hacia la salida.

—No importa. Ya somos amigos.

Kai la siguió lentamente.

—Yo todavía no acepté eso.

Hikari se dio vuelta caminando de espaldas.

—Pero yo sí.

Kai negó con la cabeza.

—Me arrepiento de haberte contado mi secreto.

Hikari sonrió.

—Demasiado tarde.

Y mientras los dos se alejaban de la escuela, ninguno notó que, en una de las ventanas del edificio, alguien los estaba observando.

Una persona sostenía una carpeta vieja.

En la portada había un símbolo.

El mismo símbolo que Hikari y Kai acababan de recordar.

  • Capítulo 4: El símbolo

Al día siguiente, Hikari llegó a la escuela con una expresión demasiado emocionada.

Kai lo notó apenas la vio.

—No.

Hikari parpadeó.

—¿No qué?

—No sé qué estás planeando, pero no.

—¡Ni siquiera dije nada!

—Te conozco desde hace tres días.

—Y ya me conocés muy bien.

Kai suspiró.

—¿Qué querés?

Hikari sacó una hoja doblada de su mochila.

—Investigar.

—No.

—Encontré información sobre el símbolo.

Kai se quedó quieto.

—¿Dónde?

—En la biblioteca.

—¿Y qué encontraste?

Hikari sonrió.

—Eso tenemos que averiguarlo juntos.

---

Después de clases, ambos fueron a la biblioteca.

Hikari caminaba entre los estantes mientras Kai revisaba algunos libros.

—¿Estás segura de que esto va a servir?

—Completamente.

—Eso dijiste ayer.

—Y ayer teníamos razón.

—No encontramos nada ayer.

—Pero hoy sí.

Kai la miró.

—¿Cómo estás tan segura?

Hikari levantó un libro viejo.

—Porque encontré esto.

El libro tenía la cubierta gastada y estaba lleno de polvo.

Hikari lo abrió.

Pasó varias páginas hasta detenerse.

—¡Mirá!

Kai se acercó.

En una de las páginas había un dibujo.

Era el mismo símbolo que ambos habían visto en sus recuerdos.

Debajo aparecía una pequeña referencia.

Proyecto S-17.

Kai sintió un escalofrío.

—¿Qué significa S-17?

—No lo sé.

Hikari pasó la página.

Había un texto que hablaba de un antiguo centro de investigación que había cerrado muchos años atrás.

Kai leyó la fecha.

Era aproximadamente la época en la que él había sido sometido al experimento.

—Hikari...

Ella dejó de sonreír.

—Lo sé.

Los dos se miraron.

—Podría ser el mismo lugar —dijo Kai.

—Tenemos que seguir buscando.

---

Hikari siguió pasando las páginas.

De repente se quedó completamente quieta.

—Kai...

—¿Qué?

—Creo que recuerdo algo.

Hikari cerró los ojos.

Por un instante, la biblioteca desapareció.

Volvió a ver una habitación blanca.

Luces brillantes.

Personas con batas.

Y una voz.

—El sujeto D-07 está listo.

Hikari abrió los ojos rápidamente.

Respiraba con dificultad.

Kai la sujetó del brazo.

—¿Estás bien?

—Sí.

—¿Qué recordaste?

Hikari lo miró.

—Me llamaban D-07.

Kai sintió un nudo en el estómago.

—Yo también recuerdo que me llamaban de una forma parecida.

—¿Cuál?

Kai cerró los ojos.

Una imagen apareció en su mente.

Una habitación.

Una camilla.

Una voz.

—El sujeto K-03 está listo.

Kai abrió los ojos.

—K-03.

Hikari se quedó mirando.

—Entonces sí estuvimos en el mismo proyecto.

Ninguno de los dos habló durante unos segundos.

---

Hikari siguió buscando información.

Entonces encontró una fotografía vieja.

—¡Mirá este tipo!

Kai se acercó.

En la fotografía aparecía un hombre con bata blanca, parado frente al símbolo.

Hikari lo señaló.

—Tiene cara de malo.

Kai la miró.

—Eso no demuestra nada.

—Mirá sus ojos.

—Hikari...

—Definitivamente es sospechoso.

—No podemos acusarlo porque tenga cara de malo.

—Pero mirá esa cara.

Kai suspiró.

—No voy a discutir esto.

Hikari se rio.

Pero entonces escucharon un ruido.

Toc.

Los dos se quedaron quietos.

Alguien había entrado en la biblioteca.

—¿Escuchaste eso? —susurró Hikari.

Kai asintió.

Rápidamente cerraron el libro.

Hikari escondió la fotografía.

Kai guardó la hoja dentro de su mochila.

Unos segundos después, alguien apareció entre los estantes.

Era uno de los profesores.

El hombre caminó tranquilamente hasta ellos.

—¿Qué hacen aquí?

—Estudiando —respondió Hikari inmediatamente.

Kai la miró.

—Sí. Estudiando.

El profesor observó la mesa.

Sus ojos se detuvieron en el libro.

Su expresión cambió.

—¿Dónde encontraron esto?

Hikari dejó de sonreír.

Kai respondió:

—Estaba en uno de los estantes.

El profesor tomó el libro.

Miró el símbolo de la portada.

Por un momento parecía preocupado.

—No deberían estar investigando ese símbolo.

Kai sintió un escalofrío.

—¿Por qué?

El profesor cerró el libro.

—Porque hay cosas que es mejor no recordar.

Hikari lo observó atentamente.

—¿Usted sabe qué significa?

El profesor no respondió.

Simplemente dejó el libro sobre la mesa y se alejó.

Kai y Hikari esperaron hasta que desapareció del pasillo.

Hikari susurró:

—Definitivamente sabe algo.

Kai miró hacia la puerta.

—Sí.

Hikari sonrió.

—Entonces tenemos que averiguar qué.

Kai suspiró.

—Esto se está volviendo demasiado peligroso.

Hikari se encogió de hombros.

—¿Desde cuándo eso me detiene?

Kai la miró seriamente.

—Ese es exactamente el problema.

Mientras tanto, lejos de ellos, el profesor entró en una habitación vacía.

Sacó su teléfono y marcó un número.

—Los encontré.

Hizo una pausa.

—Sí. Los dos.

Miró el símbolo que todavía estaba grabado en la portada del libro.

—Los sujetos K-03 y D-07 están juntos.

Y entonces colgó.

  • Capítulo 5: El tercer sujeto

Al día siguiente de lo ocurrido en la biblioteca, Kai no podía dejar de pensar en una cosa.

El profesor.

Más exactamente, en lo que había dicho.

“Hay cosas que es mejor no recordar.”

Kai caminaba por el pasillo con las manos en los bolsillos, tratando de actuar como si nada.

A su lado, Hikari caminaba tranquilamente mientras comía un caramelo.

—Kai.

—¿Qué?

—Tenemos que investigar al profesor Sato.

Kai suspiró.

—Sabía que ibas a decir eso.

—¡Obviamente! 😁

—Hikari, ese profesor sabe quiénes somos.

—¡Exacto!

—Eso no es algo bueno.

—¡Por eso tenemos que descubrir qué sabe!

Kai se quedó callado.

Aunque no quería admitirlo, Hikari tenía razón.

—Está bien —dijo finalmente—. Pero esta vez no hagas nada extraño.

Hikari lo miró con una sonrisa.

—¿Qué cuenta como extraño?

—Todo lo que haces.

—¡Qué malo! :(

---

Durante la primera clase, el profesor Akira Sato entró al salón.

Kai inmediatamente sintió algo extraño.

Sato caminó frente a los estudiantes y comenzó a escribir en la pizarra.

“Experimentos biológicos.”

Kai se quedó completamente quieto.

Hikari también dejó de sonreír.

—Hoy hablaremos sobre algunos experimentos científicos realizados hace varios años —dijo Sato.

Kai sintió un escalofrío.

—Algunos experimentos tenían como objetivo modificar las características físicas de ciertos organismos.

Hikari miró a Kai.

Kai miró a Hikari.

Sato continuó:

—Sin embargo, algunos proyectos fueron cancelados antes de completarse.

Kai apretó los puños debajo de la mesa.

Proyecto S-17.

No había dicho el nombre.

Pero Kai estaba casi seguro de que hablaba de eso.

Entonces Sato levantó la mirada.

Sus ojos se encontraron directamente con los de Kai.

Después miró a Hikari.

Y sonrió ligeramente.

Kai sintió un nudo en el estómago.

---

Cuando sonó el timbre, Hikari salió rápidamente del salón.

—¡Síguelo!

—¿A dónde?

—¡Al profesor!

Kai la miró con resignación.

—Sabía que esto iba a pasar.

Los dos siguieron a Sato por los pasillos.

El profesor bajó unas escaleras que normalmente estaban cerradas para los estudiantes.

Hikari se escondió detrás de una pared.

Kai se agachó junto a ella.

—Esto parece una pésima idea.

—Todas mis mejores ideas parecen pésimas al principio.

—Eso no me tranquiliza.

Sato sacó una llave y abrió una puerta vieja.

Entró.

La puerta quedó entreabierta.

Hikari sonrió.

—Vamos.

—No.

—Vamos.

—Hikari...

—Vamos. 😁

Kai suspiró.

—Está bien.

Entraron.

---

La habitación estaba llena de cajas y documentos antiguos.

Había carpetas por todas partes.

En una pared estaba dibujado el mismo símbolo que habían encontrado en la biblioteca.

Hikari se acercó.

—Es el mismo...

Kai comenzó a revisar algunas carpetas.

De repente encontró una que decía:

K-03

Se quedó congelado.

—Hikari...

Ella se acercó.

Kai abrió la carpeta.

En la primera página aparecía una fotografía de un niño pequeño.

Debajo estaba escrito:

K-03 — Kai Susuki

Edad al iniciar el experimento: 3 años.

Kai sintió que el corazón se le detenía.

—Ese soy yo...

Hikari se quedó mirando el documento.

—Kai...

Él pasó la página.

Había información sobre el experimento, pero varias partes estaban tachadas.

—No puedo leerlo...

Hikari tomó otra carpeta.

D-07 — Hikari Koto

Sus ojos se abrieron.

—¡Soy yo!

La abrió rápidamente.

También había una fotografía de ella cuando era pequeña.

Edad al iniciar el experimento: 2 años.

Hikari dejó de sonreír.

Por primera vez, parecía realmente asustada.

—Entonces era verdad...

Kai colocó las dos carpetas sobre la mesa.

—Los dos estuvimos aquí.

Pero entonces Hikari vio otra carpeta.

Estaba ligeramente escondida debajo de las demás.

—Kai...

—¿Qué?

—Hay una tercera.

Kai se acercó.

La carpeta tenía una etiqueta diferente.

K-01 — Kaito Kurosawa

Los dos se miraron.

—¿Kaito? —preguntó Hikari.

Kai abrió la carpeta.

La primera fotografía mostraba a un niño pequeño.

Parecía humano.

Pero había algo extraño en sus ojos.

Debajo de la fotografía decía:

K-01 — Kaito Kurosawa

Edad al iniciar el experimento: 4 años.

Hikari leyó el resto.

—“Modificación genética experimental... características combinadas de arácnido y cefalópodo...” D:

Kai frunció el ceño.

—¿Araña y pulpo?

Hikari parpadeó.

—Eso es... bastante raro.

Kai siguió leyendo.

—“El sujeto conserva apariencia humana.”

Hikari abrió mucho los ojos.

—Entonces...

—Sí.

Kai miró la fotografía.

—Hay otro.

---

Una voz detrás de ellos

De repente escucharon un ruido.

Toc.

Los dos se congelaron.

Toc. Toc.

Hikari lentamente levantó la cabeza.

—Kai...

—Lo escuché.

Una sombra apareció detrás de ellos.

Y una voz dijo:

—¿Buscando mi expediente?

Hikari dio un salto.

—¡AAAAAH!

Kai se giró rápidamente.

Un chico alto estaba apoyado contra la puerta.

Tenía 18 años y llevaba el uniforme de la escuela, aunque su corbata estaba completamente desordenada.

Tenía una sonrisa burlona.

—Qué curiosos son ustedes.

Kai lo miró fijamente.

—¿Quién eres?

El chico señaló la carpeta.

—Ya lo sabes.

Hikari miró nuevamente el documento.

K-01 — Kaito Kurosawa.

Kaito sonrió.

—Aunque prefiero que me llamen Kaito.

Hikari lo observó con curiosidad.

—¿Tú eres el experimento de araña y pulpo?

Kaito levantó una ceja.

—¿Así me describieron?

—Sí.

—Qué poco creativos.

Hikari se acercó emocionada.

—¡Entonces también eres un experimento!

Kaito la miró.

—¿Y tú eres...?

—D-07.

Kaito dejó de sonreír por un instante.

Después miró a Kai.

—Y tú eres K-03.

Kai asintió lentamente.

—¿Cómo sabes nuestros códigos?

Kaito soltó una pequeña risa.

—Porque yo estaba aquí antes que ustedes.

Hikari abrió los ojos.

—¿Recuerdas el laboratorio?

Kaito guardó silencio.

Por primera vez, su expresión se volvió seria.

—Recuerdo suficiente.

Kai quiso preguntarle más.

Pero antes de que pudiera hacerlo...

Se escucharon pasos en el pasillo.

Kaito miró hacia la puerta.

—Tenemos un problema.

—¿Qué problema? —preguntó Hikari.

Kaito sonrió.

—El profesor Sato.

Kai se puso pálido.

—Estamos en problemas.

La puerta comenzó a abrirse.

Y los tres se quedaron mirando hacia ella.

  • Capítulo 6: El chico que recuerda

La puerta de la habitación comenzó a abrirse lentamente.

Kai miró hacia la entrada.

Hikari se quedó completamente quieta.

Kaito, en cambio, seguía apoyado contra la pared como si nada estuviera pasando.

—Es el profesor Sato —susurró Kai.

—Ya me di cuenta —respondió Kaito.

—¡¿Y por qué estás tan tranquilo?! —preguntó Hikari.

Kaito la miró.

—Porque entrar en pánico no sirve de mucho.

—¡Eso lo dices porque tú eres el que sabe escapar! ༎ຶ⁠‿⁠༎ຶ

La puerta terminó de abrirse.

El profesor Sato apareció frente a ellos.

Su mirada pasó por Kai, luego por Hikari y finalmente por Kaito.

Después miró las carpetas que estaban sobre la mesa.

—Así que encontraron los archivos.

Kai tragó saliva.

—Profesor...

—No deberían estar aquí.

Hikari levantó una mano.

—En nuestra defensa...

Kai la miró.

—No tenemos defensa.

—Ah.

Hikari bajó la mano.

—Cierto.

Kaito soltó una pequeña risa.

Sato lo miró fijamente.

—Tú...

La sonrisa de Kaito desapareció.

—¿Qué?

—Sigues igual.

Kaito entrecerró los ojos.

—¿Me conocías?

Sato no respondió.

Kaito dio un paso hacia él.

—Te hice una pregunta.

—Kaito —dijo Kai—, espera.

Pero Kaito no hizo caso.

—¿Todavía trabajas para ellos?

El rostro de Sato cambió ligeramente.

Hikari abrió los ojos.

Kai también lo notó.

—¿Para quiénes? —preguntó.

Kaito no respondió.

Sato dio un paso hacia la mesa.

—Entréguenme los documentos.

—No —dijo Kaito.

Sato lo miró.

—Kaito.

—¿Qué pasa? ¿Te molesta que recuerde?

Por primera vez, Sato parecía preocupado.

---

La huida

Sato intentó tomar la carpeta de Kaito.

Pero Kaito reaccionó rápidamente.

De su mano salió un hilo fino y pegajoso que se adhirió a la carpeta.

—¡¿Qué haces?! —gritó Hikari.

—Improvisando.

Kaito tiró del hilo.

La carpeta salió volando directamente hacia él.

—¡Corre! —gritó Kaito.

—¡¿Qué?!

—¡QUE CORRAS!

Los tres salieron disparados de la habitación.

—¡Vuelvan aquí! —gritó Sato.

Hikari corría detrás de Kaito.

—¡¿Siempre eres así?!

—¿Así cómo?

—¡Así de loco!

—Sí.

Kai corría detrás de ellos.

—¡Dejen de hablar y corran!

Los tres doblaron por un pasillo.

Kaito abrió una puerta que parecía llevar a un almacén.

—Por aquí.

—¿Cómo sabes dónde estamos? —preguntó Kai.

—Porque ya estuve aquí.

Kai se quedó mirando.

—¿Cuándo?

Kaito no respondió.

---

Después de varios minutos, los tres llegaron a una habitación vacía.

Kaito cerró la puerta.

Hikari respiró profundamente.

—Eso fue...

—Divertido —dijo Kaito.

Kai lo miró.

—No.

—Un poco.

—No.

Hikari levantó la mano.

—Yo digo que sí. : )

Kai suspiró.

—Ustedes dos van a acabar conmigo.

Kaito se sentó en el suelo.

Dejó la carpeta delante de él.

La observó durante unos segundos.

—Quieren saber qué recuerdo, ¿verdad?

Kai y Hikari se quedaron callados.

Kaito bajó la mirada.

—Cuando tenía cuatro años...

Su voz cambió.

Ya no sonaba burlona.

—Me llevaron a un laboratorio.

Hikari se sentó frente a él.

—¿Qué recuerdas?

Kaito cerró los ojos.

—Una habitación blanca.

—Yo también recuerdo eso —dijo Hikari.

Kaito asintió.

—Había científicos. Máquinas. Luces muy fuertes.

Kai sintió un escalofrío.

—¿Y después?

—Me hicieron pruebas.

Kaito miró sus manos.

—Después de eso... empecé a cambiar.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Supongo que de ahí salió lo de la araña y el pulpo.

Hikari intentó sonreír.

—Bueno... al menos tienes habilidades geniales.

Kaito la miró.

—No siempre pensé que fueran geniales.

Hikari dejó de sonreír.

Kaito continuó:

—Cuando era pequeño, no entendía qué me estaban haciendo. Solo sabía que tenía miedo.

Kai bajó la mirada.

Él entendía perfectamente esa sensación.

—Pero hay algo que recuerdo mejor que todo lo demás.

Kaito levantó la cabeza.

—Había otros niños.

Kai se quedó inmóvil.

—¿Otros niños?

—Sí.

Kaito cerró los ojos.

Intentó recordar.

Una habitación.

Una camilla.

Luces blancas.

Personas con batas.

Y dos pequeños niños al otro lado del cristal.

Kaito abrió los ojos de golpe.

—Uno tenía unos tres años.

Kai dejó de respirar por un instante.

—¿Tres...?

Kaito lo miró.

—Sí.

Kai sintió que algo dentro de él encajaba.

—Era yo.

Hikari abrió los ojos.

—Entonces tú estabas allí cuando Kai...

Kaito asintió lentamente.

—Y había otra niña.

Hikari se quedó completamente quieta.

—¿Dos años?

Kaito la miró.

—Sí.

Hikari se llevó una mano al pecho.

—Era yo...

Los tres permanecieron en silencio.

Ya no había dudas.

K-01, K-03 y D-07 estuvieron en el mismo laboratorio.

Pero Kaito parecía preocupado.

—Hay algo más.

Kai levantó la cabeza.

—¿Qué?

Kaito apretó los puños.

—Recuerdo una voz.

—¿Qué decía? —preguntó Hikari.

Kaito cerró los ojos.

La voz volvió a aparecer en su memoria.

Fría.

Lejana.

Como si viniera de un altavoz.

“Los sujetos K-01, K-03 y D-07 serán necesarios para la siguiente fase.”

Kaito abrió los ojos.

—Eso fue lo que dijeron.

Kai se quedó pálido.

—¿La siguiente fase?

Hikari miró a los dos.

—Entonces...

Kaito terminó la frase:

—No nos experimentaron por separado.

Los tres se miraron.

—Éramos parte del mismo proyecto.

---

Kai tomó la carpeta.

—Tenemos que descubrir qué era esa “siguiente fase”.

Kaito se levantó.

—Puedo llevarlos.

Hikari parpadeó.

—¿A dónde?

—Al laboratorio.

Kai abrió mucho los ojos.

—¿Recuerdas dónde está?

—Sí.

—¿Dónde?

Kaito miró por la ventana.

A lo lejos se veía la ciudad.

—Está fuera de la ciudad. En un bosque.

Hikari abrió los ojos.

—¿¡En un bosque!?

Kaito asintió.

—Está bastante lejos. El camino es largo.

Kai cruzó los brazos.

—Entonces no podemos ir ahora.

—Exacto —dijo Kaito.

Hikari hizo una pequeña mueca.

—¿Tenemos que esperar?

—Hasta mañana —respondió Kai.

Kaito se encogió de hombros.

—Después de la escuela podemos ir.

Hikari sonrió.

—¡Entonces mañana tenemos una aventura! : )🌲

—No es una aventura —dijo Kai—. Vamos a investigar un laboratorio abandonado.

—Eso suena exactamente como una aventura.

Kaito soltó una carcajada.

—Me agrada esta chica.

Kai suspiró.

—Genial. Ahora son dos.

Hikari y Kaito chocaron las manos.

—¡Equipo caos! 😎

—No pienso formar parte de eso —dijo Kai.

—Ya formas parte —respondieron los dos al mismo tiempo.

Kai se quedó en silencio.

—...Esto va a ser un desastre.

Los tres miraron hacia el bosque que se encontraba mucho más allá de la ciudad.

Ninguno sabía qué encontrarían allí.

Pero Kaito sí recordaba una cosa.

El laboratorio seguía existiendo.

Y al día siguiente, después de clases, irían a buscarlo.

  • Capítulo 7: El camino al bosque

Sonó el timbre del recreo.

Kai salió del salón con su comida en las manos. Hikari iba detrás de él y Kaito caminaba tranquilamente, con las manos en los bolsillos.

Los tres se sentaron en una mesa del patio.

Hikari abrió su comida.

—¡Por fin! Tengo hambre. 😋

Kai comenzó a comer tranquilamente.

Kaito miró el plato de Kai.

—¿Otra vez carne?

Kai lo miró.

—Sí.

—¿No te cansas?

—No.

Hikari se metió en la conversación.

—Déjalo. Es un zombie. ¿Qué esperabas? 😂

Kai casi se atragantó.

—¡No digas eso tan fuerte!

Hikari miró alrededor.

—Ups.

Kaito comenzó a reírse.

—Tranquilo. Nadie escuchó.

Kai suspiró.

—Ustedes dos son un problema.

Kaito agarró un pedazo de comida.

—¿Quieres?

—No.

—¿Seguro?

—Sí.

—Bueno.

Kaito se levantó con su comida.

—Voy a sentarme allá.

Hikari lo miró.

—¿Por qué?

—Porque quiero molestarte desde más lejos.

—¡¿Qué?!

Kaito comenzó a caminar.

Pero entonces...

TROPEZÓ.

—¡¿EH?!

Kaito pisó una pequeña piedra que estaba en el suelo.

Perdió el equilibrio.

—¡AAAAAH!

¡PUM!

Cayó de frente.

Su comida salió volando y terminó completamente en el piso.

Silencio.

Kai y Hikari se quedaron mirándolo.

Kaito levantó lentamente la cabeza.

Miró su comida.

Miró a Kai.

Miró a Hikari.

Hikari intentó contener la risa.

—No...

Kai se tapó la boca.

—No te rías.

Hikari empezó a temblar.

—No puedo...

Kaito se levantó lentamente.

—No pasó nada.

Hikari explotó de risa.

—¡¡JAJAJAJAJA!! 😂

Kai también terminó riéndose.

—¡Fue una piedra!

Kaito miró la piedra con odio.

—Te voy a recordar.

Kai dejó de reírse.

—¿A la piedra?

—Sí.

Hikari señaló la piedra.

—¡Cuidado! ¡Es tu nuevo enemigo! 😂

Kaito la miró.

—No te burles.

Hikari siguió riéndose.

—¡JAJAJA!

Kaito recogió su mochila.

—Este día empezó mal.

Kai sonrió.

—Todavía no hemos ido al bosque.

Kaito se quedó callado.

—Cierto.

---

Cuando terminaron las clases, los tres se encontraron en la entrada de la escuela.

Kaito llevaba una mochila.

Hikari también.

Kai miró sus mochilas.

—¿Están listos?

—Sí —respondió Hikari.

Kaito asintió.

—Tenemos un largo camino.

Kai suspiró.

—Eso me preocupa.

Hikari sonrió.

—¡Será divertido!

—No sabes eso.

—Claro que sí.

Kaito comenzó a caminar.

—Vamos.

Los tres salieron de la escuela.

---

Primero atravesaron las calles de la ciudad.

Después pasaron por una zona donde había cada vez menos edificios.

Finalmente, los árboles comenzaron a aparecer.

Kai miró hacia adelante.

—¿Todavía falta mucho?

Kaito respondió tranquilamente:

—Sí.

Kai se quedó mirando.

—¿Cuánto?

—Bastante.

—Eso no es una respuesta.

Hikari se rio.

—¡Vamos, Kai! : )

—Tú no eres la que está caminando desde hace horas.

—Yo traje galletas.

Hikari sacó un paquete de su mochila.

Kaito la miró.

—¿Todavía tienes?

—Sí.

Kai suspiró.

—¿Cuántas trajiste?

Hikari sonrió.

—Muchas.

---

Una sorpresa

Mientras caminaban, Kaito miró su teléfono.

Tenía un mensaje.

Hana: “Ya estamos cerca.”

Kaito sonrió.

Guardó el teléfono rápidamente.

Kai lo miró.

—¿Qué pasa?

—Nada.

Hikari entrecerró los ojos.

—Estás escondiendo algo.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

—No.

Kai los miró.

—¿Pueden dejar de discutir?

Kaito sonrió.

—No estoy escondiendo nada.

Pero era mentira.

Kaito sabía perfectamente que Hana y Yui estaban esperándolos.

Y quería mantenerlo en secreto.

---

Después de varias horas, finalmente llegaron al bosque.

Los árboles eran enormes.

Había poca luz entre las ramas y el camino estaba cubierto de hojas.

Hikari miró alrededor.

—Wow...

Kai observó el lugar.

—Es mucho más grande de lo que imaginaba.

Kaito se quedó quieto.

Su expresión cambió.

—Yo recuerdo este lugar.

Kai lo miró.

—¿Seguro?

Kaito asintió.

—Sí.

Caminó unos metros.

—Por aquí.

Los otros dos lo siguieron.

De repente, Hikari escuchó un ruido.

—¿Escucharon eso?

Kai se detuvo.

—Sí.

Kaito sonrió.

—Son ellas.

—¿Ellas? —preguntó Kai.

Kaito no respondió.

Entre los árboles aparecieron dos chicas.

Una tenía un aspecto tranquilo y observador.

La otra llevaba un barbijo y caminaba con una energía impresionante.

Hikari parpadeó.

—¿Quiénes son?

Kai miró a Kaito.

—Kaito...

Kaito levantó una mano.

—Ah. Ellas son Hana y Yui.

Hana sonrió.

—Hola.

Yui levantó una mano.

—¡Hola! :D

Hikari miró a Kaito.

—¿TÚ CONOCÍAS A DOS CHICAS Y NUNCA NOS CONTASTE?

Kaito se encogió de hombros.

—Nunca preguntaron.

Kai lo miró.

—Eso no responde nada.

Yui comenzó a reírse.

—¿Estos son los chicos de los que hablaste?

Kaito asintió.

—Sí.

Hana observó a Kai y Hikari.

—Entonces ellos son K-03 y D-07.

Kai se quedó sorprendido.

—¿Cómo saben nuestros códigos?

Hana miró a Kaito.

Kaito respondió:

—Ellas también conocen el laboratorio.

Hikari abrió los ojos.

—¿¡Qué?!

Yui señaló hacia adelante.

—Y sabemos dónde está.

Los cinco miraron hacia el interior del bosque.

Kaito comenzó a caminar.

—Vamos.

Después de unos minutos encontraron un viejo camino de cemento cubierto por plantas.

Kaito se detuvo.

Había una pequeña señal oxidada junto al camino.

Los cinco se acercaron.

En la señal estaba grabado un símbolo.

El mismo símbolo que habían visto en la escuela.

El símbolo del Proyecto S-17.

Kai sintió un escalofrío.

Hikari dejó de sonreír.

Yui se quedó en silencio.

Hana miró hacia el fondo del bosque.

Kaito apretó los puños.

—Estamos cerca.

Pero nadie sabía que, entre los árboles...

alguien los estaba observando.

  • Capítulo 8: La chica entre los árboles

El bosque estaba cada vez más oscuro.

Kai caminaba detrás de Kaito, mientras Hikari iba hablando sin parar con Hana y Yui.

—Entonces... ¿ustedes también fueron experimentos? —preguntó Hikari.

—Sí —respondió Hana tranquilamente.

Yui se acomodó el barbijo.

—Pero no hablamos mucho de eso.

—¡Yo sí quiero saber! —dijo Hikari.

Kai suspiró.

—Hikari, llevamos horas caminando. ¿Puedes dejar de hacer preguntas por cinco minutos?

—No.

—Lo sabía.

Kaito soltó una pequeña risa.

—Nunca cambia.

De repente, Kaito se detuvo.

—Esperen.

Todos dejaron de caminar.

—¿Qué pasa? —preguntó Kai.

Kaito miró hacia los árboles.

—Escuché algo.

Hana también se quedó quieta.

—Yo también.

Yui miró alrededor.

—¿Un animal?

Se escuchó una rama romperse.

CRACK.

Hikari se acercó a Kai.

—Eso no sonó como un animal pequeño...

Kaito entrecerró los ojos.

—Sal de ahí.

Silencio.

Durante unos segundos no ocurrió nada.

Entonces una chica salió lentamente de entre los árboles.

Era aproximadamente de la edad de Hikari. Tenía el cabello oscuro y una expresión seria. Llevaba ropa sencilla y una pequeña mochila.

Todos se quedaron mirándola.

—¿Quién eres? —preguntó Kai.

La chica no respondió inmediatamente.

Sus ojos recorrieron al grupo.

Primero miró a Kaito.

Después a Hana.

Luego a Yui.

Y finalmente a Kai y Hikari.

Su expresión cambió ligeramente.

—Así que realmente volvieron...

Kaito frunció el ceño.

—¿Nos conoces?

La chica lo miró.

—A ti sí.

Kaito dio un paso adelante.

—¿Quién eres?

—Me llamo Aiko.

Hikari levantó una ceja.

—¿Y por qué estabas espiándonos?

—No los estaba espiando.

Kai señaló los árboles.

—Llevas siguiéndonos desde hace rato.

Aiko guardó silencio.

—Está bien —admitió—. Los estaba observando.

—¡Lo sabía! —dijo Hikari.

Kai la miró.

—Eso no es algo de lo que estar orgullosa.

Hikari se encogió de hombros.

—Pero tenía razón.

Kaito seguía mirando a Aiko con desconfianza.

—¿Qué sabes de nosotros?

Aiko respondió:

—Sé quiénes son.

El ambiente cambió inmediatamente.

—¿Quiénes? —preguntó Hana.

Aiko miró a Kai.

—K-03.

Después miró a Hikari.

—D-07.

Finalmente miró a Kaito.

—K-01.

Los tres se quedaron completamente quietos.

Kai sintió un escalofrío.

—¿Cómo sabes esos nombres?

Aiko bajó la mirada.

—Porque mi padre hablaba de ustedes.

Kaito dio otro paso.

—¿Tu padre?

Aiko asintió.

—Sí.

—¿Quién es? —preguntó Hikari.

Aiko levantó la mirada hacia el camino cubierto de plantas que tenían delante.

—El hombre que construyó este laboratorio.

Nadie dijo nada.

Kai miró a Kaito.

—Entonces... ¿él es el dueño?

Kaito apretó los puños.

—Eso parece.

Aiko respiró profundamente.

—Pero hay algo que ustedes no saben.

—¿Qué? —preguntó Kai.

Aiko los miró uno por uno.

—Mi padre no solo experimentó con ustedes.

Hikari dejó de sonreír.

—¿Qué quieres decir?

Aiko bajó la mirada hacia sus propias manos.

—También experimentó conmigo.

Silencio.

—¿Contigo? —preguntó Kaito.

—Sí.

Kai se quedó sorprendido.

—¿Por qué?

Aiko tardó unos segundos en responder.

—Por mi madre.

Hana frunció el ceño.

—¿Qué le pasó?

Aiko cerró los ojos.

—Estaba enferma.

Su voz se volvió más baja.

—Mi padre quería encontrar una cura.

Hikari se quedó completamente seria.

—¿Y te utilizó a ti para encontrarla?

Aiko asintió lentamente.

—Yo fui su único experimento personal.

Kai sintió un nudo en el estómago.

Ahora entendía por qué Aiko conocía aquel lugar.

No era simplemente alguien que había encontrado el laboratorio.

Ella había crecido allí.

Había sido parte de él.

Aiko miró hacia el bosque.

—Y si vinieron hasta aquí...

Se giró hacia ellos.

—Significa que probablemente ya descubrieron algo que mi padre quería mantener oculto.

Kaito se acercó.

—¿Qué cosa?

Aiko respondió:

—La verdadera razón por la que existió el Proyecto S-17.

Todos quedaron en silencio.

Y, detrás de ellos...

Una puerta metálica oxidada apareció entre los árboles.

Kai abrió los ojos.

—El laboratorio...

Aiko negó lentamente.

—No.

—¿Entonces qué es? —preguntó Hikari.

Aiko miró la puerta.

—La entrada.

Y entonces se escuchó un ruido desde el otro lado.

CLANG.

Todos se quedaron inmóviles.

Alguien estaba dentro.

Y parecía que sabía que ellos habían llegado.

  • Capítulo 9: La puerta del laboratorio

CLANG.

Todos se quedaron inmóviles.

El sonido había venido desde el otro lado de la puerta metálica.

Hikari miró a Kai.

—Dime que eso fue una rama.

Kai negó lentamente.

—Una rama no golpea una puerta desde adentro.

Yui retrocedió un paso.

—Entonces... ¿hay alguien ahí?

Kaito se acercó a la puerta.

—Sí.

Hana lo agarró del brazo.

—Espera.

Kaito la miró.

—¿Qué?

—No sabemos qué hay detrás.

Kaito sonrió ligeramente.

—Precisamente por eso quiero abrirla.

—Eso no tiene ningún sentido —dijo Kai.

—Nunca dije que tuviera que tenerlo.

Hikari levantó la mano.

—¡Yo voto por abrirla!

Kai suspiró.

—Claro que tú votarías eso.

Aiko permanecía en silencio.

Kai la miró.

—¿Tú sabes qué hay ahí?

Aiko tardó unos segundos en responder.

—No exactamente.

—¿Cómo que no exactamente?

Aiko se acercó a la puerta.

—Mi padre me prohibía entrar aquí.

Kaito levantó una ceja.

—¿A ti?

—Sí.

—¿Y nunca entraste?

Aiko negó con la cabeza.

—Nunca.

Kaito observó la cerradura oxidada.

—Entonces hoy será la primera vez.

Sacó una pequeña herramienta de su bolsillo.

Kai lo miró sorprendido.

—¿Por qué tienes eso?

Kaito sonrió.

—Por si acaso.

—¿Por si acaso qué?

—Por si había una puerta.

Kai se quedó callado.

—...No quiero saber.

Kaito comenzó a trabajar en la cerradura.

Después de unos segundos...

CLIC.

La puerta se abrió lentamente.

Un aire frío salió del interior.

Todos sintieron un escalofrío.

—Está funcionando —murmuró Hana.

Entraron.

El laboratorio estaba completamente oscuro.

Kaito encendió una pequeña linterna.

La luz recorrió las paredes.

Había máquinas cubiertas de polvo.

Pantallas apagadas.

Cables.

Camillas.

Y enormes ventanales que daban a habitaciones vacías.

Hikari tragó saliva.

—Aquí...

Miró alrededor.

—Aquí hicieron todo eso.

Kai no respondió.

Algo en aquel lugar le resultaba familiar.

Las luces.

El olor.

Las paredes blancas.

De repente, Kai se llevó una mano a la cabeza.

—Ah...

Hikari se acercó.

—¿Kai?

—Yo conozco este lugar.

Todos lo miraron.

Kai cerró los ojos.

Una imagen apareció en su mente.

Una camilla.

Una luz demasiado brillante.

Una persona con bata blanca.

Y una voz.

“El sujeto K-03 está listo.”

Kai abrió los ojos de golpe.

—Yo estuve aquí.

Hikari se quedó quieta.

—Yo también.

Aiko los observó en silencio.

—Lo sé.

Kai la miró.

—¿Cómo puedes saberlo?

Aiko no respondió.

Kaito iluminó otra parte de la habitación.

—Miren.

Había una pared llena de archivadores.

Cada uno tenía una etiqueta.

K-01.

K-03.

D-07.

Hikari se acercó lentamente.

—Son nuestros expedientes.

Pero entonces Yui señaló otro archivador.

—Hay uno más.

Todos miraron.

La etiqueta estaba cubierta de polvo.

Aiko palideció.

Kaito limpió la superficie con la mano.

Aparecieron unas letras.

A-00.

Aiko dio un paso atrás.

—No...

Kai la miró.

—¿Qué pasa?

Aiko no contestó.

Kaito abrió el archivador.

Dentro había fotografías.

Documentos.

Resultados de pruebas.

Y una fotografía de una niña pequeña.

Aiko.

Hikari tomó el documento que estaba encima.

—Aquí dice...

Se quedó callada.

—¿Qué dice? —preguntó Kai.

Hikari levantó la mirada.

—“Sujeto A-00.”

Aiko cerró los ojos.

—Ese era mi código.

Todos se quedaron en silencio.

Kai miró a Aiko.

—Entonces tú también fuiste parte del proyecto.

Aiko negó.

—No.

—Pero tienes un código.

—Mi padre me dio ese código.

Kaito frunció el ceño.

—¿Por qué?

Aiko miró la fotografía.

—Porque yo no era como ustedes.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Hikari.

Aiko respiró profundamente.

—Ustedes fueron creados para formar parte del Proyecto S-17.

Miró su expediente.

—Yo fui creada para encontrar una cura.

Kai sintió un escalofrío.

Antes de que pudiera preguntar más...

Una de las pantallas del laboratorio se encendió.

BIP.

Todos se giraron.

La pantalla mostró unas palabras:

SISTEMA ACTIVADO.

Después apareció otra línea.

SUJETOS DETECTADOS: K-01 / K-03 / D-07.

Kaito abrió mucho los ojos.

—¿Cómo demonios se encendió eso?

La pantalla cambió.

FASE SIGUIENTE: INICIADA.

Hikari retrocedió.

—¿Fase siguiente?

Kai miró a Aiko.

—¿Qué significa?

Aiko observó la pantalla con miedo.

—No lo sé.

Por primera vez desde que había aparecido, parecía realmente asustada.

Entonces otra pantalla se encendió.

Y otra.

Y otra.

Las luces del laboratorio comenzaron a activarse una por una.

BIP.

BIP.

BIP.

Y desde el fondo del edificio se escuchó una voz metálica:

—Bienvenidos de nuevo, sujetos K-01, K-03 y D-07.

Todos quedaron paralizados.

La voz continuó:

—El Proyecto S-17 puede continuar.

Kaito apretó los puños.

—Esto no puede estar pasando.

Aiko miró hacia el pasillo oscuro.

—Mi padre...

Kai preguntó:

—¿Qué pasa con tu padre?

Aiko respondió en voz baja:

—Creo que nunca abandonó este lugar.

Y entonces...

Una luz roja se encendió al final del pasillo.

ALERTA.

La puerta detrás de ellos se cerró de golpe.

¡BANG!

Hikari gritó.

—¡¡NOS ENCERRARON!!

Kai miró a Kaito.

Kaito miró a Hana y Yui.

Y Aiko solamente susurró:

—Ahora sí empezó.

  • Capítulo 10: La siguiente fase

¡BANG!

La puerta se cerró detrás de ellos.

Hikari corrió hacia ella.

—¡¡Ábrete!!

Agarró la manija y tiró con todas sus fuerzas.

Nada.

—¡No se abre!

Kaito se acercó.

—Déjame.

Tiró de la puerta.

CLANG.

Ni siquiera se movió.

—Genial —murmuró—. Estamos encerrados.

Kai miró las pantallas.

Todas mostraban el mismo mensaje:

FASE SIGUIENTE: INICIADA.

Hana observó los cables que recorrían las paredes.

—El laboratorio tiene energía.

Yui señaló el techo.

—Y parece que todo se está activando.

De repente...

BIP.

Una pantalla cambió.

Apareció una cuenta regresiva.

10:00

—¿Qué significa eso? —preguntó Kai.

Aiko se acercó rápidamente.

—No lo sé.

—¿Segura? —preguntó Kaito.

Aiko lo miró.

—No recuerdo haber visto esto.

La cuenta comenzó a bajar.

09:59

09:58

Hikari tragó saliva.

—No me gusta nada.

Kai miró a Kaito.

—¿Alguna idea?

Kaito negó.

—Por primera vez, ninguna.

—Eso es preocupante.

—Mucho.

Hikari levantó la mano.

—¡Propongo que rompamos todo!

Kai la miró.

—¿Ese es tu plan?

—Sí.

—No.

—Era una buena idea.

Kaito sonrió.

—Un poco.

Mientras ellos discutían, Hana se acercó a una consola.

—Esperen.

Todos se giraron.

—¿Qué pasa? —preguntó Aiko.

Hana señaló una pantalla pequeña.

—Hay un mapa.

El mapa mostraba todo el laboratorio.

Pero había algo extraño.

Una parte del edificio aparecía completamente en negro.

—Hay una zona que no aparece —dijo Hana.

Kaito se acercó.

—Debe ser un área cerrada.

Aiko observó el mapa.

Su expresión cambió.

—Sé dónde está.

Todos la miraron.

—¿Dónde?

Aiko señaló el extremo del mapa.

—Ahí.

—¿Qué hay allí? —preguntó Kai.

Aiko tardó unos segundos en responder.

—El despacho de mi padre.

Silencio.

Kaito cruzó los brazos.

—Entonces vamos allí.

—¿Y la cuenta regresiva? —preguntó Yui.

Kaito miró la pantalla.

08:41

—Nos queda tiempo.

Hikari sonrió nerviosamente.

—¡Entonces vamos!

Caminaron por un largo pasillo.

A cada paso, las luces se encendían automáticamente.

Una.

Dos.

Tres.

Hasta que llegaron a una puerta enorme.

En ella había un símbolo diferente.

Aiko se quedó mirándolo.

—Ese símbolo...

Kai preguntó:

—¿Qué significa?

—Era el símbolo personal de mi padre.

Kaito observó la puerta.

—Entonces debe haber algo importante detrás.

Aiko puso la mano sobre el panel.

La puerta se abrió.

Dentro había un despacho cubierto de polvo.

Un escritorio.

Estanterías.

Fotografías.

Y una enorme pared llena de documentos.

Hikari se acercó.

—¡Miren!

Había fotografías antiguas.

Kaito.

Hana.

Yui.

Kai.

Hikari.

Aiko.

Todos ellos.

Pero las fotografías de Kai, Hikari y Kaito eran de cuando eran niños.

Kai se quedó helado.

—Nos estuvo observando.

Kaito apretó los dientes.

—Durante años.

Hana encontró otra fotografía.

—Hay algo escrito detrás.

Le dio la vuelta.

“Los sujetos deberán regresar cuando llegue el momento.”

Yui señaló otra foto.

—¿Y esa?

Era una fotografía de una mujer.

Aiko se acercó lentamente.

Su rostro cambió.

—Mi madre.

Nadie habló.

Aiko tomó la fotografía entre sus manos.

—Ella estaba enferma.

Kai observó la imagen.

—¿Tu padre intentaba curarla?

Aiko asintió.

—Sí.

Entonces vio un documento debajo de la fotografía.

Lo tomó.

Sus manos comenzaron a temblar.

—No...

Hikari se acercó.

—¿Qué dice?

Aiko leyó lentamente:

—“Para encontrar la cura será necesario estudiar las modificaciones realizadas en los sujetos K-01, K-03 y D-07.”

Kai abrió los ojos.

—Entonces...

Aiko continuó leyendo.

—“A-00 será utilizada como vínculo entre los sujetos.”

Kaito frunció el ceño.

—¿Vínculo?

Antes de que alguien pudiera responder...

BIP.

La cuenta regresiva apareció en una pantalla del despacho.

02:00

Hikari miró el reloj.

—¡Nos quedan dos minutos!

Kaito agarró los documentos.

—¡Tenemos que salir!

Corrieron hacia la puerta.

Pero esta se cerró.

¡CLANG!

—¡No otra vez! —gritó Hikari.

La cuenta siguió bajando.

01:30

Aiko miró alrededor desesperadamente.

—Tiene que haber otra salida.

Yui comenzó a revisar las paredes.

—¡Aquí!

Había una pequeña rejilla.

—¡Es demasiado pequeña! —dijo Kai.

Yui sonrió.

—Para mí no.

—¿Qué?

Yui se quitó el barbijo.

—Creo que es hora de usar esto.

Se agachó.

Sus piernas se tensaron.

¡BOOM!

Yui saltó con una fuerza increíble y alcanzó una plataforma elevada.

—¡Encontré un conducto!

Hikari abrió los ojos.

—¡¿Puedes saltar así?!

—Sí.

—¡¿Y nunca nos lo dijiste?!

—Nunca preguntaron.

Kaito se echó a reír.

—Esa frase me resulta familiar.

Yui abrió la rejilla.

—¡Vamos!

Uno por uno comenzaron a entrar.

Kai ayudó a Hikari.

Hana fue detrás.

Kaito entró último.

Aiko se quedó mirando el despacho una última vez.

En el escritorio había un pequeño dispositivo.

Una luz verde parpadeaba.

Aiko lo tomó.

La pantalla mostró una sola frase:

“Aiko, si estás leyendo esto, significa que regresaste.”

Aiko se quedó completamente quieta.

Entonces apareció una segunda línea.

“No confíes en ellos.”

Aiko abrió los ojos.

—¿Qué...?

La pantalla se apagó.

—¡Aiko! —gritó Kai desde el conducto—. ¡Tenemos que irnos!

Aiko guardó el dispositivo y corrió hacia ellos.

Pero ninguno de los cinco vio la última línea que había aparecido durante apenas un segundo:

“FASE 2: A-00 ACTIVADA.”

Y en algún lugar profundo del laboratorio...

Una máquina comenzó a funcionar.

BZZZZZZ...

Alguien acababa de despertar.

  • Capítulo 11: El padre de Aiko

BZZZZZZ...

El sonido de la máquina continuaba en algún lugar profundo del laboratorio.

Los cinco seguían avanzando por el conducto.

—¡Más rápido! —gritó Kaito.

—¡Estoy intentando! —respondió Hikari.

Kai iba detrás de Aiko.

—¿Estás bien?

Aiko no respondió.

Seguía mirando el pequeño dispositivo que había encontrado en el despacho.

“No confíes en ellos.”

La frase no dejaba de darle vueltas en la cabeza.

—Aiko.

Ella finalmente levantó la mirada.

—¿Qué?

—Te pregunté si estás bien.

Aiko guardó el dispositivo.

—Sí.

Pero su voz decía lo contrario.

Después de unos minutos, llegaron a otra habitación.

Yui salió primero del conducto.

—¡Estamos fuera!

Todos bajaron.

Era una sala enorme.

Había varias máquinas antiguas y una gran ventana de vidrio.

Detrás de ella había una habitación completamente vacía.

Kaito miró alrededor.

—Esto no estaba en el mapa.

Hana se acercó a la ventana.

—Hay algo escrito.

En el vidrio había una frase:

“SALA DE OBSERVACIÓN.”

Hikari miró hacia el interior.

—¿Qué observaban aquí?

Kai se acercó.

En una de las paredes había dibujos infantiles.

Uno era un niño rubio.

Otro era una niña con un pequeño cuerno.

Y otro era un niño rodeado de líneas que parecían telarañas.

Kai se quedó paralizado.

—Somos nosotros...

Hikari se acercó.

—Nos dibujaron cuando éramos pequeños.

Kaito apretó los puños.

—Nos estaban vigilando.

Entonces Aiko vio otro dibujo.

Era una niña.

Debajo estaba escrito:

A-00

Aiko se quedó inmóvil.

—Yo también...

Kai la miró.

—¿Tú estabas aquí con nosotros?

Aiko negó.

—No lo recuerdo.

De repente, una pantalla se encendió.

BIP.

Apareció un video.

Una habitación blanca.

Un hombre estaba sentado frente a una cámara.

Era el profesor Akira Sato.

Kai abrió los ojos.

—¡Es el profesor Sato!

Hikari se acercó a la pantalla.

—¿Qué hace aquí?

Aiko se quedó completamente pálida.

—No...

Kaito la miró.

—¿Qué pasa?

Aiko apenas podía hablar.

—Ese...

Señaló la pantalla.

—Ese es mi padre.

Silencio absoluto.

Hikari abrió la boca.

—¿QUÉ?

Kai miró a Aiko.

—¿Tu padre es el profesor Sato?

Aiko asintió lentamente.

—Sí.

Kaito dio un paso atrás.

—Entonces él sabía todo.

En el video, Sato comenzó a hablar.

—Si están viendo este mensaje, significa que los sujetos han regresado al laboratorio.

La grabación continuó.

—K-01. K-03. D-07.

Kaito miró a Kai y Hikari.

—Nos estaba esperando.

Sato continuó:

—Y si A-00 está con ustedes...

Aiko dejó de respirar por un instante.

—...entonces la fase final puede comenzar.

La pantalla se apagó.

Hikari se giró hacia Aiko.

—¿Tu padre hizo todo esto?

Aiko bajó la mirada.

—No lo sé.

—¿Nunca te contó nada?

—Me dijo que había trabajado en un proyecto de investigación.

Kaito soltó una risa amarga.

—Eso es quedarse bastante corto.

Kai miró a Aiko.

—¿Y tu madre?

Aiko apretó el dispositivo entre sus manos.

—Estaba enferma.

—¿Y tu padre experimentó contigo para encontrar una cura?

—Sí.

Hana preguntó:

—¿La encontró?

Aiko negó.

—No lo sé.

Entonces...

CLANG.

Todos miraron hacia el pasillo.

Se escucharon pasos.

Toc.

Toc.

Toc.

Kaito se puso delante de los demás.

—Alguien viene.

Hikari se acercó a Kai.

—¿Crees que es la cosa que despertó?

—Espero que no.

Los pasos se hicieron más fuertes.

Aiko miró hacia la puerta.

Y entonces escuchó una voz.

Una voz que conocía perfectamente.

—Aiko.

Ella abrió los ojos.

—Papá...

La puerta comenzó a abrirse lentamente.

Pero antes de que pudieran ver quién estaba detrás...

Todas las luces se apagaron.

¡CLAC!

Oscuridad total.

Y una última frase se escuchó por los altavoces:

—Bienvenidos de nuevo.

Silencio.

Después...

CLANG.

La puerta se cerró.

Y nadie sabía si el hombre que estaba detrás de ella...

era su enemigo.

O alguien que había intentado protegerlos desde el principio.

Thoughts

  • GasparLeon

    El muchacho de la primera fila pregunta de dónde viene, acepta un bastante lejos y deja de preguntar. Así funciona un salón, se pregunta una vez y nadie insiste. Me quedo con que Kai cuenta el interrogatorio como quien cuenta un obstáculo, uno superado y a esperar el que venga.

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  • EmilioPrats

    Lo del maquillaje tapando el gris de la piel me hizo pensar en la gente que se arregla mucho antes de salir para que no le noten nada raro. A mí me pasa que me fijo en eso, en lo que uno se revisa antes de abrir la puerta de casa. Y el chaval encima tiene el estómago en contra, que es la parte que no se puede tapar con nada.

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  • versoenservilleta

    Hikari inventa que es unicornio, se aguanta la risa y después suelta que es un demonio, y Kai se queda serio como una pared. Ahí ya se ve cómo van a funcionar los dos, ella empujando y él sin moverse. A mí me pasa que me quedo siempre con los personajes que mienten un poco para ver qué cara pone el otro.

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  • pagina_rota

    Lo que todavía no está contado es qué les hicieron a los dos cuando tenían dos y tres años. Apuesto a que eso sale más adelante y que Hikari lo cuenta riéndose, como cuenta todo lo demás.

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  • libretanegra

    El chico sacando el espejo antes de bajar y revisándose la cara. Yo me quedé con eso, con la revisión, mucho más que con el maquillaje.

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  • Ovid

    Hikari soltando que es unicornio y aguantándose la risa antes de decir que es un demonio, y Kai sin moverle un músculo. Apuesto a que esos dos van a terminar tapándose las cosas el uno al otro en la escuela. Me hace pensar en los amigos que uno hace por pura insistencia del otro, que casi siempre duran más.

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  • cuento77

    Kai contestando que se cambió por problemas familiares y el otro chavo aceptándolo y ya, ahí me reí de nervios. Le quedan como cuatro años de inventar excusas cada vez que le suenen las tripas en clase.

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