No golpea la puerta,
no pide permiso,
simplemente se sienta
en el asiento vacío de la micro,
justo donde nadie mas quiso ir.
La música suena en mis oídos
pero hay algo que suena mas fuerte,
algo sin palabras,
sin ritmo,
sin nombre.
Dicen que a los catorce
todo debería ser simple,
pero mi mundo tiene un huésped
que llega sin avisar,
que se acomoda como si fuera suyo,
que no necesita una razón
para instalarse.
No es tristeza completa,
no es tampoco nada,
es ese espacio entre las canciones,
ese silencio que grita
cuando el subconsciente
habla mas alto que el mundo real.
y aun así sigo yendo,
sigo escuchando,
sigo mirando por la ventana
como si el vacío
no ocupara un asiento de al lado,
como si no fuera,
la mayoría de las veces
quien maneja.
AT: Insomnia no duerme, solo escribe.