Cargando…

El sol se cuela

josechile
Pública 5 conversaciones 9 pensamientos 15 votos positivos 3 votos negativos 1 serie 120 vistas

El sol se cuela entre las nubes como quien abre una puerta sin llamar, pero con una cortesía antigua, de esas que ya no se enseñan. No es el sol de verano, ese que irrumpe y ocupa cada rincón sin pedir permiso. Este es un sol de invierno, cauteloso, que se asoma entre los claros del cielo como si dudara de su propia luz. Y cuando entra, lo hace con una claridad que no quema, que apenas roza la piel, y que deja en los brazos un calor tan breve que parece un recuerdo de otro tiempo

In groups

Contenido de la publicación

El sol se cuela

El sol se cuela entre las nubes como quien abre una puerta sin llamar, pero con una cortesía antigua, de esas que ya no se enseñan. No es el sol de verano, ese que irrumpe y ocupa cada rincón sin pedir permiso. Este es un sol de invierno, cauteloso, que se asoma entre los claros del cielo como si dudara de su propia luz. Y cuando entra, lo hace con una claridad que no quema, que apenas roza la piel, y que deja en los brazos un calor tan breve que parece un recuerdo de otro tiempo.

El frío se siente, pero no ofende. Es el frío de las once de la mañana, cuando el mundo aún se despereza y el ruido de la ciudad es apenas un rumor que viene de lejos. Los autos pasan con menos prisa, las veredas brillan por la humedad reciente, y el olor a pasto mojado sube del parque como una promesa incumplida. El aire tiene ese peso de invierno que se instala en los pulmones, que recuerda que el frío no es solo temperatura: también es un estado del alma.

Desde la ventana, el sol dibuja sombras sobre el suelo de cerámica, como si estuviera escribiendo un mensaje en un idioma que solo se entiende con los ojos cerrados. La luz se enreda en los bordes de los muebles, en las tazas de té que esperan desde la mañana, en esa pausa entre una cosa y otra que siempre ocurre cuando el silencio se vuelve audible. Es una luz que no pide nada, que solo ofrece, y que sabe que quien la mira no volverá a verla igual.

Es un día para recordar viejos amores. No para reclamarlos, no para llorarlos, sino para sostenerlos como quien encuentra una carta en un libro prestado: con extrañeza y gratitud. El invierno tiene esta virtud: convierte la nostalgia en algo que se puede mirar sin que duela, como el humo que sale de una taza caliente, que se disipa sin pedir permiso pero deja su olor en el aire. Es un sol que sabe a lo que ya fue, a lo que se quedó en el camino, y lo hace con la generosidad de quien ya no espera nada a cambio.

Afuera, un niño pasa en bicicleta y su aliento se convierte en vapor. La risa se escapa entre las calles vacías y el viento la lleva unos metros antes de dejarla caer. Una hoja, la última de su árbol, se desprende con pereza, como si el invierno mismo hubiera decidido soltarla. El mundo avanza, lento, como si el mediodía estuviera hecho para detenerse, para mirar ese haz de luz que entra por la ventana y saber que nunca volverá a ser exactamente igual.

Es un día para escribir cartas que nunca se enviarán, para cerrar los ojos y sentir el sol sobre los párpados, y pensar en esas personas que estuvieron y ya no están, no con el peso de la ausencia, sino con la certeza de que el tiempo, al final, no quita: solo transforma. Porque el invierno no es solo el frío que baja de los cerros. Es una invitación a mirar hacia adentro y, desde allí, dejar que la luz entre sin miedo

Thoughts

  • versos88

    ¿es algo que pasó de verdad o lo construiste en la escritura? porque se siente vivido, pero hay una precisión que no es casual.

    Permalink
  • versoenservilleta

    hay algo que se queda ahí. es invierno pero no depresión, es nostalgia pero sin el peso de la tristeza. como que encontraste el punto justo donde la memoria no duele.

    Permalink
  • poetadelmetro

    ese detalle del niño en bicicleta con el aliento convertido en vapor... ¿fue algo que viste mientras escribías esto, o estaba ya en tu cabeza desde antes?

    Permalink
  • LauraLetras

    la forma en que respira esto, los párrafos que respiran así... se nota que lo leíste en voz alta más de una vez.

    Permalink

Related discussions

  • El Jardín Y Una Rosa

    Simplemente el grito de un corazón melancólico

  • COLORES: NEGRO

    Se dice que es de cobardes. Que no es de valientes en pensar en la muerte.

  • ¿Cómo podía verte si no existías?

    ¿Cómo podía verte si no existías?

  • Dos presas del destino!

    Una Jaula y dos condenados Estábamos en una jaula siendo presas de nuestro destino, condenados por nuestros sentimientos y era seguro que quedaríamos arruinados. Estábamos condenados y no físicamente sino mentalmente; condenados porque nuestro destino nos junto y luego nos separó. Somos y estamos condenados a amarnos, aunque el destino no nos permita amarnos. Somos presos de nuestros deseos... deseamos tanto pero al final acabamos sin nada.

  • Amarte,...

    Amartesi se sintio amarte...

  • Sentí... deseo

    Eso nunca lo tendré

  • El sol no se asomó.

    El sol no se asomó. No hubo cortesía antigua, ni luz dudosa rozando los bordes de los muebles. Hoy el cielo amaneció cerrado, opaco, como si alguien hubiera bajado una persiana de plomo y se hubiera olvidado de volver a subirla. Y en lugar de rayos, lo que entró fue el rumor incesante del agua. No es una lluvia furiosa, de esas que golpean los techos con urgencia; es una lluvia gris, monótona, que lleva cayendo desde la madrugada con la terquedad de quien sabe que tiene todo el día por delante.

  • Los días pasaron

    Los días pasaron...