Entre el hierro frío y la memoria,
se abre paso una luz hecha de sol,
la sombra que dejaste en esta historia,
un verde que aún florece en tu honor.
Tus manos me guardaban en el suelo
con esa paciencia dulce y tan callada,
hoy la tierra suspira hacia el cielo
en esta primavera desgarrada.
Un ramillete de oro en la rejilla
brota con la nostalgia que me diste;
cada pétalo al viento todavía brilla
buscando el abrazo que me diste.
Aunque tus pasos ya no habiten aquí
y el silencio me pese al contemplar,
tu amor encuentra la forma de volver a mí
en cada flor que vuelve a despertar.