Viviré peligrosamente, marcharé airoso y felizmente.
Pisotearé el putrefacto cadáver de mi civilización y avanzaré con cara al sol.
Las supercherías, la cobardía, la debilidad y la melancolía yacen muertas por mi dicha.
Es la fuerza de las doradas edades, antigua y perenne, y que acompaña al regalo de los héroes.
¡Es la alegría! La alegría que baña mi amada espada, mi mayor amada, y que me acompaña en cada batalla.
¡Es la violencia! La violencia a la que subyacen todas las creaciones.
¡Es la guerra! La madre de todas las cosas.
Con espada en mano, ataco los desengaños, mato a los impostores y a los falsos amos.
¡No vine a traer la paz, sino la guerra, afirma el bendito evangelio!
¡Es la barbarie! La barbarie organizada y civilizada, propia de las más finas ocasiones que la historia aclama. Y odiada por el pueblo errante de los judíos.
-Juan Hernandorena