Saltar al contenido
Cargando…

EL NÚCLEO

lian
Pensamiento

Pensamiento

carmelito

Pues a mi los hologramas sin cara me parecieron lo mas feo de todo, mas que la nada. La nada no lo mira a uno, esos si.

Pues a mi los hologramas sin cara me parecieron lo mas feo de todo, mas que la nada. La nada no lo mira a uno, esos si.

Contenido de la publicación

¿Qué pasa cuando desciendes al abismo? Cuando abres tus bóvedas mentales —esa ridiculez romántica que los iluminados de pacotilla llaman "Viajes Astrales"— y te das de bruces contra la auténtica nada.

¿Qué crees que te daría más terror? ¿Saber que existen entidades capaces de borrar a la humanidad en una fracción de segundo, o descubrir que después de tu patética muerte física no hay absolutamente nada, ni descanso, ni luz, ni reencarnación, solo un vacio mecánico y absoluto?

Te lo diré sin rodeos: nada de lo que se pregona en las redes sociales sobre el Plano Astral es real. No es esa excursión mística y fácil que venden los charlatanes, porque si fuera así, cualquier gente lo haría a diario. Desde muy pequeña fui diferente. Podía ver y hacer lo que la masa ignorante jamás comprendería. Mi madre sufrió conmigo; primero la arrastraron por falsos ataques epilépticos, y ya de adulta me condenaron con diagnósticos estúpidos: paranoia con delirios de persecución, bipolaridad de grado dos, esquizofrenia y un sinfín de estúpideces clínicas inventadas por médicos mediocres incapaces de aceptar que existen dimensiones que superan su miserable lógica de consultorio.

Cuando descendí al abismo, el terror fue letal, absoluto. Al traspasar el umbral no había ángeles, ni guías espirituales, ni maestros ascendidos. Solo unos cuantos hologramas perfectos con forma humana, pero sin rostro. Yo era la única con facciones propias. Esos cascarones ambulantes no eran personas; eran máquinas biológicas ejecutando movimientos precisos para una maquinaria mayor, fría, industrial y despiadada. Una arquitectura cósmica que opera bajo leyes que la mente humana rechaza porque destruyen su frágil ego. No hay un creador amoroso; hay engranajes operando en la oscuridad.

Pero al descender todavía más profundo, las palabras se pudren en la boca. El terror deja de ser una emoción para convertirse en una ley física que te quiebra los huesos. Estuve al borde del colapso total. Tal vez ya me quebré por dentro, porque si eso que yace en lo hondo de la estructura saliera a la superficie, la humanidad y otros mundos conocerían la maldad absoluta, pura y sin aditivos de la que provenimos. Ni siquiera el uno por ciento sobreviviría a la revelación; sus cerebros estallarían intentando procesar una verdad tan implacable.

Es mejor que sigan durmiendo en su mundo de color de rosa. Que sigan leyendo por leer, viendo por ver, consumiendo la basura que les alimenta el sistema. El que de verdad quiera despertar, que esté dispuesto a soportar la muerte en sus tres presentaciones más puras: la física, la geométrica y la esencial, esa que los ignorantes llaman espiritualidad.

Por eso dicen que soy fría. Me tachan de apática, de carecer de sentimientos. Y créeme que sí: cuando ves la maquinaria que sostiene este circo, lo que ocurre en este mundo te resulta absolutamente repugnante, una farsa patética de simios con ínfulas de dioses.

Por esa razón escribí EL CÓDIGO DE SANGRE. Lo diseñé como un ensayo donde te abofeteo con la realidad, mezclada con la suficiente ficción romántica para que tu mente no colapse de inmediato. Pero está construido para que, conforme excaves en lo más profundo de sus páginas, comprendas que tu vida entera es una farsa programada.

El amor, el odio, la lujuria, la pasión... No son más que cadenas biológicas diseñadas para mantenerte atado en un bucle infinito de mediocridad, distracción y actos devastadores. Un combustible barato para mantener en marcha la gran máquina.

Quien tenga ojos para ver, que vea. Y el que no, que siga en su cómodo coma inducido. Será mucho mejor para todos.

Thoughts

  • carmelito

    Pues a mi los hologramas sin cara me parecieron lo mas feo de todo, mas que la nada. La nada no lo mira a uno, esos si.

    Permalink
  • SoledadArrieta

    Lo que entendí: al bajar te encontraste con una fábrica en vez de castigo o consuelo, y eso asusta más que un demonio. Lo que no me cierra es que la maldad absoluta salga de una máquina, que no quiere nada.

    Permalink

Publicaciones relacionadas

  • "IMPOTENCIA DE AMOR"

    Mis días son amargos

  • El huésped

    ¿Había una vez un niño que aprendió a no moverse mientras algo lo miraba, o había algo que aprendió a mirarlo hasta que el niño dejó de moverse? ¿Quién empezó primero: el miedo o la costumbre?…

  • Nostalgia

    Yo nunca tuve botas.

  • El becerro de oro, la infidelidad.

    Moisés subió al monte Sinaí para recibir la Ley de Dios. Estuvo allí cuarenta días y cuarenta noches. En su ausencia, el pueblo se impacientó. Le pidieron a Aarón, el hermano de Moisés, que les…

  • Aliento

    Tengo un vago sentimiento, un presentimiento, un algo: de que me estoy perdiendo de esto a lo que llaman vida.

  • NOVIEMBRE

    El aire de Noviembre huele a copal viejo y a muerte cercana, esa que las calzadas de concreto intentan disimular con flores de plástico, pero que la tierra, terca, reclama con cempasúchil sangrante.

  • Escalafón

    La sombra de un mosquito:

  • ¡Pare de sufrir!

    No te frustres.

Pública 5 conversaciones 7 pensamientos 39 votos positivos 0 votos negativos 0 series

¿Qué pasa cuando desciendes al abismo? Cuando abres tus bóvedas mentales —esa ridiculez romántica que los iluminados de pacotilla llaman "Viajes Astrales"— y te das de bruces contra la auténtica nada.

En grupos