Este Lloyd cree que puede calcular todo. Spoiler: no va a poder. Mitordi juega en otra liga.
El mejor ingeniero del mundo y distintas rutas.
CAPITULO 1:
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Este Lloyd cree que puede calcular todo. Spoiler: no va a poder. Mitordi juega en otra liga.
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(ADVERTENCIA ES BL SI NO TE GUSTA ESTE CONTENIDO ALSALTALO GRACIAS POR SU ATENCION)
CAPITULO 1:
Un día en la cuidad Klont, un ingeniero estaba equipando sus cosas para viajar, la reina le había dicho que tenia que viajar al palacio, ya que había una festividad y te tenia que ir obligatoriamente. Lloyd, un ingeniero que odiaba las festividades, no por la fiesta en general, si no por la vestimenta formal que tenia que usar.
-maldición...¿Por qué yo? Aunque pensándolo bien, podría engañar perfectamente a esos nobles.. JA JA.- Pongo mi cara de felicidad completa exagerada completamente.
Javier mi caballero, me llevo dentro del carruaje.
Ya en el festival, estaba sonriendo a nobles ignorantes, una sonrisa tan falsa como su felicidad en el festival, el voltea. Observa a un joven, un chico de belleza angelical, pelo rubio, pero algo que le intrigaba. Era esos vendajes blancos que ocultaban sus ojos, algo extraño.
Lloyd entrecerró los ojos. Sus instintos, siempre afilados para detectar cualquier detalle que oliera a oro o a estafa de alto nivel, se activaron al instante. El chico de la venda estaba apartado del bullicio, apoyado contra la barandilla del balcón como si la fiesta entera le importara un comino. Pero lo que realmente le congeló la sonrisa falsa no fue el aura misteriosa ni el cabello dorado... fue la caída de la manga de su túnica.
Seda de araña Imperial del norte. Doble bordado en hilo de platino puro. Eso cuesta más que todo el presupuesto de alcantarillado de Klont, pensó Lloyd, sintiendo cómo se le formaba un signo de moneda en la retina.
Con pasos calculados y las manos casualmente guardadas tras la espalda, Lloyd caminó hacia la terraza tarareando una melodía cualquiera, fingiendo una total indiferencia hacia la arquitectura del lugar. Se detuvo a un par de metros, apoyando los codos en la barandilla mientras soltaba un largo y cansado suspiro.
—Menudo circo, ¿verdad? —dijo Lloyd al aire, como quien le habla al clima, echando un vistazo de reojo para evaluar la reacción del joven—. Uno pensaría que con tanto dinero invertido en esta fiesta habrían contratado a un mejor músico. Ese del arpa está desafinado desde la tercera copa de vino.
El príncipe misterioso ladeó suavemente la cabeza hacia la dirección de su voz, dejando ver una sonrisa serena y tenue, completamente ajena a la tensión del salón.
—¿Ah, sí? A mí me parecía una melodía bastante agradable —respondió el rubio con una voz suave, pura y extrañamente melodiosa—. Aunque admito que no presto mucha atención al arpa.
Lloyd clavó la mirada en los puños de la camisa del chico. La tela no solo era ridículamente cara; el corte ni siquiera pertenecía a la sastrería local. Este tipo no es un simple noble gorrón que vino por comida gratis. Huele a pez gordo. Un pez gordo con bolsillos interminables.
—Bueno, el oído técnico no perdona —comentó Lloyd, dando un paso más cerca con su mejor sonrisa de "ciudadano honesto y amigable"—. Me llamo Lloyd. Estaba buscando un poco de aire fresco antes de que algún barón intente venderme a su hija o pedirme un descuento en obras públicas. ¿Y tú eres...?
-Mi nombre es Mitordi, ¿Tu eres el ingeniero muy conocido por ser el mejor? sabes yo no confió en personas así, pero...-cierro el libro de magia que estaba leyendo.
-Veo que tiene un caballero...se llama Javier ¿No? Mi hermana habla mucho de ti y tu caballero.
-¿Tu hermana? ¿Quién es? Por lo que yo se, solo tengo vínculos con la Reyna aquí, así que mas respeto.
Me rio suavemente, mientras la luna resalta mas mis facciones, dejando ver mas mi belleza, aunque el vendaje en mis es algo que deja con la duda.
-Creo que no entiendes no? La Reyna es mi hermana mayor, yo soy el príncipe, así que soy un rango mucho mayor que el tuyo. No estoy presumiendo ni nada, solo recalco.- Sonrió ligeramente, mientras veo su cara de asombro que finge ocultarlo en una cara de indiferencia.
El aire pareció congelarse en los pulmones de Lloyd. La palabra príncipe rebotó en su cabeza como una moneda de oro cayendo en un cofre vacío. Por un segundo, su mente procesó la información a la velocidad de un cálculo estructural: hermana mayor + reina + príncipe ciego con ropa de seda de araña imperial = un saco de dinero con corona.
Lloyd transformó su rostro de indiferencia en una expresión de devoción casi religiosa, juntando las manos con un entusiasmo sospechosamente exagerado.
—¡Pero qué honor tan grande, su alteza! —exclamó Lloyd, dando un paso adelante con una reverencia tan dramática que rozó lo ridículo—. ¡Por favor, disculpe mi ignorancia campestre! Un humilde y trabajador ingeniero como yo jamás imaginaría que la mismísima realeza estaría disfrutando del aire nocturno tan lejos del banquete. ¡Y qué gran sentido del gusto tiene al leer bajo la luz de la luna!
Mitordi ladeó la cabeza, manteniendo esa sonrisa serena que empezaba a poner a Lloyd un poco nervioso. Detrás de ellos, la figura imponente de Javier apareció en la penumbra del balcón, con la mano apoyada de forma natural en la empuñadura de su espada, observando al príncipe con ojo crítico.
—Así que la majestuosa reina habla de mí... —continuó Lloyd, recuperando la compostura y ajustándose las mangas con aire aristocrático falso—.
- Espero que solo sean maravillas sobre mis impecables proyectos de infraestructura. Ya sabe, puentes que no se caen, alcantarillas que huelen a gloria... cosas que benefician enormemente al reino y a su tesorería. Por cierto, su alteza, no pude evitar notar que un príncipe de su calibre no debería estar aquí solo. ¿Acaso los guardias reales están dormidos o es que prefiere la compañía de la gente "común" pero talentosa?
-No es eso, solo quiero estar a solas conmigo mismo, pero vino usted.- Sonrió aunque era una sonrisa de advertencia.
(Pensamiento): ¿¡Este que se cree?! que molesto... Aunque debo estar cerca de el...Es un hombre de mucho tener, y si lo engaño me pagara todo lo que quiero así que debo seguir el plan.
- Que gracioso su majestad, si no le molestaría...¿Me puedo sentar a su lado?
Mitordi soltó un pequeño suspiro, dejando su libro sobre la barandilla de piedra mientras mantenía esa expresión inalterable, casi celestial.
—Si insiste, señor ingeniero. El aire de la noche es libre, después de todo —contestó el príncipe, acomodándose apenas para dejarle espacio en el banco de mármol.
Lloyd se sentó de inmediato, manteniendo una postura erguida pero proyectando una calidez fingida que rayaba en lo profesional. En su mente, los engranajes financieros ya estaban girando a toda marcha: Si es el hermano menor de la reina, maneja una asignación real independiente. Un par de palabras bonitas, un proyecto de "infraestructura exclusiva para el palacio del príncipe", ¡y estaré contando monedas hasta que me duela la espalda!
—Se lo agradezco infinitamente, su alteza —dijo Lloyd, esbozando una sonrisa amable mientras le hacía una seña discreta a Javier con la mano para que se mantuviera al margen—. Es solo que me fascina encontrar mentes ilustradas. Alguien con su porte y lectura no debería estar aburriéndose en ese salón lleno de nobles que solo saben hablar de impuestos y cosechas.
Javier, al fondo, puso los ojos en blanco tras notar la mueca calculadora en el rostro de su amo. Sabía perfectamente que Lloyd no veía a un príncipe; veía un cofre del tesoro con piernas.
—Dígame, príncipe Mitordi —prosiguió Lloyd, inclinándose un poco hacia él con aire confidencial—, ¿Qué hace un hombre de su estatus leyendo magia a solas? Si me lo permite... a veces los grandes proyectos del reino necesitan un toque de innovación, y un ingeniero visionario siempre busca socios que sepan apreciar el verdadero valor del progreso.
-Ya le dije el porque, ¿Por qué pregunta tanto? ¿Acaso le intereso?- Me burlo con una ligera sonrisa, mientras mis manos arrancan una flor cerca mío.
Lloyd que tenia un ego alto, y parte su espíritu tsudere se activo de inmediato.
-Solo me gusta saber de las personas que hablo, no es gran cosa, no me admiro tanto así de fácil su majestad.
(Pensamiento): Que rayos...¿¡Porque se ve tan guapo solo acariciando una rosa?! que molesto...parece creer presumir, me recuerda a ese tonto de Javier.
Lloyd se cruzó de brazos, desviando la mirada hacia las estrellas mientras intentaba sofocar la repentina calidez que sintió en la cara. La imagen del chico de cabello dorado manipulando la flor con la gracia impecable de la realeza era, francamente, una grosería para la vista de cualquiera.
¡Es una trampa visual! pensó Lloyd, apretando los dientes en una mueca de fastidio. Seguro practica esa pose frente al espejo todas las mañanas solo para hacer dudar a la gente recta como yo. Es tan irritante como Javier cuando finge ser el caballero perfecto.
—Además, su alteza —continuó Lloyd en un tono ligeramente altanero, tratando de recuperar el control de la conversación—, la curiosidad es la herramienta básica de cualquier buen ingeniero. Si no preguntara, no sabría cómo construir las cosas... ni a quién sacarle un buen presupuesto.
Detrás de ellos, Javier se llevó dos dedos al puente de la nariz, dejando escapar un suspiro de resignación al ver la evidente lucha interna de su amo entre su codicia desmedida y su frágil orgullo.
Mitordi, sin perder la calma, hizo girar la flor entre sus dedos, disfrutando claramente de la reacción del pelirrojo a pesar de no poder verla con los ojos.
—Un presupuesto, ¿ah? —dijo el príncipe, acercando la rosa a su cara para olerla brevemente antes de dejarla caer con total indiferencia—. Me temo que mi atención no se compra con simples planes de construcción, señor Lloyd. Aunque admito que su falta de modales resulta curiosamente entretenida entre tanta gente servil.
—¡¿Falta de modales?! —Lloyd se llevó una mano al pecho, indignado, aunque no pudo evitar que su mirada bajara de nuevo a los labios del príncipe—. ¡Le recuerdo que me estoy esforzando mucho por ser encantador! La mayoría de los nobles pagarían solo por tenerme en la misma habitación explicándoles cómo no se les va a caer el techo encima. Así que no se acostumbre, majestad.
Mitordi dejó escapar una pequeña risa, ligera y limpia como el agua de un manantial, mientras ladeaba la cabeza hacia Lloyd.
—Si usted lo dice... Pero dígame, ingeniero, si tan poco le importo, ¿por qué su corazón acaba de acelerarse un poco?
Lloyd se sonroja apenas, pero no era un sonrojo de vergüenza o pena, si no de enojo.
-Acaso usted- No termine de hablar pero el príncipe me interrumpe, poniendo la flor en los mechones de mi pelo semi-rojo, algo que me avergüenza.
-Tenga le doy el libro para que lo lea, total no me importa si aprendes de magia total, es magia avanzada no creo que lo logres.-Me levanto del asiento retirándome, dando una mirada al caballero antes de retirarme defectivamente.
-¡OYE!- grite, mientras intente alcanzarlo, tropezando con mis propios pies. Viendo como entre la multitud, ese joven príncipe astuto, desaparecía.
-El príncipe es un zorro astuto, no se dejara engañar tan fácilmente, Lloyd. Si que eres un tonto.
Dijo mi caballero, Javier. Algo que me enoja y mucho, mucho mas de lo que estaba, aunque mi corazon aun palpitaba tan fuerte que temía que donde estoy Javier lo escuchara.
-CALLATE...VE Y BUSCA A LA REYNA, DEBO SABER MAS DE SU HERMANO MENOR...ese tal zorro astuto. Mitordi.
Javier se limitó a arquear una ceja, observando la flor que aún decoraba torpemente el cabello de su amo antes de soltar un resoplido divertido. Sin decir una sola palabra más —sabiendo perfectamente que cualquier comentario extra terminaría en una rabieta peor—, el caballero dio media vuelta y se adentró en el majestuoso salón para cumplir la orden.
Lloyd se quedó solo en la penumbra de la terraza, apretando el pesado libro de magia contra su pecho. La encuadernación era de cuero fino y el papel olía a un hechizo antiguo y costoso.
—¿Magia avanzada? ¿Quién se cree que es? ¡Soy un ingeniero! —murmuró Lloyd para sí mismo, echando chispas por los ojos mientras se quitaba la flor del pelo con brusquedad, aunque sin llegar a estropearla—. ¡Si puedo diseñar un sistema de drenaje para toda una provincia, puedo descifrar cuatro garabatos mágicos antes del amanecer!
Se apoyó contra la barandilla de mármol, abriendo el libro por la primera página. Los intrincados círculos mágicos y las fórmulas rúnicas llenaban los márgenes con una precisión abrumadora. Pero no fue la complejidad del texto lo que hizo que a Lloyd se le trabara la respiración, sino la pequeña anotación escrita a mano en la esquina inferior de la pasta:
«Para el que intente leerlo: la primera lección de la realeza es que nada en este palacio es gratis.»
Lloyd apretó los dientes, sintiendo cómo el rostro le ardía de nuevo. Ese maldito príncipe no solo lo había dejado hablando solo, sino que le había regalado un dolor de cabeza envuelto en seda. Y lo peor de todo no era el enigma del libro, ni la humillación, ni la arrogancia de Mitordi... lo peor era que, muy a su pesar, Lloyd ya estaba completamente enganchado.
—Un zorro astuto... —susurró Lloyd, guardando la flor en el bolsillo interior de su saco mientras una sonrisa inclinada y calculadora comenzaba a dibujarse en sus labios—. Ya veremos quién engaña a quién cuando te presente la factura por descifrar tu librito, majestad.
Al final y al cabo no encontró ni pista del príncipe, y la Reyna se negaba hablar de su hermana menor.
Al día siguiente, Lloyd con permiso de la Reyna, entra a la biblioteca real, encontrándose al príncipe. Impecable como siempre. El estaba con ligeras ojeras, era evidente que en la noche estaba intentando descifrar lo que dice el libro, aunque con una sonrisa arrogante lo intento ocultar.
—Vaya, vaya... pero si es el pequeño zorro nocturno —soltó Lloyd, apoyándose con una elegancia ensayada contra una de las gigantescas estanterías de caoba.
Llevaba el libro de magia bajo el brazo como si fuera un trofeo. Sin embargo, por más que intentara mantener su postura impecable y una sonrisa de absoluta superioridad, el tono verdoso alrededor de sus ojos delataba que no había pegado un ojo en toda la noche. Se había pasado diez horas seguidas intentando traducir las fórmulas rúnicas, impulsado únicamente por el orgullo y la terquedad.
Mitordi, al sentir la presencia y el olor a café concentrado que emanaba de Lloyd, ladeó la cabeza con la misma serenidad exasperante del día anterior.
—Señor ingeniero... Veo que la biblioteca del palacio es ahora su hábitat natural —dijo el príncipe, pasando la página de un volumen a la mitad sin perder la compostura—. Pensé que estaría ocupado buscando a mi hermana para sacarle información sobre mí. Qué pena que la reina sea tan... reservada con los asuntos de su familia.
Lloyd apretó los dientes. ¿Cómo demonios se enteró de eso?
—Solo estaba haciendo mi trabajo de campo, su alteza —respondió Lloyd, dando pasos lentos hacia la mesa del príncipe y dejando caer el pesado libro de magia justo al lado de las manos de Mitordi con un golpe seco—. Y respecto a su "magia avanzada"... fue un paseo por el parque. Un par de ecuaciones de flujo de mana mal estructuradas en el capítulo tres, pero nada que un cerebro superior no pueda descifrar antes del amanecer.
El príncipe pasó suavemente las yemas de sus dedos sobre la portada del libro devuelto, dibujando una sonrisa tenue en sus labios.
—¿Ah, sí? —murmuró Mitordi, inclinándose ligeramente hacia adelante—. Qué curioso. Porque ese libro está escrito en un dialecto antiguo que solo se lee al revés y mediante la refracción de la luz solar. Si de verdad lo entendió... dígame, ¿Qué dice la nota de la página cuarenta?
Lloyd se congeló por un segundo. Su cerebro empezó a procesar a máxima velocidad mientras las ojeras le pesaban como plomos.
Maldita sea... ¡esa página solo tenía dibujos de círculos y líneas torcidas!
-Que pasa? que no tan memorizado y aprendido?-Suspiro-
-Ademas algunas partes del libro se utiliza magia para completar las palabras incompletas. Dígame, en la pagina cinto ocho, ¿Qué magia utilizo para completar las frases?
Lloyd enojado, pone el libro en su sitio, quería contestar, pero era algo que el no sabia.
La vena de la sien de Lloyd comenzó a palpitar con una violencia casi peligrosa. La sonrisa perfecta y serena de Mitordi era, sin lugar a dudas, el mecanismo de tortura más eficiente que jamás había presenciado en todo el reino.
—¡Esas... esas eran simples anomalías tipográficas! —escupió Lloyd, cruzándose de brazos y levantando la mentón para disimular que la falta de sueño lo estaba matando por dentro—. Como ingeniero, me enfoco en la estructura lógica del flujo mágico, no en adivinanzas poéticas o trampas de tinta. ¡Cualquiera sabe que los textos tan antiguos suelen tener vacíos por el deterioro del papel!
—Una explicación brillante para evitar admitir que no pudo pasar del índice —respondió Mitordi, cerrando suavemente el volumen que tenía entre las manos. El chasquido de las páginas al juntarse resonó en el silencioso recinto como un mazo judicial—. Aunque debo reconocer que su terquedad es fascinante. La mayoría de los nobles habrían tirado el libro por la ventana a la media hora.
Lloyd apretó los puños, avanzando un paso hasta quedar justo al lado de la mesa del príncipe. Estaba furioso, pero el aroma a lavanda y el aspecto impecable de ese zorro rubio no hacían más que alimentar una irritación mucho más profunda y difícil de catalogar.
—Escúchame bien, su majestad —dijo Lloyd, inclinándose lo suficiente para que solo el príncipe pudiera escucharlo, ignorando por completo el protocolo real—. Nadie supera a Lloyd en un reto intelectual. Si ese libro necesita magia para ser leído, entonces encontraré la forma de extraerla, aunque tenga que construir un artefacto que canalice el mana por mecatrónica pura.
Mitordi ladeó la cabeza hacia la voz de Lloyd. A pesar de los vendajes que cubrían sus ojos, por un segundo pareció que lo estaba mirando directamente a la cara, analizando la distancia entre ambos.
—¿Una promesa, señor ingeniero? —murmuró el príncipe, dejando ver una sonrisa juguetona—. Cuidado. En este palacio, las promesas hechas a la realeza suelen costar muy caras. Y me temo que usted ya me debe bastante por hacerme perder el tiempo.
Acaricio su cabeza, su pelo semi-rojizo, algo revuelto.
-Si al día siguiente no entiendes la pagina uno hasta la diez, serás mi ingeniero, así que no tendrás que ayudar a otras personas, aunque eso te beneficiaria mucho, yo pago muy bien a mis trabajadores. Incluido mis 300 sirvientas del palacio. ¿Qué tal?
Lloyd sintió un escalofrío recorrerle la columna en cuanto los dedos de Mitordi tocaron su cabello. Por un segundo se quedó completamente petrificado, con los ojos abiertos de par en par y las mejillas ardiendo en un sonrojo rabioso que amenazaba con volver su cara tan roja como su pelo.
¡¿Pero qué le pasa a este tipo?! ¡Me está tratando como si fuera un perro de cobro!, pensó Lloyd, sintiendo que el ego se le desmoronaba en mil pedazos. Quiso apartarse de un brinco, pero las últimas palabras del príncipe frenaron de golpe su instinto de huida.
«Pago muy bien... 300 sirvientas... mi ingeniero personal».
Los engranajes en la mente de Lloyd comenzaron a girar a una velocidad destructiva. El cálculo financiero borró en un segundo el sonrojo de indignación, reemplazándolo por una mirada de codicia pura.
Un presupuesto exclusivo de la corte personal del príncipe. Sin tener que lidiar con barones tacaños ni alcaldes que piden descuentos. Un cheque en blanco con el sello real.
—¿Su... su ingeniero exclusivo? —repitió Lloyd, tratando de mantener un tono firme a pesar de la mano que aún despeinaba suavemente sus mechones—. Debería saber que mis honorarios son exorbitantes, su alteza. No trabajo por simple prestigio ni por medallas de honor.
Mitordi retiró la mano despacio, guardándola entre las mangas de su carísima túnica mientras mantenía esa sonrisa ladina.
—El dinero jamás ha sido un problema para mí, Lloyd —dijo el príncipe con suavidad—. La verdadera pregunta es: ¿tiene la capacidad para descifrar esas diez páginas en veinticuatro horas, o debo empezar a redactar su contrato de servidumbre desde ahora?
Lloyd dio un paso atrás, acomodándose el cabello con un gesto rápido y un chispazo de determinación asesina en los ojos.
—Considere esas diez páginas traducidas, explicadas y encuadernadas para mañana a primera hora —sentenció Lloyd, señalándolo con el índice—. Y prepare el cofre de oro, majestad. Porque cuando termine, no solo le voy a cobrar el trabajo, sino también el costo por haberme tocado el pelo.
Sin esperar respuesta, Lloyd tomó el libro con fuerza, dio media vuelta y salió hecho una furia de la biblioteca, decidido a no dormir absolutamente nada esa noche con tal de arrancarle cada moneda a ese zorro rubio.
FIN DEL CAPITULO.
Thoughts
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PermalinkLa arrogancia de Lloyd es linda. Veinticuatro horas para descifrar un libro de magia. El chico no se da ni cuenta de que está enamorado.
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PermalinkLlevo veintiséis años viendo gente que cree que puede pilotar lo impredecible. Lloyd me recuerda a un gerente que tuve, pero con mala suerte. Mitordi ya adivinó sus movimientos antes de que los hiciera.
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PermalinkIncreible la quimica que tienen. Gracias por compartir el capitulo! ¿Vas a publicar la segunda parte?
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PermalinkEste Lloyd cree que puede calcular todo. Spoiler: no va a poder. Mitordi juega en otra liga.
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PermalinkMitordi lo tiene completamente desarmado. Lloyd pensaba que podía ganar con lógica pura, pero ese príncipe vio todo venir. La química entre ellos es genial.
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