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El mejor ingeniero del mundo y diferentes rutas.

KIONOWO
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(ADVERTENCIA: EL CONTENIDO ES BL LOVE BOYS, SI NO TE GUSTA ESTE CONTENIDO POR FAVOR NO LO LEEAS, GRACIAS POR SU ANTECION.)

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Pensamiento

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Ovid

Javier volviendo de su segundo día de descanso con el periódico en la mano, y preguntando primero si su sueldo sigue en pie, fue lo que más me hizo reír. Apuesto a que en la boda termina organizándolo todo él mientras Lloyd cuenta invitados. Gracias por s

Javier volviendo de su segundo día de descanso con el periódico en la mano, y preguntando primero si su sueldo sigue en pie, fue lo que más me hizo reír. Apuesto a que en la boda termina organizándolo todo él mientras Lloyd cuenta invitados. Gracias por seguir subiendo la serie, ya van cinco capítulos!

Contenido de la publicación

(ADVERTENCIA: EL CONTENIDO ES BL LOVE BOYS, SI NO TE GUSTA ESTE CONTENIDO POR FAVOR NO LO LEEAS, GRACIAS POR SU ANTECION.)

CAPITULO 5-6:

En el capitulo anterior, bueno ya se sabe. Pero Lloyd, por ordenes de la realeza y el mismo príncipe, ahora los dos están comprometidos, y esta noticia no solo fue una noticia grande para nosotros, si no para alguien que no se esperaba. Javier.

La noticia del rompimiento del tratado diplomático y el posterior anuncio del nuevo compromiso oficial del príncipe no tardó ni veinticuatro horas en sacudir los cimientos del palacio. Pero lo que realmente dejó a la corte sin aliento fue el nombre del futuro consorte real: Lloyd Frontera.

El sol de la mañana filtraba sus rayos sobre el comedor privado. Lloyd vestía un nuevo conjunto de gala confeccionado en terciopelo azul noche, aunque la elegancia de la prenda no impedía que mantuviera su postura encorvada sobre la mesa, devorando tostadas con mermelada como si el mundo fuera a terminarse. Tras la tormenta de lágrimas del día anterior, el pelirrojo alternaba entre una felicidad radiante y ataques repentinos de pánico financiero.

—¡Es un desastre logístico! —protestó Lloyd con la boca medio llena, señalando el techo con su tenedor mientras tú lo observabas con una sonrisa entretenida detrás de tu venda—. ¡La reina Celestia va a cobrarme impuestos por impuesto de bodas nobles! ¡Y la lista de invitados! ¡Si invitas a la alta aristocracia, el costo por platillo va a arruinar el fondo de reserva de la construcción del puente!

Antes de que pudieras responder o calmarlo con otra caricia en la cabeza, las pesadas puertas de roble del comedor se abrieron de par en par.

Javier cruzó el umbral. El caballero, que apenas llevaba un día disfrutando de sus idílicas dos semanas de vacaciones pagadas, vestía ropa de calle impecable. Sin embargo, su habitual rostro sereno y casi divino mostraba una expresión que nadie en el reino había visto jamás: una mezcla de absoluto desconcierto, parálisis existencial y un tic imperceptible en el ojo izquierdo.

Sostenía en la mano el periódico oficial de la capital con el sello real aún fresco.

—Señor Lloyd... Su Alteza... —articuló Javier con una voz monótona, avanzando a paso lento como un espectro—. Me encontraba en la taberna disfrutando de mi segundo día de descanso... cuando el pregón real anunció la cancelación de la boda con la princesa extranjera.

Lloyd tragó saliva ruidosamente, poniéndose rígido en su silla y ocultando la mitad de su rostro rojo detrás de su copa de jugo.

—Ah... Javier... qué rápido volviste... —murmuró el pelirrojo, riendo de forma nerviosa—. Ya sabes cómo es la diplomacia... muy impredecible...

Javier levantó el periódico, señalando con un dedo tembloroso el titular en letras doradas: «EL PRÍNCIPE ANUNCIA SU COMPROMISO CON EL INGENIERO REAL, LLOYD FRONTERA».

—Me retiré solo veinticuatro horas —continuó Javier, mirando fijamente a Lloyd como si intentara descifrar un problema matemático imposible—. Lo dejé solo veinticuatro horas para que llorara en su habitación. Y cuando regreso... ¿es usted la futura pareja del príncipe de este reino?

—¡N-no me miré así! —chillé Lloyd, golpeando la mesa y poniéndose tan rojo como su cabello—. ¡Fue una reestructuración de emergencia del contrato personal! ¡Él me lo pidió! ¡Él canceló la otra boda y me dijo que me amaba! ¡¿Qué querías que hiciera, rechazar una oferta de liquidación emocional y financiera de esta magnitud?!

Javier se llevó una mano a la sien, cerrando los ojos por unos segundos mientras procesaba que su jefe, el hombre más ruidoso, tacaño y obsesionado con la tierra del reino, ahora iba a ser la máxima autoridad consorte de la corona.

—Su Alteza... —dijo Javier, girándose hacia ti y haciendo una reverencia lenta y resignada—. Le ruego que me confirme si esto significa que mi sueldo quintuplicado y mis vacaciones siguen en pie... o si ahora debo dirigirme al señor Lloyd como "Su Excelencia el Consorte Mecatrónico".

-Todo será igual, tus vacaciones y tu sueldo. Y como llamar a Lloyd, solo diré por su nombre y ya. Ademas mi hermana salió igual de sorprendida que tu, pero acepto la relación eso si...Lloyd mi hermana te dejo unos trabajos que hagas, pues esta un poquito enojada contigo.

Las palabras salieron de tus labios con una calma que contrastaba cómicamente con el caos absoluto que reinaba en la habitación.

—Todo será igual, Javier. Tus vacaciones y tu sueldo siguen intactos. Y sobre cómo llamar a Lloyd... solo dile por su nombre y ya.

Javier soltó un suspiro tan profundo que pareció liberar el peso de la galaxia entera de sus hombros. Su postura rígida se relajó de inmediato y, recuperando su característica elegancia, hizo una reverencia perfecta.

—Como ordene, su alteza. Mientras mi periodo de descanso y mi salario no sufran alteraciones por las crisis románticas de mi señor, apoyaré esta sagrada unión con mi espada y mi más rotundo silencio.

—Además... —añadiste, girando la cabeza hacia el pelirrojo con una sonrisa traviesa que se adivinaba perfectamente debajo de la venda—. Mi hermana salió igual de sorprendida que tú, pero aceptó la relación. Eso sí... Lloyd, mi hermana te dejó unos trabajos que hacer, pues está un poquito enojada contigo por todo esto
El ambiente en el comedor se congeló de golpe. La porción de tostada con mermelada se resbaló de los dedos de Lloyd, aterrizando con un golpe sordo sobre el plato de porcelana. Su rostro, que apenas unos segundos antes competía con el color de su cabello, palideció hasta adquirir un tono horriblemente espectral.

—¿T-trabajos...? —tartamudeó Lloyd, retrocediendo en su silla como si el mismísimo demonio le acabara de susurrar al oído—. ¡¿Un poquito enojada?! ¡Su alteza, esa mujer es la reina Celestia! ¡Su "poquito enojada" significa que me va a hacer calcular el presupuesto de la reconstrucción de los acueductos del sur usando únicamente un ábaco roto y tierra mojada! ¡¿Qué clase de monarca le regala a su futuro cuñado trabajos forzados el primer día de su compromiso?!

Soltaste una leve carcajada, apoyando la cadera contra el borde de la mesa. Era imposible no disfrutar del modo en que el invencible, calculador y arrogante ingeniero colapsaba dramáticamente ante las tareas administrativas de tu hermana.

—Es el precio a pagar por cancelar un tratado internacional y robarle el prometido a una princesa extranjera, Lloyd —dijiste con diversión, extendiendo la mano para despeinarle suavemente el cabello—. Solo es una auditoría completa del palacio de verano y la revisión de un par de puentes fronterizos. Lo terminarás en un parpadeo.

Javier, con una imperceptible y maliciosa media sonrisa dibujada en su estoico rostro, retrocedió lentamente hacia la puerta.

—Si me disculpan, los dejaré disfrutar de las dulces mieles del compromiso real —anunció el caballero, con la mano ya en el picaporte—. Que tenga un productivo día de auditoría, Lloyd.

—¡Javier, maldito traidor, no me dejes a solas con los impuestos de la reina! —bramó el pelirrojo, agarrándose la cabeza con ambas manos.

Sin embargo, cuando tus dedos bajaron de su cabello para acariciar su mejilla con ternura, los gritos histéricos de Lloyd murieron en su garganta. El pelirrojo soltó un largo suspiro de derrota, cerrando los ojos al sentir tu tacto, y se inclinó hacia tu mano, asumiendo que incluso lidiar con la furia burocrática de la reina Celestia valía absolutamente la pena si al final del día podía regresar a ti.

La noche previa a la gran ceremonia envolvía los aposentos reales en un silencio cálido y apacible. La venta azul y blanca ya descansaba sobre la mesa de noche, permitiendo que tus ojos arcoíris iluminaran suavemente la penumbra con sus destellos iridiscentes.

La pregunta flotó en el aire, ligera pero certera.

—Mañana nos casaremos... ¿estás nervioso, Lloyd? —dijiste con una voz suave, acercándote a él para plantar un beso pausado en sus labios mientras tu mano bajaba con delicadeza a acariciar su cintura.

El toque de tus dedos y el calor de tus labios desarmaron por completo al pelirrojo. Lloyd se estremeció levemente, dejando escapar un suspiro entrecortado mientras sus manos, temblorosas por primera vez en semanas, subían para aferrarse a la tela fina de tu camisa.

Su rostro ardía en un rojo encendido que contrastaba con la penumbra de la habitación, pero sus ojos pelirrojos no se desviaron ni un solo segundo de tu deslumbrante mirada multicolor.

—¿N-nervioso yo? —mulló Lloyd, intentando armarse con su habitual tono altanero, aunque la voz se le quiebro bruscamente en medio de la frase—. ¡Por favor, su alteza! He dirigido obras de ingeniería bajo tormentas, he enfrentado a nobles morosos y he sobrevivido a la lista de tareas imposibles de la reina Celestia... ¡Un matrimonio real no es nada en comparación!

Sin embargo, al sentir la firmeza con la que sostenías su cintura y la calidez desbordante que emanabas, Lloyd no pudo mantener la mentira por más de tres segundos. Soltó un largo suspiro de rendición y dejó caer su frente contra tu hombro, escondiendo la cara en tu cuello.

—Está bien... me estoy muriendo de pánico —admitió en un susurro ahogado, apretando los puños contra tu espalda—. Todo el reino va a estar ahí mañana. Los diplomáticos, la aristocracia, los guardias... y todos me van a mirar pensando qué demonios hace un ingeniero tacaño y ruidoso casándose con el príncipe de este país.

Hizo una pausa, levantando ligeramente la cabeza para mirarte a los ojos, recorriendo cada tono de arcoíris que brillaba en tus pupilas. Una sonrisa genuina, profunda y llena de una ternura que jamás creyó capaz de sentir, se dibujó en sus labios.

—Pero luego me acuerdo de que al final de la ceremonia... voy a ser oficialmente tuyo —continuó Lloyd en un hilo de voz, acariciando con sus dedos la curva de tu mandíbula—. Y que no me importa nada más. Ni los juicios de los nobles, ni el protocolo, ni las montañas de oro que me costará la fiesta... Si es contigo, su alteza, acepto este contrato de por vida.

Apretándose un poco más contra ti en el regazo, Lloyd volvió a buscar tus labios por iniciativa propia, entregándose a un beso cálido y suave que disipó el último rastro de sus nervios, listo para enfrentar el día de mañana a tu lado.

-Bueno...también invite a tus padres a venir verdad, también se lo deben perder no? Yo me siento muy alegre.- Cargo a Lloyd y le doy una vuelta en el aire.

-Pero...Yo también me pregunto de porque me estoy casando contigo, y no alguien de mi rango y sea mas tranquilo.

El giro en el aire fue repentino y tomó a Lloyd totalmente desprevenido. Con un pequeño grito ahogado de sorpresa, sus manos se aferraron instintivamente a tus hombros mientras el mundo daba una vuelta rápida a su alrededor.

Al pisar de nuevo el suelo —aún bien sujeto entre tus brazos y con el peinado despeinado por el movimiento—, el pelirrojo parpadeó torpemente. La sola mención de sus padres hizo que la calidez en sus orejas se intensificara, pero la sola idea de que estuvieran presentes en la boda de la corte real le daba un alivio tan profundo como aterrador.

—¿In-invitó a mis padres...? —murmuró Lloyd con la voz entrecortada por la sorpresa, sintiendo que un nudo cálido se le formaba en la garganta—. Su alteza... usted de verdad piensa en absolutamente todo... Mi madre probablemente vaya a llorar durante toda la ceremonia y mi padre intentará pedirle un préstamo con interés cero para la finca, pero... gracias. De verdad, gracias.

Sin embargo, tus siguientes palabras rompieron el ambiente dulce como un cubo de agua helada sobre su orgullo.

—Pero... Yo también me pregunto de por qué me estoy casando contigo, y no con alguien de mi rango y que sea más tranquilo.

Lloyd se congeló por completo. Sus ojos pelirrojos se abrieron de par en par, fijos en la brillantez iridiscente de tus ojos arcoíris. Durante dos segundos exactos, el silencio reinó en la habitación, mientras el procesador mental del ingeniero calculaba la gravedad de semejante acusación.

—¡¿Cómo que "alguien más tranquilo"?! —bramó Lloyd de golpe, el rubor de timidez transformándose al instante en una furia cómica y dramática mientras te daba un empujón sin fuerza en el pecho—. ¡¿Se está arrepintiendo ahora, a menos de doce horas de la boda?! ¡¿Se atreve a cuestionar la dinámica de esta relación cuando fue USTED el que canceló un tratado diplomático internacional para no dejarme ir?!

El pelirrojo se cruzó de brazos, poniendo una mueca indignada y desviando la mirada con dramatismo hacia el techo de los aposentos reales.

—Alguien de su "rango" y "tranquilo"... ¡Bah! ¡Qué aburrido sería su reino! —continuó recitando Lloyd en un tono teatral, aunque una pequeña y torcida sonrisa comenzaba a traicionarlo en la comisura de los labios—. Un noble estirado solo le hablaría de poesía barata y etiqueta de té. En cambio, yo le calculo la resistencia de los puentes, le cobro las deudas a los morosos, le salvo la tesorería ¡y soy la única persona en este mundo que se atreve a llamarle zorro engreído a la cara sin miedo a terminar en la mazmorra!

Con un suspiro resignado pero lleno de un afecto innegable, Lloyd volvió a dar un paso hacia ti, acortando la distancia y buscando de nuevo la calidez de tu regazo. Apoyó las manos en tu pecho, mirándote de frente con esa mezcla única de insolencia y devoción absoluta.

—Además... no mienta, su alteza —susurró en un tono más bajo y dulce, inclinándose para rozar sus labios con los tuyos—. Le encanta el desastre que traigo a su vida. Así que ahora se aguanta, porque mañana este "asistente ruidoso y sin rango" se convierte en su consorte de por vida. Sin devoluciones.

-Solo era una broma, me gusta mucho como eres y no te cambiaria por nada- Le doy otro beso, para luego separarme de el lentamente.

-Que tal si vamos a caminar por un rato? si eso será.- Cargo a Lloyd para luego salir de la habitación.

La risa suave que escapó de tus labios trajo consigo un alivio inmediato para Lloyd. Al escuchar tus palabras sinceras —«Solo era una broma, me gusta mucho cómo eres y no te cambiaría por nada»—, la postura rígida y defensiva del pelirrojo se derrumbó por completo. El calor en sus orejas se avivó, pero esta vez fue por una timidez genuina y dulce que no pudo ocultar.

El beso que le diste a continuación fue lento y profundo, un sello tranquilo que desarmó cualquier rastro de duda que le quedara sobre lo que sentías por él. Cuando te separaste despacio, Lloyd se quedó un segundo con los ojos entornados y los labios entreabiertos, tratando de recuperar el aliento.

—Zorro malvado... no se juega con la salud mental ni el presupuesto de un ingeniero a estas horas de la noche —murmuró Lloyd en un hilo de voz, aunque la sonrisa boba que llevaba dibujada en el rostro lo traicionaba por completo.

—¿Qué tal si vamos a caminar por un rato? Sí, eso será.

Antes de que Lloyd pudiera reaccionar o poner un solo pie en el suelo, lo cargaste en brazos sin el menor esfuerzo.

—¡O-otra vez no! ¡Su alteza! —chilló Lloyd en un susurro ahogado, aferrándose al instante a tu cuello para no perder el equilibrio mientras tus ojos arcoíris brillaban con diversión en la penumbra—. ¡Sé caminar perfectamente! ¡Si los guardias del pasillo nos ven a estas horas de la noche me voy a morir de la vergüenza antes de llegar al altar!

A pesar de sus protestas llenas de dramatismo, no hizo el menor intento por soltarse. Al contrario, se acomodó contra tu pecho, escondiendo la cara en la curva de tu cuello mientras cruzabas el umbral de los aposentos reales para salir a los pasillos del palacio.

La noche estaba tranquila y fresca. El viento suave del jardín traía el aroma a jazmines y flores nocturnas, mientras la luz plateada de la luna iluminaba el camino de mármol. Mientras caminaban, la respiración de Lloyd se volvió lenta y pausada. Apretó suavemente la tela de tu ropa con una mano, disfrutando del compás firme de tus pasos y de la paz que solo tú lograbas transmitirle.

—Si mañana la ceremonia sale bien... y mis padres no causan un desastre diplomático... —susurró Lloyd con la voz adormilada y cálida contra tu piel—... prometo que seré un buen consorte. Y le construiré el puente más hermoso que este reino haya visto jamás, su alteza. Solo para usted.

-Deja de llamarme alteza, llámame por un nombre o un apodo, después de todo mañana nos casamos. Espera...-Bajo a Lloyd de mis brazos para luego con rapidez saco una carta en el bolsillo de Lloyd, esa carta era para mi.

Lloyd me lo quiso arrebatar pero yo corri para que no me atrape, mientras leía.

-"Para mi gran amor" ¿Enserio soy tu gran amor jajaja.- Decía mientras corría.

—¡O-oiga! ¡Devuélvame eso! ¡Su alt... digo, ¡zorro tramposo! ¡Eso es violación de la privacidad de un ciudadano y futuro consorte real!

El grito de Lloyd resonó por los pasillos de mármol, rompiendo en mil pedazos el romanticismo de la caminata nocturna. Al verse descubierto con las manos en la masa —o más bien, con la carta en el bolsillo—, el pelirrojo se olvidó por completo de la vergüenza, de la elegancia y de la cansancio, lanzándose a correr detrás de ti con el rostro ardiendo en un tono rojo tan intenso que casi brillaba en la penumbra del corredor.

Tus zancadas ágiles y la ventaja de no tropezar te mantenían fácilmente fuera de su alcance, mientras desplegabas el papel con una mano y leías en voz alta entre risas.

—"Para mi gran amor" ¿En serio soy tu gran amor? ¡Jajaja!

—¡Cállese! ¡No siga leyendo! —chilló Lloyd, dando un salto desesperado en un intento vano de arrebatártela, pero terminando por tropezar con el borde de su propio abrigo largo de seda—. ¡Esa carta no era para que la leyera hoy! ¡Era un borrador! ¡Un análisis de riesgo emocional sin revisar! ¡Le faltan correcciones técnicas y presupuestarias!

Sosteniendo la carta en alto, tus ojos arcoíris leyeron rápidamente las líneas torcidas pero profundamente sinceras escritas con la inconfundible letra del ingeniero. Entre quejas sobre lo caótico que era el palacio y cálculos matemáticos sobre lo caro que resultaba el amor, Lloyd había redactado con el corazón desnudo lo mucho que cambiaste su vida desde el primer día, confesando que jamás se había sentido tan seguro, admirado y profundamente enamorado como cuando estaba a tu lado.

Lloyd se detuvo a pocos metros de ti, apoyando las manos sobre sus rodillas mientras intentaba recuperar el aliento. Tenía el cabello rojo despeinado, la camisa de tul desordenada por la carrera y una expresión que oscilaba entre la humillación absoluta y la ternura desarmada.

—Es un juego sucio... —murmuró Lloyd en un hilo de voz ahogada, tapándose la cara con ambas manos para ocultar el desastre de su sonrojo—. Me pide que le diga por su nombre... me baja de sus brazos... ¡y me roba una carta donde admito que soy completamente suyo! ¿Así es como me va a tratar cuando seamos esposos?

Avanzó a paso lento hacia ti, esta vez sin intenciones de correr. Con los dedos temblorosos, bajó despacio la mano con la que sostenías la carta y te miró directamente a los ojos arcoíris, dejando escapar un largo suspiro derrotado pero infinitamente dulce.

—Está bien... tú ganas —susurró Lloyd, acercándose lo suficiente para que sus frentes volvieran a tocarse en la brisa de la noche—. Ya lo leíste, así que no hay vuelta atrás... Mi gran amor.

—¡¿Un dibujo?! —exclamé, dando un paso atrás con agilidad mientras desplegaba la esquina inferior de la hoja—. ¡A ver!

—¡NO! ¡Eso no! ¡El dibujo no! —chilló Lloyd de inmediato, dando un brinco desesperado en el aire con los brazos extendidos para intentar taparme la vista—. ¡Es un esquema técnico sin terminar! ¡No tiene las proporciones de un retrato oficial! ¡Un ingeniero no dibuja rostros, dibuja planos de carga! ¡Devuélvamelo o juro por la tesorería real que le voy a cobrar honorarios de derechos de autor!

En la parte inferior del pergamino, al lado de unos cuantos cálculos de resistencia de materiales, Lloyd había garabateado con trazo rápido pero extrañamente detallado una figura: era yo, recostado contra el ventanal, portando la venda en los ojos pero rodeado de un pequeño boceto de estrellas y flores. La atención al detalle delataba las horas que el pelirrojo había pasado simplemente observándome en silencio cuando se suponía que estaba concentrado en sus balances de cuentas.

Las voces suaves de dos sirvientas que caminaban por el balcón del segundo piso reverberaron en el vestíbulo nocturno, interrumpiendo por un segundo nuestro forcejeo cómico.

—¿El príncipe está molestando a su futuro esposo? —comentó una de ellas, asomándose apenas para ver la escena y sonriendo con ternura—. De verdad que no cambia...

—Al menos regresó a ser como era antes... —suspiró la otra, juntando las manos sobre el delantal de seda—. Desde la muerte de su madre no lo veíamos así de alegre... Me alegro mucho por él.

Lloyd se congeló a mitad de un salto. Las palabras de las sirvientas flotaron en el pasillo y se clavaron directamente en el pecho del ingeniero. Su intento por arrebatarme la carta se detuvo de golpe. Se quedó parado frente a mí, con los brazos cayendo despacio a sus costados y los ojos pelirrojos abiertos de par en par, pasando de la humillación cómica a una sorpresa profunda y silenciosa.

El pelirrojo tragó saliva. Miró hacia el balcón donde las sirvientas ya se alejaban a paso silencioso y luego volvió a fijar la vista en mí. Sus ojos recorrieron las facciones de mi rostro, la soltura de mi sonrisa y el brillo irisado de mi maná multicolor que iluminaba la penumbra del corredor.

—Su madre... —murmuró Lloyd en un hilo de voz casi imperceptible, desprovisto de todo dramatismo.

Avanzó los dos pasos que nos separaban y, sin importarle la carta ni el dibujo que tanto intentaba ocultar, extendió ambas manos para tomar con delicadeza mi rostro entre sus palmas. Sus dedos temblaron apenas un poco sobre mis mejillas mientras su mirada se suavizaba en una calidez transparente y sin defensas.

—Conque era eso... —susurró con una ternura inédita, apoyando suavemente su frente contra la mía mientras me miraba fijamente a los ojos arcoíris—. No me importa cuántos bocetos vergonzosos o cartas ridículas tengas que leerme para seguir sonriendo así. Si estar conmigo te devuelve la alegría... puedes burlarte de mis dibujos todas las veces que quieras.

-No se de que me hablas...gatito.-Le doy un beso mas posesivo mientras acaricio sus caderas.

-disculpa quize decir Lloyd...

El cambio de apodo y la firmeza de tu agarre tomaron a Lloyd completamente por sorpresa. Ante la calidez de tus manos acariciando sus caderas con una intención clara y posesiva, la respiración del pelirrojo se cortó en un jadeo ahogado.

El beso, mucho más profundo e intenso que los anteriores, borró de un plumazo toda la sorpresa en su mente. Las piernas de Lloyd amenazaron con ceder por un segundo, obligándolo a aferrarse con fuerza a tus hombros para no perder el equilibrio. Sus orejas y su cuello ardieron en un tono carmesí brillante, y cuando finalmente te separaste despacio para corregir tu frase, el ingeniero se quedó mirándote con los labios entreabiertos, completamente desarmado y con los ojos cristalinos por la intensidad del momento.

—¿G-gatito...? —tartamudeó Lloyd, intentando recuperar el aliento mientras tus manos permanecían firmes en sus caderas—. ¡¿Cómo que "gatito"?! ¡Soy un profesional de la ingeniería civil, no un felino doméstico, zorro atrevido!

Sin embargo, a pesar de su protesta fingida, Lloyd no hizo la menor fuerza para alejarse de tu contacto. Al contrario, dejó caer el peso de su cuerpo hacia adelante, apoyando la frente contra tu pecho mientras dejaba escapar un suspiro rendido y extrañamente satisfecho. Sus manos subieron hasta tu nuca, acariciando suavemente los mechones de tu cabello.

—No se ponga a inventar apodos extraños justo la noche antes de la boda... —murmuró en un hilo de voz cálido y divertido, escondiendo la cara en tu cuello—. Aunque... viniendo de ti... supongo que tendré que acostumbrarme a tus ocurrencias.

Se separó apenas un par de centímetros, mirándote de frente a los ojos arcoíris con una sonrisa boba y una chispa de picardía que no pudo contener.

—Pero más le vale llevarme de vuelta a la habitación ahora mismo, su alteza... porque si nos encontramos a más sirvientas o a la reina a estas horas de la madrugada, no habrá dibujo ni carta que me salve de morir de la vergüenza antes de decir "sí, acepto".

-Llevarte a tu habitación? Bien, eso hare.

Te inclinas con elegancia y, en un movimiento fluido, levantas a Lloyd en brazos sin el menor esfuerzo. El pelirrojo suelta un pequeño ahogo de sorpresa, pero esta vez se acomoda de inmediato contra tu pecho, enredando sus brazos en tu cuello mientras avanzan a paso firme por los tranquilos pasillos de mármol del palacio.

Al cruzar la puerta de sus nuevos aposentos reales, lo depositas sobre la amplia cama con una suavidad absoluta. Las sábanas de seda lo reciben en medio de la penumbra iluminada únicamente por la luz de la luna que entra por la ventana.

—Que tengas buenas noches —dices con voz serena, arreglando con delicadeza un mechón de su cabello rojo.

Das un paso hacia atrás como si fueras a retirarte, pero te detienes justo antes de llegar al umbral. Te giras hacia él con una sonrisa juguetona que se adivina en tu rostro y lanzas la pregunta al aire:

—Ah, es verdad... Si mañana es nuestra boda, ¿también tendremos luna de miel?

Lloyd, que ya se estaba acomodando entre las cobijas con un largo suspiro de alivio, se congela al instante.

El impacto de la palabra "luna de miel" hace que su cerebro colapse por completo. Su rostro pasa de la palidez al rojo carmesí más intenso de la noche en cuestión de un segundo. Se incorpora de golpe en la cama, señalándote con un dedo tembloroso mientras intenta articular una respuesta decente.

—¡¿L-LUNA DE MIEL?! —chilló Lloyd en un susurro desesperado para no despertar a medio palacio, agarrando una de las almohadas y abrazándola contra su pecho como si fuera un escudo protector—. ¡¿E-en qué demonios está pensando a pocas horas de la ceremonia?! ¡El presupuesto para un viaje de bodas no estaba incluido en la planificación financiera inicial! ¡La reina Celestia no aprobó ninguna solicitud de viáticos para días adicionales de descanso!

Sin embargo, al ver el brillo de tus ojos que parecen sonreírle desde la penumbra, el pelirrojo pierde toda su postura defensiva. Esconde la mitad de su rostro sonrojado detrás de la almohada, desviando la mirada hacia las cortinas con las orejas ardiendo.

—A-además... —continuó en un murmullo dulce, apenas audible y totalmente desarmado—... si tú la organizas... supongo que no podré negarme. Pero más te vale elegir un lugar tranquilo... donde no haya balances de cuentas, ni nobles, ni puentes que revisar... solo nosotros dos.

Lloyd se vuelve a recostar despacio, mirándote de reojo desde la cama con una sonrisa cálida que no puede ocultar.

—Ahora vete a dormir, zorro atrevido... que mañana tengo que estar presentable para convertirme oficialmente en tu esposo.

FIN DEL CAPITULO

Thoughts

  • Ovid

    Javier volviendo de su segundo día de descanso con el periódico en la mano, y preguntando primero si su sueldo sigue en pie, fue lo que más me hizo reír. Apuesto a que en la boda termina organizándolo todo él mientras Lloyd cuenta invitados. Gracias por seguir subiendo la serie, ya van cinco capítulos!

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  • SoledadArrieta

    Entendí que Javier vuelve de vacaciones y lo único que le importa es que su sueldo quintuplicado siga en pie, y me pareció lo más sensato del capítulo. No me quedó claro si la auditoría del palacio de verano se termina antes de la boda. Mi apuesta es que Lloyd la deja a medias y la reina se lo cobra en la ceremonia.

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