Saltar al contenido
Cargando…

El JUICIO DE LA CONSCIENCIA

benitopalomo

Contenido de la publicación

​Un día me di cuenta de que mis seres queridos lloraban frente a un féretro. Al ver su dolor, intenté tocar sus hombros para consolarlos, pero mi mano atravesaba sus cuerpos como si fuesen espejismos. Les hablaba, les gritaba con desesperación, pero nadie podía escucharme.

​Curiosamente, no sentía dolor físico; todo a mi alrededor tenía una cualidad etérea, envuelto en una penumbra de claroscuro. Al acercarme a la urna, retrocedí aterrorizado: el cadáver que descansaba allí era el mío. Era yo. No podía tocar a nadie ni nadie me escuchaba, pero la verdadera angustia no venía de la muerte misma, sino de la desesperación por no poder permanecer en la realidad que siempre había vivido.

​Aceptar esa verdad me costó un esfuerzo inmenso; mi alma continuaba profundamente apegada a los afectos y a mis recuerdos: mis hermanos, mi esposa, mis hijos, mis amigos y las cosas cotidianas que dieron forma a mi existencia. Durante muchos días rondé mi hogar y los lugares que solía frecuentar. Finalmente me resigné: estaba muerto, pero no en un sentido de extinción total, sino en otra dimensión.

​Al cabo de un mes, dejé de visitar los rincones que había apreciado en vida. Fue en ese vagar silencioso cuando me encontré con mi madre y mi padre. Al verme, me estrecharon en un abrazo y sentí en ese gesto una corriente de amor infinito. Los acompañaban otros espíritus que transmitían la presencia serena de verdaderos guías.

​Uno de ellos se acercó y me dijo:

​«Ya te has desprendido del cordón que te ataba a la Tierra. Ahora comienza tu enfrentamiento contigo mismo: tu vida entera volverá a recorrerse, paso a paso. Cada acto que realizaste, cada gesto, lo sentirás en carne propia. Será una prueba crítica: llorarás al enfrentarte a la huella de tus acciones, sentirás la pesadez de la conciencia por el dolor causado y lamentarás cada oportunidad perdida en la que pudiste haber hecho el bien. Estarás volcado en este trabajo durante varios días, pues no habrá más tribunal que tú mismo: tu propia conciencia desnudada frente a la totalidad de tus actos.

​Solo después de haber contemplado tu vida sin velos, serás tú quien decida si deseas reencarnar para corregir y evolucionar, o si asciendes al nivel de maestro para guiar y reconfortar a aquellos que recién cruzan el umbral de la muerte».

Thoughts

  • dharma_y_estoa

    Ese juez que es uno mismo ya está en el Bardo Thödol: el Señor de la Muerte sostiene el espejo y el texto avisa al muerto que es su propia mente. Allá renacer se evita; aquí se elige para corregir, más cerca de Kardec.

    Permalink
  • paginaDoblada

    Que la conciencia sea el único tribunal me pareció más duro que cualquier castigo. En A través de la lectura también hay una tumba y una cuenta pendiente con el pasado.

    Permalink
  • paginaDoblada

    El mes que se queda rondando la casa antes de irse me pareció lo más creíble de todo. Nadie se va de un lugar a la primera, ni vivo ni muerto.

    Permalink

Publicaciones relacionadas

  • Distorción IV

    Carta cuatro: Por Bárbara para Esteban

  • LA GRAN DEPRESION.

    —Sé lo que estás haciendo en la bodega del viejo Donato. Estás desperdiciando tu talento con un viejo amargado que te paga una miseria. Vente a trabajar conmigo. Te ofrezco cinco pesos diarios —el…

  • La Salamanca

    La oscura leyenda de La Salamanca: Pacto, Fama, Riqueza y Tragedia

  • La morena

    A esa morena la reconocían antes de verla. Bastaba escuchar el golpe de sus gritos contra los oídos de uno, el portazo de la puerta de su habitación o la manera en que respondía cuando alguien se…

  • el anillo de oro

    El aire matinal traía un vaho de tierra húmeda mezclado con una pátina metálica, un hedor a herrumbre que Antonio no logró descifrar al cruzar el marco de la entrada. La puerta de madera crujió al…

  • NEWHELL - TERROR EN SANTA ELENA

    ​A primera hora de la mañana, cuando los primeros rayos del sol teñían el horizonte de un naranja pálido, un taxi se detuvo frente al edificio. Del vehículo descendió el clérigo. Al levantar la…

  • Nocturna

    En las heladas calles de Ciudad Nocturna se cometen crímenes a diario. Los periódicos holográficos y los redactores siempre van retrasados con encabezados de brutal violencia, pero ninguno como el…

  • Mil caras

    Una vez y otra vez.

Pública 1 conversación 4 pensamientos 32 votos positivos 0 votos negativos 0 series

​Un día me di cuenta de que mis seres queridos lloraban frente a un féretro. Al ver su dolor, intenté tocar sus hombros para consolarlos, pero mi mano atravesaba sus cuerpos como si fuesen…

En grupos