Hay días en que me falta el tiempo
para hacer todo,
y otros en que lo malgasto
en hacer nada.
Mi cuerpo no se mueve,
pero mi mente no para.
Un sinfín de pensamientos
que me paralizan.
«Cierra los ojos,
duerme de una vez».
Pero no consigo dormir,
mi mente me traiciona.
¿Por qué ahora?
¿Qué debo hacer?
Ni para dormir
creo que soy bueno.
No me levanto,
pero tengo que hacerlo.
¿Qué clase de juego es este?
No puedo confiar
ni en mis propios pensamientos.
¿De qué me sirve recordar todo eso?
¿Por qué me abruma tanto
si ya pasó?
¿Qué gano
con quedarme atascado
en aquel momento?
Golpearé mi cabeza contra la muralla,
caeré al suelo,
pero me falta fuerza para hacerlo.
La locura todavía no me gana.
Y pasa otro día,
sin hacer nada.
Otro día perdido,
otro día pensando,
otro día intentando escapar
de una mente
que nunca se detiene.
Quizás mañana sea distinto.
Quizás mañana me levante.
Pero por ahora
cierro los ojos,
respiro en silencio
y dejo que pase la noche.
Otro día sin hacer nada.