Sé que miraste hacia atrás, me buscaste, las yemas de tus dedos sangraron intentando desenterrar mi recuerdo. Te vi desesperado en estas arenas movedizas.
Sé que sabías que yo era el genio, podía convertir tus sueños en realidad, ser tan buena esposa, materializar tus fantasías y curar de tu mente cada herida, solo te pedí que a cambio en mis manos dejes derretir tu ego, que sueltes el escudo y bajes el arma, que aceptes que a partir de ese día yo iba a ser la que te ama; supongo que aquellos piratas que te prometieron oro y putas a cambio de mí cabeza sabían lo que realmente anhelaba tu alma.
Creí en vos, te vestí de seda, vestí de diamantes tu cuello, te proclamé el único humano con el poder de tocar lo divino, el primer y último hombre en tocarme a mí.
Ensuciaste mi sagrado tesoro, prendiste fuego mi reino, robaste mis joyas, revelaste los secretos de las hadas, mataste al último unicornio, hiciste llorar a las sirenas ¿Cómo osas volver a pedirme las llaves del cielo? después de ensuciar tus manos con las mujeres de la noche, ¿todavía crees ser digno de tocar mi bendito jardín?
Soy consciente de que en las noches frías mi nombre mentas, que en los brazos de ellas tiemblas de frío porque nada se compara a mi calor, escuché como rezabas mi nombre y escuché que tu corazón se rompió en mil pedacitos al darte cuenta de que tus plegarias ya no iban a tener mi cálida respuesta.
Yo te advertí que una vez cruces el portón de perlas y rubíes este palacio desaparecería. Se borraron tus huellas, las montañas bailaron, los pájaros volaron al revés, tu reloj empezó a ir para atrás, mis besos se borraron de tu frente y las bendiciones que te di volvieron a mis manos.
De la nada estabas solito, desnudo, perdido en el desierto, tal como naciste, tal como te encontré.