Ese sabor amargo apocalíptico de la última calada del último cigarro de la catejilla es lo que buscaba cada noche para recordar el sabor de tu desdén esa noche de abril donde nos dejamos de encontrar.
Las palabras que utilizaste tenían un sinfín bestial que terminó por dejarme en un abismo deseando volver a sentir la adrenalina de tu amor lunático.
He de confesarme desquiciado por una ruptura, por una confesión pasional con tintes adolescentes que busca la sudoración de los nervios escondidos bajo el ala de la ternura del futuro