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Distorción III

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Pensamiento

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A la gran, la carta de Max es la más triste de las tres porque es el único que ya sabe todo y se queda igual. Esteban se fue al norte para olvidar, Alondra le sigue escribiendo a Antonio, y Max dice que puede vivir con que ella piense en otro. Mi teoría e

A la gran, la carta de Max es la más triste de las tres porque es el único que ya sabe todo y se queda igual. Esteban se fue al norte para olvidar, Alondra le sigue escribiendo a Antonio, y Max dice que puede vivir con que ella piense en otro. Mi teoría es que la siguiente carta la escribe alguien que conoció a Antonio, y ahí se le cae a Max lo que cree saber de ella.

Contenido de la publicación

Carta tres: Por Max para Esteban

“Te extraño y quiero vomitar” (Tramposo amor - Difuntos Correa)

Esteban, he querido escribir esta carta desde que supe que existías. Cuando ella mencionó tu nombre entre medio de otros. Cuando vi el resplandor de su risa cuando contaba su día a tu lado. Cuando me hablaba de todo lo que tenían en común entre ustedes.

Ambos rotos, solos y profundamente dolidos. Tú con tu chica pálida a la cual amaste a pesar de la distancia. Ella con el cielo a sus espaldas donde se esconde el color de los ojos de la persona que ama.

¿Creías que sería tan idiota como para no darme cuenta? Tanto como tú la ves, yo la veo el doble porque me persigue en todas las pesadillas y sueños. Porque es el inicio y el fin de mis angustias. Porque es el amor y el odio conjugado en una sola piel de ojos verdes.

Alondra es el inicio y el fin de mis sueños. Es el ángel y demonio perseguidor. Es mi hada y hechicera en una sola existencia. Es absolutamente todo para mí. Por eso es imposible que alguien como yo no se hubiese dado cuenta de su sentir. ¿Cómo no darme cuenta de que todo esto era un escape para su alma?

Pero a pesar de todo no me arrepiento. No me arrepiento de haberle dado una oportunidad entre mis brazos. Ni mucho menos de caer enamorado en menos de un segundo de su expresión de tristeza. Ni tampoco de darle el control total de mi ser. Ni de entregarle todo de mí.

Ese día… no fue diferente.

Ella llegó con la mirada vacía. Por un segundo pensé que se había encontrado con su exnovio, pero no fue así. Apenas puso un pie en mi habitación, me observó con una dureza irreconocible en su rostro pálido.

—Hagámoslo —ordenó sin titubear.

Me sentí profundamente herido por esa orden.

—Alondra —susurré despacio, tratando de calmarla.

—¿Acaso no me escuchaste? —siseó despacio, tomándome desde la solapa de mi ropa.

Quise detenerla, decirle cualquier cosa u ofrecerle consuelo alguno. Su mirada estaba nublada, perdida dentro de su propia oscuridad. Dije lo primero que pensé al verla tan derrotada.

—Te acostaste con otro —disparé, desesperado por tratar de detenerla. Una mentira. Algo que la hiciera regresar a la normalidad… sin embargo.

Ella me soltó, agachando su mirada. Quise creer que una fugaz lágrima cayó por su mejilla, pero fue rápidamente robada por su mano. Después de ese gesto, me miró a los ojos con su sonrisa macabra que tanto me gusta.

—Sí, ¿y qué? —se aproximó hasta quedar a un centímetro de mi rostro ruborizado—. ¿Vas a terminar conmigo? ¿Me vas a echar? ¿Ya no me querrás?

—Yo… tú… —intenté hablar y solo balbuceé como un idiota. Como su idiota.

—Eres tan patético —mordió mi oreja arrancando un gemido de mi parte—, tan idiota —sus manos volaron hacia mi cintura—, tan débil… ¿Por qué no me detienes ahora?

Un nudo enorme de lágrimas se formó en mi garganta. Pero mi cuerpo reaccionaba como una bomba ante las caricias de Alondra. La pequeña súcubo me tenía bajo su control y no encontraba cómo escapar ante su olor, su piel y el intoxicante sabor de su carne. Me arrodillé para adorarla, para suplicar compasión, para devorar lo que me permitía con su mirada oscura y tenebrosa.

Sí, Esteban. Sé perfectamente que tú te acostaste con ella. O mejor dicho, que Alondra se arrastró bajo tus brazos. Conozco su manera de actuar, de pensar y sentir, aunque ella diga lo contrario. Es muy sencillo caer bajo sus lágrimas, su dolor y sus sonrisas. Porque nada de eso es una mentira, no es una postura para ganar tu afecto, ni una máscara contra el aburrimiento. Ella realmente es así. Un ángel caído del cielo, un demonio de mujer, una pequeña niña abandonada. Yo me enamoré de todas esas facetas sin temer que rompería mi corazón no una, sino mil veces.

¿Crees que te escribo para que sientas celos? Es probable, pero más que nada me gustaría recordarte que ella realmente no es ni tuya ni mía. Ya debes saberlo, ¿verdad? Que mientras está retozando en tu cama o en la mía, su mente se libera, sus ojos se dilatan y evoca a Antonio con todas sus fuerzas. Y así, en medio de ese acto tan íntimo, ella logra acercarse aunque sea un milímetro hacia él.

Por eso no te odio. Porque aunque te hayas acostado con ella… jamás sentirá nada por ti. Alondra vive en otro plano existencial, con su corazón roto y sus ojos vacíos. Dispuesta a hacer cualquier cosa para invocar el olvido, incluso estar cerca de ti. Incluso besarte a ti. Incluso tomar tu mano y sonreír.

Pero nada se iguala al incendio que siente por él.

Sin embargo, tampoco me ama a mí.

Pero yo puedo vivir con eso. Puedo vivir con ella pensando en otro. Puedo vivir con ella aunque sus cartas sean para él. Puedo vivir aunque, cuando ella suspire, sé que no es por mí. Sigo acá, anclado a su alma, intoxicándome con su oscuridad y bebiendo de su luz. Esperando el milagro aunque se me vaya la vida en ello.

Tú no pudiste esperar… ¿verdad?

Se despide, Max.

Thoughts

  • cuento77

    ¡Mare, Max inventa lo de que se acostó con otro para frenarla y le sale verdad! Ese muchacho se cavó el pozo solito.

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  • pochi21

    A la gran, la carta de Max es la más triste de las tres porque es el único que ya sabe todo y se queda igual. Esteban se fue al norte para olvidar, Alondra le sigue escribiendo a Antonio, y Max dice que puede vivir con que ella piense en otro. Mi teoría es que la siguiente carta la escribe alguien que conoció a Antonio, y ahí se le cae a Max lo que cree saber de ella.

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Carta tres: Por Max para Esteban

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