@Miraba la meta como un fuego para espantar los inviernos
@mientras sentía que un gesto cualquiera bastaba para creer,
@dejando los meses enteros en una carrera ciega
@por esperar que una palabra rompiera por fin la distancia.
Creyó que al tocar la cima se arreglarían las cosas adentro,
@ pensó que el pecho no avisa cuando no es correspondido,
@ y apretó las manos sobre una promesa inventada
@ que ya empezaba a deshacerse en el aire sin hacer ruido.
Llegó al final del camino con todo el ruido a su favor
quedando al margen de todo, sin entender qué faltó,
con la copa en la mesa y una piedra dura en el pecho
@ frente a unos ojos calmos que nunca la vieron igual.
Tocó el trofeo brillante y no sintió ningún alivio,
@ guardó las ganas intactas con la garganta apretada,
descubriendo de pronto la trampa de la victoria
cuando el portazo no suena, pero la puerta está cerrada.
Tenerlo todo en la mano le quitó las ganas de buscar,
quedar con las manos vacías le apagó el impulso de dar.
Hoy cuida un cuarto lleno donde nadie responde,
hoy desarma despacio los planes que no van a pasar.
@ Aprende que el éxito no cura las horas rotas,
@ aprende que el cariño no obliga a nadie a quedarse,
y se queda mirando el final sin saber qué hacer con la vida,
@y se queda en silencio tragando lo que nunca fue.