Soy una taza. La más hermosa de la repisa. Cuando me compraste no cabíamos en nuestra felicidad, te veía sonreír diciendo que llevabas mucho tiempo buscándome.
Hoy estoy triste. Lo único que me llena es el polvo y la angustia de ver cómo todas las mañanas llenás a otras, mientras que a mi nunca me diste la oportunidad de mostrar cuánto podía contener por vos. Me tratas como un diamante, me presumís con todos como el mejor de los trofeos... No quiero ser un trofeo, soy una taza.