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Cuarto y último capítulo del libro mediocre del 2018

Flemancoholica
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CHAPTER III : “ LOS SALTAMONTES”

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Pensamiento

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libretanegra

Ella sin poder odiar a Brandy por ser lo que era, un depredador. Esa parte la pensé un buen rato, tal cual.

Ella sin poder odiar a Brandy por ser lo que era, un depredador. Esa parte la pensé un buen rato, tal cual.

Contenido de la publicación

CHAPTER III : “ LOS SALTAMONTES”

“¡Bah, pobres hombres!, no pensáis ni amáis como, yo, sino que sois simplemente ridículos sentimentales. Quiero a mi novia con todas las energías de mi juventud, -y oídme bien, que esto os espeluznará, como si sintieseis pasar rozando vuestro pecho una serpiente fría, viscosa y emponzoñada: -si el beso que he de dar a su cadáver pudiera resucitarla... no se lo daría.”- Clemente palma, Idealismos.

 

Dicen que los niños son como esponjas: absorben todo, y yo como la gorda esponja que era, absorbí mucho.

La tristeza que tenía mamá cuando mi padre se marchaba a vivir en la casa de mi abuela debido a las peleas que tenían, esa tristeza se proyectaba en mí, progresivamente pasé de ser una niña aguerrida en gran parte a ser una niña tímida y melancólica, mis aficiones cambiaron y mis amigos disminuyeron, empecé a entrar en el mundo de la lectura. Leía muchos cuentos para niños y demás, aunque un día me topé con un libro del estante de mi casa, éste tenía por nombre : “Cuentos malévolos” y era una compilación de unos 13 cuentos, de los cuáles sólo uno, me interesó y fue el que me adentró en la oscuridad del pensamiento, tenía por nombre “Idealismos”. No daré spoilers, por si el lector(si es que acaso hubiera alguno) planea leerlo, pero debo decir que aquella narrativa macabra excitó mi mente al punto de compadecerme del personaje principal, el cual supuestamente no debía recibir compasión alguna.

No comprendía lo que era la maldad verdadera, pues nunca la había sentido hasta entonces, sabía que papá hacía cosas malas, mamá también, la abuela, mis compañeros de clase, los profesores, yo , absolutamente todos, pero realmente no había conocido la maldad real… Una mañana nublada había pedido permiso a la profesora para ir al baño, pero mentí, pues me dispuse ir a cazar saltamontes, la rutina de siempre, conseguir una botella de plástico, perforarle algunos hoyos con un lapicero e ir colocando a los insectos dentro, después de aquella faena solía quedarme a observarlos, veía como se hacían daño al intentar escapar, pero no me importaba, a veces los sacudía un poco y así saciaba mi crueldad. Mientras caminaba por los matorrales buscando a los saltamontes más incautos, no percaté que alguien me acechaba a lo lejos, no daré detalles porque no los recuerdo bien, pero ese día fui cazada también, tal como yo lo hice con los saltamontes, un hombre de rostro borroso me encerró y me torturó.

No le conté nada a nadie, no sólo por los miedos infantiles que me produjeron las amenazas, sino también porque no sabía cómo ni a quién decírselo, sentía que me iban a castigar, además para mí era muy difícil explicar lo que sucedió. Obviamente eso me enseñó a nunca más cazar saltamontes, y lo que me había pasado era un reflejo de como el karma actúa aunque yo no crea en él, entendí que los saltamontes no son menos importantes que los niños. Por supuesto me mantuve alejada de ese lugar, aunque mis pesadillas me acercaban a él cada vez que podían, entonces comprendí que la maldad podía ser muy mala como para perseguirte por siempre. Creo que fui muy fuerte para sentir que superé ese trauma y pasármelo por los testículos que aún anhelaba tener.

Recuerdo que tenía un loro muy bonito, se llamaba Poli, no era de esos que hablaban, pero podía dar mucho amor, él me quería mucho, a veces se robaba mi comida de mi propio plato, en vez de molestarme me parecía de lo más tierno. Mi padre también lo quería, y por ello renegó demasiado cuando mi perro Brandy, un Basset Hound de menos de un año se lo tragó y eructó las plumas, yo no vi cuando eso pasó, pero mi padre me lo contó con mucha rabia buscando ocasionar el mismo sentimiento en mí, hasta sentí que quería inculcarme la sed de venganza, pero por mucho que lo intentara y apesar de haber querido mucho a mi loro, no podía odiar a Brandy, no podia odiarlo por ser lo que era, un depredador; no podía culparlo por su naturaleza. Sólo recuerdo que dejé de ir a la casa de mi abuela paterna que era donde el perro vivía, no estoy segura si lo adoptó una tía que era amante de los animales y tampoco recuerdo como murió.

Así como no pude odiar a Brandy, tampoco pude odiar al depredador de los saltamontes, ni siquiera me culpé a mí misma lo suficiente por las atrocidades que cometí con esos insectos inocentes. No, no lo hice, pero aprendí a medias, que la vida te hace pagar todo lo que haces. Digo a medias, porque tampoco me esperé todo lo que pagaría después.

Thoughts

  • CapituloTrasCapitulo

    Che, el final avisa que todavía falta pagar lo que viene después. Apuesto a que ese último párrafo es el que más relee la gente, porque deja una puerta abierta aunque sea el cierre.

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  • renglontorcido

    Neta le puso mediocre al título y termina el libro con los saltamontes. Yo no he terminado ni un cuento, así que cero autoridad jaja

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  • poetadelmetro

    La botella de plástico con los agujeros hechos a lapicero. Con eso ya tengo a la niña entera, más que con toda la explicación del karma que viene después.

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  • AlmaCorrea

    La botella de plástico con hoyitos de lapicero se me quedó, sobre todo cuando esa misma mañana cuentas que te tocó ser la cazada a ti. Y lo de Brandy me movió más de lo que esperaba: tu papá buscándote la rabia y tú sin poder odiar al perro por ser lo que era. ¿El capítulo IV sigue en casa de la abuela?

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  • libretanegra

    Ella sin poder odiar a Brandy por ser lo que era, un depredador. Esa parte la pensé un buen rato, tal cual.

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