He publicado poemas en foros y en dos revistas pequeñas, y también he guardado otros años en un cuaderno que no leyó nadie. La diferencia entre esas dos clases de poema no está en cuáles salieron mejor. Está en para quién los escribí sin proponérmelo.
Un poema que sabes que va a leer alguien empieza a corregirse antes de que tú lo corrijas. Quitas el verso que no se entiende a la primera, no porque esté mal, sino por miedo al silencio de que nadie responda. Suavizas la imagen que chirría. Cierras el final para que quede claro dónde terminaba. Nadie te ha pedido nada de esto. Lo haces tú, de reojo, ante un lector que aún no existe.
No es vanidad. Es que el público funciona como una vara de medir, y la mayoría de los públicos miden lo mismo: si se entiende, si emociona rápido, si se puede compartir sin explicaciones. Son criterios legítimos para un lector. Como norma interna del que escribe, son bajos. Premian lo legible por encima de lo arriesgado, y casi todo lo que hace memorable a un poema vive del lado del riesgo: el salto que no cierra, la palabra que incomoda, la parte que obliga a releer.
Lo veo en mi propio cuaderno. Los poemas que nadie iba a leer son más torpes y más míos. Se paran en sitios raros. Los que escribí ya pensando en publicar están mejor terminados y son más olvidables, porque los pulí hacia un consenso antes de saber qué quería decir.
No estoy en contra de publicar. Un poema que no se lee tampoco crece; el lector enseña cosas que el cuaderno no enseña. Lo que digo es que publicar tiene un precio, y el precio lo paga el texto, no tú. Cada vez que anticipas la reacción de alguien, editas en esa dirección, y lo haces antes de haber escrito lo que querías probar.
Por eso he empezado a separar los dos momentos. Escribo primero como si el cuaderno no lo fuera a leer nadie, y dejo la vista al público para después, cuando el poema ya existe y puedo defenderlo. No es que publicar te haga peor poeta. Es que, si dejas entrar al público demasiado pronto, escribes el poema que ya esperaban en lugar del que no sabían que faltaba.