Hay preguntas que nunca hacemos en voz alta porque tenemos miedo de la respuesta.
“Cuando me extrañas, ¿también piensas en mí?”
Quizás porque cuando alguien todavía nos importa, una parte de nosotros quiere creer que el sentimiento es mutuo. Queremos saber si también aparecemos en sus pensamientos de repente, si alguna canción le recuerda a nosotros, si alguna vez mira el celular esperando encontrar nuestro nombre.
Y aunque intentemos hacernos los indiferentes, en el fondo nos gustaría saber que no fuimos los únicos que sentimos la ausencia.
Porque extrañar es extraño. Puedes seguir con tu vida, hacer tus cosas, reírte y aparentar que todo está bien, pero de pronto un recuerdo aparece y te hace preguntarte si al otro lado también sucede.
Quizás esa persona también te recuerda. Quizás no. Y esa incertidumbre es justamente lo que más pesa.
Pero con el tiempo aprendemos que no siempre necesitamos conocer la respuesta para darle valor a lo que sentimos.
A veces alguien puede no estar pensando en nosotros y aun así haber dejado una huella que fue completamente real.
Y quizá eso es lo difícil de aceptar: que no todas las preguntas que nacen del corazón tienen una respuesta que podamos conocer.