A veces me pregunto
cuál será el sentido de la vida,
si existirá una respuesta escondida
en algún lugar
esperando a que la encontremos.
Quizás no exista.
Quizás la vida no tenga
un único propósito,
ni una razón enorme
que algún día podamos comprender.
Quizás se trate de encontrar
pequeñas razones para quedarnos:
una persona que nos entienda,
una canción que nos salve del ruido,
un libro en el que podemos perdernos,
un lugar al que todavía queremos viajar,
una historia que aún no hemos vivido.
Quizás el sentido
no sea saber exactamente
hacia dónde vamos,
sino seguir caminando
aunque todavía no sepamos
qué habr al final del camino.
Porque hay tantas cosas
que todavía no conozco,
tantas personas que aún no he encontrado,
tantos lugares que no he visto,
tantas versiones de mí
que todavía no existen.
Y tal vez por eso
no necesito tener todas las respuestas.
Quizás vivir
sea justamente eso:
ir descubriéndonos poco a poco,
coleccionando momentos,
queriendo, perdiendo, aprendiendo,
y encontrando razones
para volver a mirar el mundo
con un poco más de ganas.
Tal vez el sentido de la vida
no sea descubrir para qué estamos aquí,
sino descubrir, con el tiempo,
todas esas cosas
que hacen que queramos quedarnos
para ver qué viene después.