en el balcón del hotel barato donde nos quedamos esa noche, pensé en todas las conversaciones donde nos habíamos prometido no llevarnos a esos extremos. Te miré dormir pero no parecías tranquila, tenías esa cara de angustiada; como durmiendo con miedo al despertar, intentando aprovechar cada minuto que te dejaba el sueño para huir de esta realidad.
el humo del cigarro mezclado con el frío de la noche me hacía recordar en nuestros gritos en la calle, en cuando me lanzaste tus zapatos en un intento pasional de alejarme, o cuando pensamos que finalmente sería la última vez y nos despedimos para siempre. Pasaron por mi cabeza todos mis llantos sin saber qué hacer con esto que ya estaba vacío, que había nacido muerto e intentamos salvar pensando que si salvábamos la relación, podríamos salvarnos a nosotros mismos. Pero seguíamos siendo los mismos niños torpes que habían jurado amarse hace tiempo, cuando la promesa aún estaba escrita en rosa y no en una tinta que se borró con el tiempo.
suspiré, pensando en que si me iba en ese instante podría salvarte (salvarme) del torbellino que vendría luego, pero recordé lo mucho-mucho que te molesta que me vaya sin avisar ysimplemente me acosté a tu lado, haciendo el miserable amague de ilusionar a mi mente con que esta vez si funcionaría, por favor, que funcione.
Pero nuestras respiraciones
nunca
se
sincronizaron.