Con ella duermen mis latidos;
los ha sepultado.
Ni flores marchitas crecen con ella,
mi corazón es su lápida inerte,
pero no lleva su nombre.
Ni fuerzas me ha dejado,
mi aliento lo enterró con ella.
Ella misma cavó esta tumba
que habita en mí.
Hasta el llanto ha cesado,
pero no la hoguera que hay en mi garganta.
El vacío, esa ausencia que has creado y el desengaño , un desencanto
que has sembrado en mí.
Y entre tus ruinas, solo heredé el cadáver de nuestro amor.