La vida es incierta.
No sabemos qué hay más allá de lo que vivimos en el hoy. Hay quienes disfrutan el hoy y hay quienes disfrutan lo que ha de venir, pero lo que todos saben es que, en un momento, todos nos tenemos que ir... Lastimosamente, están los que luchan por seguir aquí, aferrados a lo que llaman vida, deseosos por anhelar la eternidad, insatisfechos con lo que les dan.
Para este momento quiero decir que me uno a los que viven lo incierto: con temor al mañana, alejado de la tentación de la eternidad y siendo comprensivo, al final, en cuanto a la hora de irnos... sin quitar el temor a este mismo.
Estos son los que ven y perciben todo de una manera más dolorosa, intentando ocultar su verdad con el traspaso del día a día.
Son quienes lloran en silencio anhelando un abrazo que los consuele; son quienes se ahogan en el silencio de la "realidad".
Percibir duele. Es un dolor que te consume el alma y te cala los huesos, pero todo esto pasa en silencio.
Vivimos en lo incierto porque nos sentimos lejanos a lo que nos depara la "realidad". Recuerdo que una vez la hipocresía me sonrió de manera amable y yo le sonreí de igual manera, como ella me enseñó en mi niñez.
Pregunté al viento cuál es el significado de mi existencia... Él me respondió que por mera realidad; Yo cerré los ojos y respiré profundo, intentando comprender su mensaje.
Sabía demasiadas cosas para mi propio bien. Oculté mi conocimiento para, además, encerrar el dolor; lloré en las noches, mientras las lágrimas caían por mi rostro a cascadas.
Desamparado, con el dolor en mi alma, lloraba en silencio ahogándome en mi supuesta realidad. Con el paso del tiempo comprendí... Comprendí que solo soy un peón en este juego.
El color gris pintó mi vida en la niñez y desde entonces no me ha abandonado; le agradezco eso porque me acompaña en la soledad, también porque me abrió los ojos en esta realidad.
Recuerdo mirar al cielo y, suspirando, sentí cómo funcionaba esta realidad, pero aún así me quedo en lo incierto.
El color gris representa lo incierto...