Hay películas que uno mira esperando encontrar una obra maestra y hay otras que simplemente quiere disfrutar. Cazafantasmas pertenece completamente a la segunda categoría. No pretende reinventar el cine ni convertirse en una nueva referencia de la comedia. Lo que quiere es recuperar el espíritu de una película que marcó a varias generaciones y llevarlo a una nueva época, con nuevos personajes, nuevos chistes y una energía mucho más cercana a la comedia contemporánea.
La historia sigue a Erin Gilbert y Abby Yates, dos científicas que terminan formando un equipo junto a Jillian Holtzmann y Patty Tolan después de que comienzan a aparecer fenómenos paranormales en Nueva York. Lo que empieza como una investigación casi ridícula termina convirtiéndose en una amenaza mucho más grande, y el grupo debe enfrentarse a una invasión de fantasmas mientras intenta convencer a una ciudad que, naturalmente, no está demasiado dispuesta a creerles.
Lo primero que me gustó es que la película nunca intenta esconder que es un homenaje. Desde los nombres, los elementos visuales, los fantasmas y las referencias a la película original, todo está pensado para que quienes conocen Cazafantasmas reconozcan rápidamente ese universo. Pero al mismo tiempo intenta construir su propia identidad a través de las protagonistas. No son simplemente una copia femenina de los personajes originales. Cada una tiene una personalidad bastante marcada y el humor aparece principalmente de la química entre ellas.
Y para mí, ahí está lo mejor de la película.
Kristen Wiig y Melissa McCarthy funcionan muy bien juntas, pero quien termina robándose prácticamente todas las escenas es Kate McKinnon como Holtzmann. Su personaje es completamente impredecible y muchas de las situaciones más divertidas nacen simplemente de no saber qué va a hacer a continuación. McKinnon tiene una energía física que encaja perfectamente con el tono de la película y consigue que incluso algunos de los momentos más exagerados funcionen.
También me gustó Leslie Jones como Patty. Su personaje entra al grupo sin tener conocimientos científicos, pero aporta algo que las demás no tienen: conoce la ciudad, tiene sentido común y no necesita demostrar que es la persona más inteligente de la habitación. Eso ayuda a equilibrar al equipo y hace que las cuatro funcionen como un grupo bastante entretenido.
Paul Feig dirige la película entendiendo perfectamente qué tipo de experiencia quiere ofrecer. Hay momentos donde la película se siente como una comedia clásica de grupo y otros donde directamente abraza el espectáculo. Los efectos especiales son mucho más grandes que los de la película original, especialmente durante el tercer acto, cuando Nueva York se convierte literalmente en un caos sobrenatural, quizás por momentos la película se excede un poco con los efectos, pero también sería injusto pedirle que no lo haga cuando justamente una parte importante de su encanto está en volver a ver fantasmas recorriendo la ciudad.
Y después están los cameos.
Creo que funcionan mejor cuando aparecen como pequeños guiños para quienes conocen la película original. Ver nuevamente a varios de los actores de la primera película es divertido porque permite reconocerlos sin que necesariamente tengan que repetir sus personajes. Es una forma bastante simpática de conectar ambas películas y recordar de dónde viene todo esto.
También entiendo algunas de las críticas que recibió. Hay chistes que funcionan muchísimo mejor que otros y por momentos la película parece depender demasiado de la energía de sus protagonistas. El guion tampoco tiene demasiadas sorpresas y la amenaza principal termina siendo bastante convencional. Pero creo que juzgarla únicamente por eso también significa olvidar qué clase de película quiere ser.
Cazafantasmas no está intentando construir un universo complejo ni contar una historia particularmente profunda. Quiere que un grupo de personajes divertidos se enfrente a fantasmas mientras destruyen media Nueva York en el proceso. Y, dentro de esa propuesta, creo que cumple bastante bien.
Además, hay algo que me gusta de los reboots que entienden que no necesariamente tienen que reemplazar al original. La película de 1984 sigue existiendo. Sigue siendo especial, sigue teniendo un encanto que probablemente ninguna nueva versión pueda reproducir exactamente. Pero eso no significa que no pueda existir otra película que juegue con las mismas ideas y encuentre su propia manera de divertirse con ellas.
Quizás por eso disfruté Cazafantasmas más de lo que esperaba. No intenté compararla constantemente con la original. Simplemente me dejé llevar por el humor, por las protagonistas y por ese placer bastante sencillo de ver a un grupo de personas cazando fantasmas por Nueva York.
Porque a veces también necesitamos eso del cine.
No todas las películas tienen que dejarnos una pregunta para toda la vida. Algunas simplemente tienen que hacernos pasar un buen rato, conseguir que nos riamos y recordarnos por qué nos gusta sentarnos frente a una pantalla.
Y quizás esa sea la mejor manera de mirar Cazafantasmas. Sin pedirle que sea la película de 1984, sin pedirle que sea algo que nunca quiso ser. Simplemente dejando que cuatro mujeres, algunos fantasmas y una ciudad completamente destruida hagan su trabajo. Y, por un par de horas, volver a jugar un poco.