Ya sabíamos que las palabras estaban sobrando, había una sola alternativa, llamarse a silencio vibrar y en ese minúsculo sostén de lo concreto, comunicarnos todo, no dejar escondrijo sin revolver, resolver ahí no más, como habíamos pactado allá en esos remotos lugares, desde donde venimos.
Hubiésemos justificado todo, si en ese momento a borbotones desafiantes, cada uno con su verdad desvainada se tumbase al costado de la senda, para ser fiel a los principios, con las lenguas esperando entre facones y puñales. nos hubiésemos herido por demás, y así nunca jamás dejaríamos de perseguirnos.
Sustanciales formulas detrás del equilibrio, vos en tu eterna morada, yo entre el espinerio, a saltos de contratiempos numéricos, exactos espejismos que en el material reposo del sendero, puedo palpar allí, al fin. todo el mineral que fue horizonte y pajonal en los adentros... Lo que fui pariendo a costa de emociones, palabras, plasma, magia y olvido, imagino siempre todo lo que pasara, después lo habito.
Dios, virgen, niño.
Limamos asperezas con las miradas, litúrgicas maneras aunadas al ensimismado corazón que elegimos para que nos duerma entre arrorroces, musiquitas quedaran quizás ahí, donde no me pude llegar con los rumores que retratan este delirio de adioses que se encuentran;
Tu diosa y la mía, tu ángel contra el mío, tu sabiduría negada, escéptica, la ignorancia que me puebla, sin esquemas ni planificaciones previas, sin aviso se alerta y te convida, se vuelve un vicio.
Viene lo querido, hice algo para eso en esta o en la otra vida, todo lo que tu cielo me dio, lo convoqué a tierra, no intervine nunca entre una decisión tuya... valla a saber, no podía en ese entonces descifrar tus vocablos.
Cumplí lo que quise... no te di combate hacia afuera, y me mantuve en un tríptico equilibro.
Ni siquiera sé lo que cedieron a través de treguas, las amenazas, después de la sangre, después del exilio.
Tus leyes inciertas basadas en nada, nada de lo prometido.
Ya me vencí a mí mismo; me convencí... vencí las palabras que me decían no puedes. y di un salto de fe... Hoy vibro contigo, tiemblo, danzo y me con muevo movilizando las emociones con argumentos que me llevan al final de los principios, sagrado aliento.
Entiendo que no quieras soltar, que ni siquiera contar, más que con el distanciamiento, y los mensajes a medias, lo incontable.
Avisté una señal, tuve que seguirla, estuve demorado parecía, hay un silbar que me anuncia los cambios, para vos debe de ser distinto, yo tengo mis cosas; vos tendras tus metodos,en caso de necesitar leer lo que vas viviendo, para vos debe ser distinto... Ese trino siempre viene con el otoño, nace desde la armoniquita del afilador, que anda entrecortando sus días acá y allá entre tijeras, filosas memorias, cuchillas. Es lo que nunca te conté, siempre la sigo. y todo sucede detrás del sonido.
Te parecerá un delirio lo se, a mi tamien me cuesta entenderme. Pero cuando ese señor da vuelta su bicicleta y pone un pedal en ese pedazo de piedra, entregandose al chisperio, dejando un espejo suave en el borde de los filos, le da lumbre a una muerte simbólica en este este plano donde nos encontramos vivos. Se me presentan asi los cambios...
Entonces me voy porque todo se mueve muy deprisa…
Escuche; y sin verlo, sentía que me asistía la voz del camino, camine y camine, sin dar vigilia al temor térreo; lo que alguna vez cuando no conocía ni el sostén de mis pasos, ordenaba, se hacía líder y llevaba mis caballos a pastar a donde solo había hambre y soledad, muerte, desaliento, más y más desatino.
Hoy en la sámsara, dócil como el junco, desgranado y echado al viento junto con el trigo,me siento.
Ya sabes que si me detengo todo se estanca; vos también es como si te vas, solo la cárcel de los pensamientos, te asustan, te sustraen te entretienen...
Nos vemos, acá en el barrio vino el otoño, y con él la piel se me ha hecho nido...
La he dejado atrás con el zigzaguear de un viboreo, esa piel de la cual solo guardo tres recuerdos: el primer beso de mi madre, mi primer silencio, mi amor musiquero.
Las maletas por armarse, el placar rebosante, los misterios que acuden a esta habitación cuando se apaga la luz, solo queda una ventana con sombras de cañas, áureas geometrías en los cielos, me llevan a una ciudad sin contratiempos... Voy a desmentir ese anecdotario de autores inciertos...
No solo la alameda me cubrió de figuras cuando pase anteayer, floreado entero.
También la guayaba del Itape, tan a merced del encanto, inclino su ramerío cuando me dispuse a beber de sus senos, brotados de almíbar y de leche mineral, cubriéndome el interior de la boca, con la saliva de la tierra, con la grandeza de los astros, en el jugo naranja que regalas al paso, haciendo de este momento tan simple, algo que alcanza facultades divinatorias, intuitivos devenires… Esa fragancia de la costa que alguna vez nos regaló el primer asombro, los dorados, el sabalaje , el veguerío, el pan recién amasado , y el fuego bendecido por las charlas paradigmáticas y de vez en cuando un aparecido.
Todo sabe que me voy, y será largo muy largo el regreso...
Nos vemos
P\D: No me olvido...