Capítulo 3:
Entre los recuerdos guardados en una caja, se encontraban las dudas.
Son tantas las preguntas que hacía en aquel entonces, sin embargo, aprendí a callar.
Según mi padre, no era adecuado hablar de intereses con extraños.
— "Viviana, no es momento de hablar, pide disculpas".
Yo solo agachaba mi cabeza, a modo de disculpa, en silencio.
Casi siempre volvía a los libros, al mundo en el que mis preguntas tampoco eran respondidas, pero eran más cálidas.
Sin embargo, los libros llenaban algo en mí, pero al mismo tiempo me hacían sentir tan fuera de lugar.
Algo me movía.
Las dudas comenzaron a molestar a mi padre, cualquier pregunta que hacía, era ignorada.
Entonces, empecé a buscar por mi cuenta.
Encontré aún más dudas, pero también con el sabor amargo de la verdad que se encontraba oculta.
Renata no estaba, según mi padre, se había ido de viaje con su familia.
Extrañé por mucho tiempo los panqueques que hacía, la música de la que siempre hablaba.
Pero llegó Claudia.
Era algo más grande que Renata, pero también tenía el corazón tan blando como los algodones de azúcar.