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Capítulo 9

Arwen

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La luz de la mañana se filtraba suavemente entre las cortinas de seda.

Erika abrió los ojos despacio.

Durante unos segundos, permaneció inmóvil, observando el techo de aquella habitación que comenzaba a resultarle familiar. Sentía el cuerpo pesado y un dolor agudo y punzante en la nuca, justo donde había sentido el golpe seco de aquella mano antes de perder el conocimiento.

Parpadeó varias veces, intentando ordenar sus pensamientos.

La mansión.

La habitación.

Las sábanas suaves bajo sus manos.

Todo estaba tal como lo recordaba.

Sin embargo, había algo que no encajaba.

Se incorporó lentamente y miró a su alrededor. No había nadie. La puerta estaba cerrada y el silencio que envolvía la habitación solo era interrumpido por el canto lejano de algunos pájaros.

Se llevó una mano a la frente y, al rozar su nuca, un latigazo de dolor le hizo fruncir el ceño.

«¿Cómo llegué a la mansión?».

Intentó recordar la noche anterior, pero su mente se detenía siempre en el mismo lugar: el ventanal, la casa en la que había vivido, su marido.

Y aquella mujer entre sus brazos.

La imagen regresó con tanta claridad que sintió una presión en el pecho. Volvió a ver la sonrisa de su marido, la manera en que acariciaba el rostro de aquella mujer antes de besarla.

Y el instante exacto en que comprendió que él había logrado olvidarla y seguir adelante sin mirar atrás.

Después de eso… nada. Solo oscuridad.

Erika frunció el ceño.

«¿Qué había hecho después de alejarse de aquella ventana?».

«¿Cómo había regresado?».

Las preguntas se acumulaban en su mente sin que pudiera encontrar una respuesta.

Por más que lo intentaba, no conseguía recordar nada. Era como si alguien hubiera arrancado de su memoria todo lo que ocurrió después de aquel momento.

Se apartó las sábanas y apoyó los pies en el suelo. Todavía se sentía débil. Las piernas le temblaban, pero consiguió levantarse y caminar hasta el ventanal.

Apartó la cortina.

El jardín se extendía bajo la luz de la mañana. Las rosas rojas y azules se mecían suavemente con la brisa, y todo parecía demasiado tranquilo para el torbellino de preguntas que se formaba en su cabeza.

Apoyó una mano en el cristal.

No recordaba cómo había llegado hasta allí.

No recordaba cómo había terminado en aquella cama.

Ni qué había sucedido después de abandonar aquella casa.

Solo conservaba la imagen de sí misma frente a un ventanal, viendo cómo el hombre que amaba besaba a otra mujer.

Cerró los ojos.

«¿Qué me está pasando?», susurró.

Nadie respondió.

Entonces, tres golpes suaves sonaron en la puerta.

Erika se giró de inmediato.

«¿Quién es?».

«Soy Haniel», respondió una voz profunda desde el otro lado.

Erika miró la puerta, sintiendo que aquella voz podía ser la única que le ofreciera alguna respuesta.

«Entrá».

La puerta se abrió y Haniel apareció en el umbral. Sus ojos verdes recorrieron la habitación hasta detenerse en ella.

Por un instante, pareció sorprendido al encontrarla despierta.

«Veo que ya estás mejor».

Erika no respondió.

«¿Qué me pasó anoche?».

Haniel permaneció en silencio durante un breve instante.

Demasiado breve para que otra persona lo notara.

Pero Erika sí lo notó.

«¿Por qué me mirás así? ¿Qué ocurrió después de que me fui de aquella casa?».

La expresión de Haniel se volvió más seria.

«¿Qué es lo último que recordás?».

Erika bajó la mirada y, de manera instintiva, volvió a tocarse la nuca.

«Estaba frente al ventanal. Vi a mi marido con otra mujer. Después… no sé. No recuerdo nada más. Solo recuerdo el golpe».

Haniel cerró la puerta detrás de él.

«¿No recordás haber caminado por la calle?».

Erika negó lentamente.

«No».

«¿Tampoco recordás haberte encontrado con dos hombres?».

Ella lo miró, confundida.

«¿Qué hombres?».

Haniel no contestó de inmediato.

Un escalofrío le recorrió la espalda a Erika.

«Haniel, ¿qué hice?».

Él se acercó unos pasos, sin apartar la mirada.

«Eso es precisamente lo que necesitamos averiguar».

El corazón de Erika comenzó a latir con más fuerza.

«¿Por qué? ¿Qué pasó?».

Haniel guardó silencio.

Y aquella falta de respuesta le provocó más inquietud que cualquier explicación.

Porque, por primera vez desde que había despertado en aquella mansión, comprendió que no era solamente su pasado lo que permanecía oculto.

También había algo en su presente que ella misma desconocía.

Y Haniel lo sabía.

Thoughts

  • soy_la_de_atras

    Haniel preguntándole qué recuerda como si él no hubiera estado ahí :/

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