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capítulo 84: normalidad (2)

NicolasPeanl
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La corbata intenta matarme.

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Mae, el bigote 😭

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Contenido de la publicación

La corbata intenta matarme.

No es una metáfora.

Cada vez que ajusto el nudo, la tela presiona mi garganta como si tuviera voluntad propia.

He luchado contra demonios capaces de alterar la gravedad.

He atravesado ejércitos.

He permanecido miles de años dentro de un mundo sin seres humanos.

Nada de eso me preparó para una prenda formal diseñada para un acto escolar.

—Está torcida —dice Eunji.

Permanece de pie sobre mi cama, con los brazos cruzados y el uniforme perfectamente acomodado.

Lleva una camisa blanca, una falda azul oscura y una cinta amarilla en el cabello. Jiwon tardó casi veinte minutos en peinarla porque Eunji no dejó de moverse.

—No está torcida.

—Sí.

Miro el espejo.

La corbata apunta ligeramente hacia la izquierda.

—Es una cuestión de perspectiva.

—Está torcida desde todas las perspectivas.

La puerta se abre.

Kwon entra sin golpear.

Lleva una taza de café y una galletita en la boca.

—El problema es el nudo.

Se coloca detrás de mí y examina la corbata como si fuera una trampa compleja.

—Necesitás uno más agresivo.

—¿Qué significa un nudo agresivo?

—Que los otros padres lo vean y sepan que no deben hablarte.

Eunji niega.

—La maestra dijo que los padres tienen que hablar entre ellos.

Kwon hace una mueca.

—Entonces la escuela está mal organizada.

—Salí.

—Estoy ayudando.

—Estás comiendo en mi habitación.

Kwon mira la galletita.

—Son actividades diferentes.

Jiwon aparece detrás de él.

Le quita la taza antes de que pueda protestar.

—Todavía no terminó la revisión de la mañana.

—Estoy estable.

—Eso lo decido yo.

—El sistema lo decidió seis veces.

—El sistema dejó que un dios lo utilizara como recipiente.

Kwon me señala.

—Decile algo.

—Salí de mi habitación.

—Esta casa no valora mi experiencia.

Jiwon lo arrastra por el pasillo.

—Su experiencia consiste en robar comida.

—¡La mayoría de mis habilidades están relacionadas con eso!

La voz desaparece escaleras abajo.

Eunji vuelve a mirar la corbata.

—Sigue torcida.

Me la quito.

—Voy sin ella.

—No.

—No es obligatoria.

—Los otros papás van a llevar.

—No soy los otros padres.

Eunji guarda silencio.

No parece enojada.

Solo mira la tela entre mis manos.

—Quiero que parezcas un papá normal.

La frase resulta más efectiva que cualquier orden.

Vuelvo a colocarme la corbata.

—Entonces necesito ayuda.

Eunji sonríe.

—¡Jiwon!

—No es necesario gritar.

—¡LA CORBATA DE PAPÁ ESTÁ MAL!

Toda la casa queda en silencio.

Después escucho varias puertas abrirse.

Demasiadas.

Cinco minutos después, mi habitación está llena.

Jiwon corrige el nudo.

Hejin observa desde un costado y proyecta un diagrama mágico con el ángulo exacto de la tela.

—Debe rotarse cuatro grados en sentido horario.

—No necesito una simulación —dice Jiwon.

—Reduciría los errores.

—Es una corbata.

—Todo sistema puede optimizarse.

Mujin permanece junto a la puerta con los brazos cruzados.

—El saco está demasiado ajustado en los hombros.

—Es ropa formal —responde Eunbyeol.

—Limita el movimiento.

—No va a combatir.

Seolhwa, sentada sobre el escritorio, levanta una ceja.

—Eso no lo sabemos.

Todos la miran.

—¿Qué? —pregunta—. La última vez que fuimos a comprar ropa apareció una grieta.

—No apareció una grieta —dice Hejin—. Kwon activó una alarma al intentar salir sin pagar.

—El sistema de seguridad era excesivo —responde Kwon desde el pasillo.

Jiwon terminó de anudar la corbata y le prohibió volver a entrar.

Eso no impide que escuche detrás de la puerta.

Eunji me observa desde la cama.

—Ahora sí parecés normal.

Seolhwa me mira.

—No.

—Más normal —corrige Eunji.

Eso puedo aceptarlo.

Eunbyeol se aproxima con una pequeña caja.

—La maestra pidió que cada familia llevara algo para la actividad.

—Lo sé.

—¿Qué preparaste?

Señalo una bolsa sobre una silla.

Eunbyeol la abre.

Dentro hay paquetes de galletitas compradas.

Los observa.

Después me observa a mí.

—Decía “algo representativo de la familia”.

—Comemos galletitas.

—Kwon las come.

—Vive con nosotros.

—No creo que el robo frecuente de comida sea una tradición que debamos presentar en la escuela.

Desde el otro lado de la puerta llega una voz.

—¡Es parte de nuestra identidad cultural!

Eunbyeol cierra los ojos.

Después coloca su caja sobre la cama.

Dentro hay pequeñas figuras de papel.

Ocho adultos.

Nueve niños.

Un lobo.

Las figuras están unidas formando un círculo.

Cada una tiene el nombre escrito debajo.

—Lo hicieron los chicos —explica—. Pensaron que podía servir.

Eunji toma la figura que me representa.

Tiene una espada enorme y una expresión seria.

—Yo te dibujé.

—La espada es más alta que la persona.

—Porque sos fuerte.

Señala otra figura.

Kwon aparece con dos dagas y una bolsa de comida.

—Minjun hizo esa.

—Es preciso.

—También puso que Kwon tiene “habilidad de robar galletitas”.

—Eso es aún más preciso.

Eunbyeol me entrega la caja.

—Llevá esto.

—¿No van a necesitarlo?

—Hicieron dos.

—¿Para qué?

Nadie responde.

Miro a cada uno.

Mujin aparta la vista.

Hejin revisa una ventana que no existe.

Seolhwa silba.

Doyun no está en la habitación, pero puedo sentirlo en el pasillo.

—No vengan —digo.

—No sé de qué hablás —responde Eunbyeol.

—Es un acto escolar.

—Lo sabemos.

—Jang asignó seguridad.

—También lo sabemos.

—No necesito ocho cazadores ocultos dentro de una escuela primaria.

Seolhwa sonríe.

—Entonces no vas a vernos.

—Eso no es lo que dije.

Eunji baja de la cama.

Toma mi mano.

—Vamos a llegar tarde.

Miro la hora.

Tiene razón.

Cuando salimos, escucho a Kwon susurrar:

—Plan alternativo.

No me detengo.

La escuela de Eunji se encuentra en un barrio tranquilo de Seúl.

Es un edificio de tres plantas, con paredes claras, grandes ventanas y dibujos pegados alrededor de la entrada.

Globos amarillos y azules cuelgan sobre el portón.

Un cartel anuncia:

DÍA DE LA FAMILIA

Bienvenidos

No hay una ventana del sistema.

No hay rango.

No hay condición oculta.

Solo letras pintadas por niños.

Jang asignó agentes vestidos de civil alrededor del perímetro. Los identifico antes de bajar del vehículo.

Dos junto a la entrada.

Uno dentro del estacionamiento.

Cuatro en los edificios cercanos.

Otros se mueven entre los padres.

Ninguno lleva armas visibles.

Jang está apoyado contra un automóvil, hablando por teléfono.

Al verme, guarda el dispositivo.

—El perímetro está limpio.

—Es un acto escolar.

—Sí.

—No una operación militar.

—También lo sé.

—Entonces ¿por qué hay francotiradores?

Jang mira hacia uno de los edificios.

—Dos.

—Hay tres.

Permanece callado un segundo.

—El tercero no es mío.

Giro hacia el techo opuesto.

Una sombra desaparece detrás de una antena.

Doyun.

Cierro los ojos.

—Les dije que no vinieran.

—Yo también.

—¿Y?

—Kwon presentó el acto como una operación de protección no autorizada.

—¿Por qué lo escuchaste?

—No lo hice.

Jang acomoda sus anteojos.

—Pero desaparecieron ocho pases temporales de acceso al perímetro.

Eunji tira de mi mano.

—Papá.

Miro hacia abajo.

—¿Sí?

—Estamos llegando tarde.

—Vayan —dice Jang—. Yo me ocuparé de que nadie interrumpa.

La última frase tiene dos significados.

Uno para posibles amenazas.

Otro para nuestros compañeros.

No confío en que pueda cumplir el segundo.

La maestra de Eunji se llama Choi Yeona.

Es una mujer joven, de cabello corto y sonrisa tranquila. Se inclina al recibirnos.

—Señor Kim.

—Maestra Choi.

—Eunji habló mucho de usted.

Miro a Eunji.

Ella evita mis ojos.

—¿Qué dijo?

—Que viaja por trabajo.

—Es una forma de explicarlo.

—También dijo que es muy bueno con la espada.

La maestra sonríe como si pensara que se trata de una exageración infantil.

—Practico.

—Y que tiene un lobo viviendo en su espada.

—Esa parte también es cierta.

La sonrisa de la maestra se detiene.

Eunji me pisa el pie.

—Es una broma —corrijo.

Choi Yeona ríe con cierta incomodidad.

—Por supuesto.

No soy bueno con los padres normales.

Tampoco con los maestros normales.

Eunji me arrastra hacia el aula antes de que empeore la situación.

Hay pequeñas mesas organizadas en grupos. Los niños muestran dibujos, manualidades y fotografías.

Los adultos conversan.

Algunos me reconocen.

Intentan no observar demasiado.

No lo consiguen.

Las noticias mostraron mi rostro después de la primera conquista, de los incidentes con las grietas y del regreso del quinto piso. Mi presencia dentro de una escuela provoca un espacio vacío alrededor.

Nadie se sienta en la silla contigua.

Eunji lo nota.

—No muerde —dice.

Una mujer que estaba pasando se detiene.

—¿Perdón?

Eunji me señala.

—Mi papá. No muerde.

—Eunji.

—Kwon dijo que tenía que aclararlo.

La mujer ríe.

La tensión se reduce un poco.

—Soy la madre de Yeseul —dice—. Mi hija se sienta junto a Eunji.

Nos inclinamos.

—Kim Cheonro.

—Lo sé.

La respuesta sale demasiado rápido.

Ella se avergüenza.

—Perdón.

—No importa.

Una niña aparece detrás de su madre.

Tiene dos coletas y sostiene una flor de papel.

—Eunji dijo que venciste a un monstruo con seis alas.

—Sí.

—Mi papá no puede hacer eso.

El padre de la niña, que se encuentra detrás, baja la taza.

—Yeseul.

—Pero sabe arreglar el baño —continúa ella.

El hombre recupera parte de su dignidad.

—Es una habilidad útil —digo.

—¿Más que matar monstruos?

Miro al padre.

Él espera mi respuesta con más tensión que durante una evaluación.

—La mayoría de los días, sí.

El hombre asiente.

—Exactamente.

La conversación se vuelve menos difícil después de eso.

No fácil.

Solo menos difícil.

El acto comienza en el gimnasio.

Los niños se sientan delante del escenario.

Las familias ocupan filas de sillas detrás.

Eunji debe permanecer con su clase, así que me deja solo.

—No te vayas —dice antes de correr hacia sus compañeros.

—No voy a hacerlo.

Se detiene.

Me mira para confirmar que hablo en serio.

Después se marcha.

Me siento en la tercera fila.

Hay un lugar vacío a cada lado.

Una persona se sienta dos filas detrás.

Lleva gorra, anteojos oscuros y un periódico abierto frente al rostro.

El periódico está al revés.

Kwon.

No necesito verlo para saberlo.

El Lobo se mueve dentro de la espada guardada en mi inventario.

Sombra ruidosa cree esconderse.

—Lo sé.

La madre de Yeseul, sentada cerca, gira hacia mí.

—¿Dijo algo?

—No.

Otro adulto entra por una puerta lateral.

Es un hombre enorme con traje oscuro, bigote falso y una acreditación de seguridad escolar.

Mujin.

El bigote se desprende de un lado cuando respira.

Se lo acomoda sin cambiar la expresión.

Junto al equipo de sonido hay una técnica con gorra y auriculares.

Hejin revisa el tablero como si estuviera analizando una formación mágica.

El encargado real permanece detrás, observándola con miedo.

Jiwon lleva un brazalete de voluntaria médica y ordena los suministros de primeros auxilios.

Ese disfraz ni siquiera es falso.

Eunbyeol se encuentra al fondo con una cámara entre las manos.

Lleva el cabello recogido y una mascarilla.

Seolhwa aparece detrás de una mesa de bebidas.

Su gorra dice PERSONAL DE CATERING.

Está comiendo parte del catering.

No veo a Doyun.

Eso significa que es el único que entiende cómo ocultarse.

Jang entra.

Se sienta a mi lado.

—No pude detenerlos.

—Mujin tiene un bigote.

—Fue idea de Kwon.

—Lo supuse.

—Seolhwa amenazó con entrar por una ventana si no le dábamos una acreditación.

Miro hacia la mesa.

Seolhwa esconde tres panes dentro de una bolsa.

—¿Y Eunbyeol?

—Dijo que alguien debía registrar el acto.

—Hejin.

—Quería revisar el sistema eléctrico.

—Jiwon.

—La escuela no tenía una médica asignada para el evento.

—¿Kwon?

Jang observa el periódico al revés.

—Asegura que es responsable de contrainteligencia.

—Está leyendo publicidad de electrodomésticos.

—Al revés.

El director sube al escenario.

La conversación termina.

El acto comienza con una canción.

Los niños se alinean.

Eunji está en la segunda fila.

No canta tan fuerte como los demás.

Mueve los labios y mira constantemente hacia el público.

Hasta que me encuentra.

Levanto una mano.

Su postura cambia.

Abre la boca.

Empieza a cantar.

No lo hace bien.

Varias palabras llegan tarde.

En una parte olvida el movimiento y copia a Yeseul.

No importa.

La observo.

Nada más.

Durante cuatro mil quinientos años no escuché la voz de un niño.

Durante más de mil quinientos, los únicos sonidos que conocí fueron órdenes, armas, gritos y criaturas muriendo.

Ahora estoy sentado en una silla demasiado pequeña, rodeado de padres que intentan grabar con sus teléfonos, viendo a Eunji cantar una canción sobre volver a casa antes de que oscurezca.

No hay nada extraordinario.

Por eso resulta difícil apartar la mirada.

Después de la canción, los niños presentan sus trabajos.

Cada uno debe mostrar algo que represente a su familia.

Algunos llevan fotografías.

Otros, dibujos de casas.

Una niña muestra una receta.

Un niño trae el martillo de su padre.

Cuando llaman a Eunji, ella sube con la caja que preparamos.

La coloca sobre una mesa.

Sus manos tiemblan.

Choi Yeona se inclina hacia ella.

—Podés empezar cuando quieras.

Eunji mira al público.

Me encuentra otra vez.

Abre la caja.

Las figuras de papel forman un círculo.

—Esta es mi familia.

Levanta la figura de Minjun.

—Él es Minjun. Roba comida, pero comparte cuando lo descubren.

Kwon baja lentamente el periódico.

—Calumnias —murmura.

Eunji muestra a Sora.

—Sora organiza todo y se enoja cuando nadie sigue las reglas.

Después Dabin.

—Dabin sabe muchas cosas y cuando no sabe una, igual habla como si supiera.

Hejin ajusta sus auriculares.

Parece ofendida por razones que no le corresponden.

—Junseo protege a los más chicos.

—Nari rompe cosas.

Seolhwa asiente con orgullo.

—Haru cura muñecos, personas y muebles.

Jiwon sonríe.

—Taeyang siempre acierta.

Una flecha de ventosa aparece pegada a uno de los globos del techo.

Nadie parece saber de dónde salió.

—Jiho hace de villano porque le gustan los discursos.

Eunji continúa levantando figuras.

—Ellos son Mujin, Jiwon, Doyun, Hejin, Seolhwa, Kwon y Eunbyeol.

—También está el señor Jang, pero los chicos dijeron que no vive en casa y no había lugar en la caja.

Jang mira hacia mí.

—Fui excluido por razones estructurales.

—Parece que sí.

Eunji levanta la figura del Lobo.

—Él vive en la espada de papá.

La maestra vuelve a sonreír con incomodidad.

Finalmente, Eunji toma mi figura.

—Y él es mi papá.

La sostiene con ambas manos.

—A veces se va a trabajar a lugares muy lejos.

El gimnasio queda más silencioso.

Los adultos saben a qué lugares se refiere.

—Cuando se va, todos dicen que va a regresar.

Eunji baja la mirada hacia la figura.

—Pero igual me preocupo.

No se supone que diga eso.

Lo noto por la expresión de la maestra.

Por el movimiento de Jiwon al fondo.

Por la forma en que Eunbyeol baja la cámara.

—Una vez tardó mucho —continúa Eunji—. Cuando volvió, estaba lastimado.

Aprieta la figura.

—Entonces pensé que ser fuerte no servía para no lastimarse.

Nadie habla.

—Pero después entendí que no vuelve porque sea el más fuerte.

Me mira.

—Vuelve porque sabe que estamos esperando.

Algo dentro de mi pecho se contrae.

No es una habilidad.

No es una herida.

No sé qué hacer con ello.

Eunji coloca mi figura en el centro.

Después acomoda las demás alrededor.

—Mi familia es grande.

—Hace mucho ruido.

—Discute mucho.

Kwon levanta una mano desde el fondo, como si quisiera objetar.

Jiwon la baja.

—Y no todos tienen el mismo apellido.

Eunji sonríe.

—Pero todos vuelven a la misma casa.

Algunas personas aplauden.

Después otras.

El sonido llena el gimnasio.

Eunji se inclina demasiado rápido y casi golpea la cabeza contra la mesa.

La maestra la sostiene.

Cuando baja del escenario, no regresa inmediatamente con su clase.

Corre hacia mí.

La recibo antes de que choque contra la silla.

—¿Estuvo bien? —pregunta.

—Sí.

—Me olvidé una parte.

—No se notó.

—Sí se notó.

—Entonces no importó.

Eunji me abraza.

Los demás continúan aplaudiendo.

No miro hacia ellos.

La siguiente actividad exige que los adultos subamos al escenario.

No fui informado.

—Es una competencia sencilla —explica el director—. Cada niño construirá un puente de papel con su familiar. El puente debe sostener la mayor cantidad posible de bloques.

Eunji me entrega hojas, cinta adhesiva y tijeras.

—Vamos a ganar.

—No dijeron que hubiera un premio.

—Igual vamos a ganar.

Las familias empiezan.

Algunos doblan las hojas formando columnas.

Otros construyen bases amplias.

Yo observo los materiales.

—Podemos hacer una estructura triangular.

—No.

—Es la opción más resistente.

—Quiero un puente bonito.

—Un puente bonito también debe sostener peso.

—Puede hacer las dos cosas.

Miro las hojas.

Después a ella.

—De acuerdo.

Construimos un puente que parece una mezcla entre una fortificación y una flor.

Eunji decora los costados.

Yo refuerzo las bases sin que lo note.

Cuando colocan los bloques, soporta doce.

El puente de Yeseul aguanta catorce.

Eunji mira el resultado.

—Perdimos.

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque su padre sabe arreglar baños.

El hombre escucha.

Levanta el pulgar.

Eunji observa su puente.

Después el nuestro.

—El nuestro es más bonito.

—Eso también cuenta.

—No para el resultado.

—No todo lo que cuenta aparece en el resultado.

Eunji piensa.

—Eso suena a algo que diría Jang.

—No se lo digas.

El acto termina al mediodía.

Los niños reciben pequeños diplomas.

Los padres toman fotografías.

La maestra me pide una junto a Eunji.

Me coloco a su lado.

No sé dónde poner las manos.

Eunji toma una y la coloca sobre su hombro.

—Sonreí.

—Estoy sonriendo.

—No.

Intento nuevamente.

La maestra baja la cámara.

—Quizá algo más natural.

Eunji levanta ambos dedos detrás de mi cabeza.

La fotografía se toma antes de que pueda detenerla.

Cuando me la muestran, tengo orejas hechas con sus manos y una expresión de alguien enfrentando una ejecución.

Eunji está riendo.

—Quedó bien —dice.

—No.

—Sí.

Guarda la fotografía antes de que pueda destruirla.

Al salir del gimnasio, encontramos a los demás tratando de retirarse por rutas diferentes.

Mujin pierde el bigote.

Cae delante de Eunji.

Ella lo recoge.

Mira a Mujin.

Después el bigote.

—¿Qué hacías?

Mujin permanece serio.

—Seguridad.

—Jang ya trajo seguridad.

—Seguridad adicional.

Kwon intenta pasar detrás con el periódico.

Eunji señala.

—Vos también.

—Solo estaba interesado en electrodomésticos.

—El periódico está al revés.

Kwon gira el papel.

—Ahora no.

Eunbyeol baja la cámara.

—Queríamos verte.

Hejin entrega los auriculares al técnico real.

—Y verificar que la instalación eléctrica cumpliera los estándares.

—No los cumplía —añade.

Jiwon aparece con el bolso médico.

—También era necesario tener personal sanitario.

Seolhwa llega con una caja llena de comida.

—Y esto iba a desperdiciarse.

Eunji los observa.

Uno por uno.

—¿Vinieron todos escondidos?

Nadie responde.

Eunji sonríe.

—Mi presentación tenía razón.

—¿Qué parte? —pregunta Kwon.

—La del ruido.

Abandonamos la escuela juntos.

Jang intenta organizar la salida para que no parezca una comitiva.

Fracasa.

Mujin camina delante.

Doyun aparece desde un callejón y se incorpora sin explicar dónde estuvo.

Jiwon mantiene a Kwon lejos de la comida de Seolhwa.

Hejin revisa las fotografías tomadas por Eunbyeol.

Seolhwa insiste en que el catering sobrante le pertenece por derecho de recuperación.

Eunji avanza junto a mí, sosteniendo el diploma contra el pecho.

El sol está alto.

Los padres abandonan la escuela.

Los niños corren hacia los vehículos.

No hay alarmas.

No hay ventanas.

No hay monstruos.

El día permaneció normal hasta el final.

Cruzamos el portón.

Eunji mira su diploma.

—¿Lo podemos poner en la sala?

—Sí.

—Al lado de las cosas de la Torre.

—Es tuyo. Elegí dónde.

—Entonces en el centro.

Llegamos a la acera.

Una mujer que camina delante deja caer una bolsa.

Varias manzanas ruedan por el suelo.

Un hombre se agacha para ayudarla.

Un vehículo toca bocina.

Un niño ríe.

Después todos esos sonidos desaparecen.

No disminuyen.

Desaparecen.

La manzana más cercana continúa rodando.

Nadie se mueve para recogerla.

Los civiles permanecen caminando, pero sus pasos ya no producen ruido.

Miro a Hejin.

Ella ya sostiene el báculo.

Uno de sus anillos gira.

[Auditoría de autoridad — SSS.]

[Origen identificado: habilidad humana.]

[Tipo: aislamiento sensorial.]

Doyun desaparece del grupo.

Mujin coloca el escudo frente a los niños.

Jiwon lleva una mano hacia Eunji.

Demasiado tarde.

La mujer de las manzanas se endereza.

Ya no parece preocupada por la bolsa.

Se quita una cadena del cuello.

Un colgante negro cuelga de ella.

Reconozco el símbolo.

Los Adoradores del Fin.

El hombre que la ayudaba también lleva uno.

Después otro padre.

Una empleada de la escuela.

El conductor de un automóvil estacionado.

Una anciana que esperaba en la parada.

Siete personas se separan de la multitud.

Los civiles continúan moviéndose entre ellos sin verlos.

No hay túnicas.

No hay máscaras.

Visten como padres, trabajadores y vecinos.

Eso los vuelve peores.

El sistema los identifica.

[Cha Myeongjin.]

[Nivel: 19.]

[Clase: Sacerdote de la última hora.]

[Título: Heraldo del Fin — A.]

[Habilidad activa: Silencio de los testigos — A.]

[Los seres no seleccionados ignoran temporalmente los sonidos y eventos producidos dentro del área.]

No aparece una misión.

Estamos en la Tierra.

Aquí las muertes no entregan experiencia.

La mujer mira a Eunji.

No a mí.

A Eunji.

—La niña permanece intacta —dice.

Seolhwa deja caer la caja de comida.

Las grebas golpean el suelo.

—Mala elección de palabras.

Otros símbolos negros aparecen entre la multitud.

No son siete.

Hay más.

Doce.

Quince.

Algunos continúan dentro de la escuela.

Jang toca su comunicador.

—Equipo exterior, respondan.

Solo recibe estática.

Hejin observa los anillos.

—La habilidad no bloquea únicamente el sonido. Está aislando las señales de comunicación.

Cha Myeongjin sonríe.

—No vinimos a luchar contra la humanidad.

Mujin despliega el escudo.

Las sesenta y cuatro líneas recorren la superficie.

—Entonces retírense.

—Vinimos a recuperar algo que nos pertenece.

Eunji aprieta mi mano.

No retrocede.

El sacerdote extiende un brazo hacia ella.

—La hija consagrada a Amosfe.

La presión cambia.

Seolhwa avanza.

Jiwon la detiene con una palabra.

—Esperá.

Desde el techo de la escuela llega un golpe seco.

Una flecha atraviesa el hombro de uno de los cultistas y lo clava contra un automóvil.

Doyun.

El hombre no grita.

Sonríe.

Todos los miembros del culto sonríen con él.

Como si compartieran el mismo dolor.

Hejin mira sus circuitos.

—Están conectados.

Cha Myeongjin no aparta los ojos de Eunji.

—La cuidaron bien.

Después me mira.

Su sonrisa desaparece.

—Mucho mejor de lo que esperábamos del cielo que regresó.

El aire se enfría.

El sistema no detiene el tiempo.

No pronunció mi nombre.

No reveló la regresión.

Pero sabe suficiente.

Lentamente, suelto la mano de Eunji.

La coloco detrás de mí.

Eunbyeol se acerca y la recibe.

Kwon invoca ambas dagas.

Mujin se ancla.

Jiwon se coloca los guantes.

Hejin levanta el báculo.

Seolhwa sonríe.

No como los cultistas.

Peor.

Extraigo la Espada del bosque.

La Vaina de los nombres que permanecen reconoce mi mano.

El Lobo abre los ojos dentro del bosque espiritual.

Enemigos de cachorra.

—Sí.

Cha Myeongjin abre los brazos.

Detrás de él, los miembros del culto se arrodillan al mismo tiempo.

No frente a mí.

Frente a Eunji.

—Bienvenida de nuevo, pequeña estrella del fin.

Eunji se aferra a Eunbyeol.

Y en medio de una calle llena de familias que no pueden vernos, los Adoradores del Fin comienzan a rezar.

Thoughts

  • pnavarro64

    Acho, desde Agnóvar no me daba tan mal cuerpo nadie como este culto vestido de padres y vecinas. ¿El Silencio de los testigos tiene un radio fijo o se mueve con el sacerdote?

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  • subrayoTodo

    Mae, el bigote 😭

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  • relatoBreve

    Kwon con el diario al revés y la publicidad de electrodomésticos, che. ¡Me tenté sola en el colectivo!

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