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Capítulo 5. Curupao en el Waraira Repano

Amortes22
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Súcuta celebra su victoria del enfrentamiento con las fuerzas españolas, descansa en su hermoso Hierbazal y se dispone a caminar hacia el acaudalado río Curupao del Waraira Repano, sus aguas…

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Súcuta celebra su victoria del enfrentamiento con las fuerzas españolas, descansa en su hermoso Hierbazal y se dispone a caminar hacia el acaudalado río Curupao del Waraira Repano, sus aguas milagrosas y purificadas, rodeado de plantas de orégano orejón, malojillo, flor de clavellina, matas de mango y aguacate. Al fondo suenan los cantos de los Azulejos, toritos negros, tortillitas de colores. A su alrededor y sin ánimos de cazas observa la compañía de venados, morrocoyes, chiguires, Lapas. Toda la naturaleza agradecida de Súcuta.

Tras el fragor del acero español y el grito de guerra, el silencio del río Curupao se siente como una bendición. Súcuta camina entre el aroma penetrante del orégano orejón y el frescor cítrico del malojillo. No hay tensión en su arco ni sed de caza; hay reconocimiento. Sus aguas cristalinas y sanadoras en compañía de sus ancestros le avivan la voluntad de vivir y amar a la naturaleza.

Al levantar la vista observa a una mujer indígena hermosa,  de piel morena, cabello largo trigueño, cuerpo voluminoso, era una guerrera indígena bañándose en los pozos del río Curupao, parecía una princesa de los Mariche hija del cacique Aramaipuro. El paisaje es un tapiz vivo donde la naturaleza rinde pleitesía: Las aves en concierto: El cielo se llena con el azul eléctrico de los Azulejos, mientras los Toritos Negros revolotean entre las ramas de mango cargadas de frutos. A sus pies, los morrocoyes avanzan lentos y seguros, mientras las lapas y chigüires lo observan sin temor, sabiendo que el líder ha asegurado la paz de la ribera.

Al llegar a los pozos, la visión de la guerrera indígena transforma el momento de descanso en uno de asombro. Ella no es solo belleza; es la personificación de la fuerza de la tierra, Su piel morena brillaba bajo el sol filtrado por los árboles, contrastando con su larga cabellera trigueña que flota sobre las aguas milagrosas. Su cuerpo voluminoso y fuerte refleja que ella también ha portado la lanza. En los pozos del Curipao, el guerrero encuentra a su igual.

El río Curupao. El agua es cristalina, rodeada de piedras lisas y el verde intenso del orégano orejón y el malojillo. El aire huele a mango maduro. Una luz dorada y pura atraviesa la copa de los árboles. La guerrera, tras su baño, está sentada en la orilla, trenzando su largo cabello trigueño con la mirada baja. No ha notado la presencia de Súcuta, quien emerge de entre la vegetación como una aparición del bosque. Súcuta se detiene en seco, fascinado por la visión. Su respiración, aún agitada por la victoria, se calma de golpe. Avanza un paso lento, haciendo crujir una rama bajo su pie.

Ella Reacciona instantáneamente. No con miedo, sino con la velocidad del instinto. Gira la cabeza, sus ojos oscuros clavándose en los de él. Sus manos, aún húmedas, se tensan.

-¿Quién osa interrumpir el descanso del Curupao?

     Súcuta baja ligeramente la cabeza, no por sumisión, sino por respeto sagrado. Su mirada permanece firme, pero llena de admiración.

- Soy Súcuta. Mis pasos me guiaron aquí, buscando la cura de estas aguas.. pero lo que encuentro es más milagroso que el mismo río.

     Ella con tensión física disminuye, pero sus ojos no dejan de estudiarlo. Sus dedos sueltan la trenza a medio terminar. Se levanta lentamente, revelando la fuerza de su cuerpo voluptuoso y trigueño.

- ¿Súcuta, el líder de las victorias contra el hombre de hierro?

     Hay un rastro de reconocimiento en su tono. Muchos cantos se elevan en tu nombre... y ahora,

-¿eres tú el que ve milagros donde solo hay agua y piedra?

     Súcuta da un paso más hacia la orilla. Los azulejos y toritos negros, antes silenciosos, reanudan su canto, como celebrando el encuentro.

- Los cantos mienten, guerrera. No hay victoria que se compare con la luz que desprende tu piel al sol. Yo solo soy un hombre con cicatrices... y tú pareces la misma Madre Tierra emergiendo de la corriente.

     Sus palabras se suavizan, desprovistas del orgullo de batalla.

- ¿Cómo te llaman en estos pozos?

     Ella sostiene su mirada, una leve sonrisa, casi imperceptible, se dibuja en sus labios. -

-Me llaman... la que espera en el Curupao. Pero tú, Súcuta... tú puedes llamarme por lo que ves: otra guerrera que sabe que el descanso también es una forma de lucha.. El río tiene espacio para todos los cansados.

     Súcuta asiente, con una gratitud que le llena el pecho. Sabe que este no es el final, sino un nuevo comienzo. El agua del Curupao ahora no sólo curará sus heridas, sino que le mostrará el camino hacia una fuerza que no conocía.

     Los dos se quedan en silencio, las miradas sosteniendo un diálogo sin palabras. Alrededor, un venado y una lapa se acercan a la orilla, sin temor, como testigos mudos de la paz que se ha sellado en ese rincón sagrado. 

Continuará ....

Thoughts

  • DaveOaks

    Qué bárbaro… que suerte tiene Sucuta… 😅

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