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Capítulo 4. La Batalla del Hierbazal: Sangre y Resistencia

Amortes22
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El amanecer de aquel día no trajo el canto de los azulejos, sino el eco metálico de las armaduras. Desde la loma, las fuerzas españolas avanzaban como una serpiente de hierro, confiadas en sus…

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 El amanecer de aquel día no trajo el canto de los azulejos, sino el eco metálico de las armaduras. Desde la loma, las fuerzas españolas avanzaban como una serpiente de hierro, confiadas en sus arcabuces y en la superioridad de sus caballos. Súcuta no los esperó en campo abierto. Utilizó el Hierbazal como una trampa viviente. Mientras los soldados europeos se sofocaban bajo el sol tropical, cargados con petos pesados, el guerrero y sus hombres se fundían con la vegetación. Eran fantasmas de piel morena que aparecían y desaparecían entre las matas de mango y los troncos gruesos.

Cuando los españoles se internaron en la maleza alta, el grito de Guaymacuare rompió el aire. Una lluvia de flechas con puntas de hueso y madera endurecida al fuego cayó desde los árboles, buscando los huecos en las articulaciones de las armaduras. Súcuta, armado con su lanza de madera de macanilla, se enfrentó directamente al capitán de la avanzada. El español blandía una espada de Toledo, pero la agilidad del guerrero indígena era superior. Esquivaba las estocadas con movimientos que imitaban al jaguar, usando el terreno irregular a su favor.

En la Retirada de los Invasores el estruendo de los arcabuces, aunque aterrador, era lento. Entre carga y carga, Súcuta cerraban la distancia. La batalla se convirtió en un combate cuerpo a cuerpo donde el conocimiento del terreno fue la clave. Al ver que sus caballos se atascaban en el barro de las orillas y que sus filas eran diezmadas por guerreros que no podían ver, los españoles se vieron obligados a retroceder hacia la costa, dejando atrás estandartes rotos y el orgullo herido.

"No luchábamos solo por nosotros, luchábamos por el aroma del malojillo y el derecho de los venados a vivir en paz." — Pensamiento de Súcuta al ver al último soldado huir. Al terminar el enfrentamiento, Súcuta se mantuvo en pie, jadeante, con el pecho cubierto de polvo y el rastro de la batalla en su piel, pero con el espíritu intacto. La naturaleza, que había permanecido en silencio durante el combate, comenzó a "despertar" de nuevo. Fue ese silencio recuperado, el que le indicó que era hora de limpiar la sangre y el cansancio en las aguas sagradas del Curupao.

Continuara....

Thoughts

  • DaveOaks

    Intenso el capítulo… siento que esta no va ser la única batalla, y que creo que esta será la única en la que no hayan graves pérdidas.. pienso yo … quedo muy al pendiente del siguiente capítulo, aquí team Súcuta

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