La prisa, los autobuses que no llegan, el edificio que aparece de pronto. Es exacto el ritmo de llegar tarde a algo que importa. Cuando lo que esta en juego es tu primer show, tu reputacion, la imagen que queres dejar. La ansiedad tiene ese tempo, ese aceleron escrito con precision.
Capítulo 1. Un diamante en bruto
Camina por las calles frías de la ciudad a paso apurado, casi como si estuviera corriendo una maratón. Es su primera presentación y los nervios lo consumen por completo: le preocupa su imagen, si el…
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Pensamiento
La prisa, los autobuses que no llegan, el edificio que aparece de pronto. Es exacto el ritmo de llegar tarde a algo que importa. Cuando lo que esta en juego es tu primer show, tu reputacion, la imagen que queres dejar. La ansiedad tiene ese tempo, ese ace
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Camina por las calles frías de la ciudad a paso apurado, casi como si estuviera corriendo una maratón. Es su primera presentación y los nervios lo consumen por completo: le preocupa su imagen, si el show saldrá como lo planeó y qué pensará la gente. Un sinfín de escenarios catastróficos se cruzan por su mente, nublada. El bar todavía queda a unas cuantas cuadras, pero no pierde la esperanza de llegar a tiempo.
Al divisar finalmente el edificio, apura el tramo final. Llega a la entrada completamente agitado, con la respiración acelerada, y apoya la mano contra el marco de la puerta para no colapsar.
Un hombre simpático con acento francés lo observa sorprendido desde la ventana de su negocio. Al notar que ha llegado, se dirige de inmediato a la puerta para recibirlo.
-¡Llegaste! Me estaba preocupando mucho, tenía miedo de que el público se enojara -dice el dueño del bar con alivio.
Con la respiración entrecortada, Alex intenta formular una oración comprensible:
-Espere... un momentito... -Toma una buena bocanada de aire, como un pez fuera del agua-. Disculpe mi tardanza... No pasaban los autobuses.
-Recupere la respiración, tranquilo. ¿Desea un poco de agua? -pregunta el anfitrión con amabilidad.
-Si no es molestia, por favor -responde Alex mientras se endereza y se acomoda el cabello.
El dueño le entrega un vaso de agua para que se hidrate. Tras darle un par de sorbos, lo guía hacia el pequeño escenario montado al fondo del local. Alex sube sentándose en el banquillo y afinar las clavijas de su guitarra corroborando que las cuerdas estén perfectas y el sonido salga impecable, toma el micrófono y observa a la gente que empieza a rodear la pista.
-¡Buenas noches, Bar Esmeralda! qué hermoso público tengo hoy me alegro mucho que asistan a este show. Quiero darles lo mejor de mi hoy -anuncia con una sonrisa radiante, buscando liberar la tensión.
La multitud lo recibe con calidez, inundando el lugar de aplausos.
Luego de que todo esté en su lugar, Alex toca un par de notas motivando al público y enganchándolo.
-Esta canción se llama «Rompiendo el hábito», es un cover de la banda Linkin Park, pero en versión acústica -anuncia antes de comenzar a rasguear.
Sus dedos comienzan a deslizarse sobre el mástil con una soltura que contrasta totalmente con los nervios de hace unos minutos. El rasgueo acústico nace suave, íntimo, rearmando una melodía desnuda que flota por todo el Bar Esmeralda.
En cuanto suena el primer acorde reconocible, unos murmullos de sorpresa recorren las mesas. Un par de chicos al fondo dejan sus vasos en la barra y se acercan al escenario; una chica en primera fila sonríe y empieza a llevar el ritmo con la cabeza. Alex cierra los ojos un segundo, dejando que la guitarra hable por él.
Cuando proyecta la primera voz, grave pero cargada de una fragilidad transparente, el ambiente cambia por completo.
Volviéndose íntimo logrando que el mensaje se transmita de manera eficiente mientras el propietario mira orgulloso: Alex demuestra que es un artista que no necesita una gran producción. Con cosas sencillas logra un show increíble; es su propia sensibilidad la que habla por él.
Sin embargo, al fondo del local, detrás de toda la multitud, se divisa una figura de traje oscuro. Tamborilea los dedos sobre la mesa al ritmo de la canción, con la mirada clavada en el escenario, estudiando meticulosamente cada tono de su voz y su destreza con el instrumento.
El artista termina su función con un sincero: «¡Muchas gracias!». De inmediato, el público estalla en aplausos, conmovido por la presentación, y empieza a exigir otra canción. Acepta gustoso; está disfrutando el momento y decide complacerlos interpretando una canción de amor.
-Impresionante -expresa Elías desde la penumbra-. Ese chico llegará lejos.
Al concluir la función, el chico realiza una reverencia para despedirse del público. Acto seguido, Antoine, el titular del bar, toma la palabra para agradecer la presencia de Alex, mientras la gente finaliza la noche con una gran ovación.
Alex se encamina a una de las mesas solitarias del fondo. Allí se sienta a descansar mientras lo atienden con un sándwich y un refresco, atención de la casa por haber montado semejante espectáculo. Mientras saborea su comida, el hombre que lo observaba desde la penumbra se acerca con cautela hacia su mesa.
-¡Hola, señor Alex! Disculpe la molestia, soy un gran admirador de su trabajo. Me encantó la forma en que interpretó esas canciones.
Lo mira un poco confundido, pero, para no parecer grosero, lo saluda con absoluta amabilidad:
-Oh... Muchas gracias... Emm... ¿usted cómo se llama?
-Mi nombre es Elías, Elías Wilson -responde el hombre con una sonrisa serena y elegante-. Frecuento bastante este bar... Me gusta la calidez que tiene.
-Disculpe que lo moleste, pero... ¿puedo tener el privilegio de sentarme al lado de un artista como usted?
-Eh... Sí, no hay problema, siéntese -responde Alex, cediendo por educación.
El hombre trajeado mueve la silla para acomodarse al lado de Alex y, como acto de cortesía, decide ofrecerle algo más.
-¿Desea tomar algo? Yo invito.
Alex se siente un poco abrumado por la insistencia, pero por dentro desea probar algo más que un simple refresco. Sabe bien que su presupuesto es demasiado ajustado para permitirse esos lujos, así que prefiere aceptar la cortesía.
-Bueno... Quisiera tomar un tequila.
-A sus órdenes. ¡Camarero! -llama Elías alzando la voz con soltura para que el mozo se acerque-. Un tequila y un gin tonic, si no es molestia.
El mozo toma la orden y se retira a buscar las bebidas, dejando a Alex a solas con la mirada penetrante de Elías.
-¿Usted viene muy seguido a estos lugares? -pregunta, iniciando la conversación.
-De hecho, sí. Usualmente me llaman para hacer shows cada vez que hay alguna celebración -responde.
-Oh, ya veo. Para ser sincero, es la primera vez que lo veo por aquí y me impresionó muchísimo cómo tocó.
-Nah, no es para tanto... Hay mejores músicos que yo -comenta Alex, bajando la mirada con modestia.
-Por favor... Yo siento que cada músico tiene su estilo, y el suyo está bien marcado. Es igual de bueno, o incluso superior al de muchos -afirma Elías con voz pausada y convincente.
-¿Lo dice en serio? -pregunta Alex, mirándolo con una mezcla de sorpresa e incredulidad.
-Totalmente. Soy un melómano y tengo bastante experiencia escuchando a miles de artistas, pero es muy difícil lograr que el público se enganche a la primera. Usted lo consigue con una naturalidad asombrosa.
-Ah... Gracias... Creo -responde el chico, rascándose la nuca, un poco abrumado por el elogio-. Sinceramente, es algo que simplemente... sale, ¿sabe? Siempre me imagino que estoy en mi cuarto y que canto solo para mí.
En ese momento, el camarero trae las bebidas y las coloca sobre la mesa. Elías aprovecha para dedicarle una breve sonrisa de agradecimiento al mozo y, de inmediato, vuelve a centrar toda su atención en el joven.
-Ya veo... Es usted un hombre muy sencillo, y noto que usa la música como su refugio -comenta con tono comprensivo, tomando su vaso de gin tonic.
-¡Sí! La música es algo que me acompañó durante toda mi infancia y me marcó muchísimo -asiente Alex emocionado, sintiendo por fin que habla con alguien que lo comprende
-Lo entiendo perfectamente -responde Elías, mirándolo fijamente a los ojos antes de dar un sorbo-. A mí también me marcó. Sin la música, prácticamente no podría vivir.
-Dígame, señor Alex... ¿usted alguna vez soñó con que la música lo lleve a otros lugares? -pregunta, inclinándose levemente hacia adelante, con voz pausada.
Alex lo mira sorprendido, sintiéndose expuesto, como si aquel desconocido estuviera leyendo las páginas de un libro abierto con todas sus ideas y sentimientos más profundos. Tras unos segundos de silencio, asiente de forma leve.
-Siempre he soñado con tener una banda y que mis canciones se conecten con otras personas... -admite, fijando la mirada en su vaso de tequila antes de dejar escapar una sonrisa forzada-. Pero es un sueño estúpido. Sinceramente, siento que no doy la talla para aspirar a ser un artista reconocido.
-¡Jamás vuelva a decir que su sueño es estúpido, señor Alex! -le interrumpe Elías con firmeza, mirándolo a los ojos-. Muchas personas tienen la técnica, pero muy pocas tienen el alma que usted demuestra en el escenario. Lo que le falta no es talento, es la oportunidad correcta... y la gente adecuada a su lado.
Elías mete la mano en el bolsillo interior de su saco y muestra una tarjeta de presentación de gramaje grueso, de un color blanco mate con letras negras, y la desliza suavemente sobre la mesa, justo al lado del vaso de tequila.
-Piénselo. Si de verdad quiere armar esa banda y dejar de cantar solo para cuatro paredes, tiene mi número para contactarse cuando desee. Yo puedo darle las herramientas que necesita.
Su colega se queda mirando el pedazo de papel, con el corazón latiendo a mil por hora, mientras que su compañero de plática toma un sorbo de su gin tonic.
-Yo no lo voy a presionar, pero cuando se decida, siempre tendré mis puertas abiertas para usted.
Elías termina de hablar y los dos prosiguen a beber. Mientras tanto, Alex se sumerge en un profundo estado de reflexión, asimilando la enorme oportunidad que acaba de presentarse ante él.
Thoughts
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PermalinkEmpezó bien!
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PermalinkLa prisa, los autobuses que no llegan, el edificio que aparece de pronto. Es exacto el ritmo de llegar tarde a algo que importa. Cuando lo que esta en juego es tu primer show, tu reputacion, la imagen que queres dejar. La ansiedad tiene ese tempo, ese aceleron escrito con precision.
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PermalinkDiria que Alex va a respirar hondo, va a mirar al publico cuando llegue el momento, y se va a sorprender de su propia voz. Algo me dice que la noche va a cambiar todo.
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PermalinkEl detalle del acento frances me queda. Un dueno de bar frances en una ciudad desconocida, esperando a joven nervioso. Es ese tipo de personaje que te hace querer seguir leyendo para saber por que esta en esta ciudad, como llego a tener su bar. Los personajes asi terminan importando mas que el protagonista.
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PermalinkAlex llega a tiempo, respira, hay agua. La noche empieza. Vas a publicar la segunda parte?
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PermalinkAlex llega tarde y asustado pero el anfitrion lo recibe con calma. Eso es bonito. Un inicio que promete.
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PermalinkEl dueño del bar va a ser lo mejor que le pase en la noche. Esos momentos de amabilidad antes del caos es lo que la gente recuerda de verdad.
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PermalinkLa respiración acelerada, contar los minutos, los escenarios catastroficos. Reconozco todo esto.
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