Lo que describes como un encuentro sin historia previa es casi lo opuesto a amar: es ser visto sin pretensión de serlo, y eso que la película de Linklater captura es algo cercano al encuentro que los monásticos llamaban el encuentro con el otro como presencia de lo divino. No porque sea sacro, sino porque la ausencia de máscara abre algo que normalmente está cerrado. Dos desconocidos sin expectativas es el lugar donde podría suceder una verdadera revelación del ser.
Before Sunrise | ¿Cuántas personas conocemos realmente a lo largo de nuestra vida? Pregunta Respondida
Vivimos rodeados de personas. Compartimos años con compañeros de trabajo, amigos, familiares e incluso parejas. Sin embargo, muy pocas veces sentimos que alguien realmente nos conoce. Solemos pensar…
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Lo que describes como un encuentro sin historia previa es casi lo opuesto a amar: es ser visto sin pretensión de serlo, y eso que la película de Linklater captura es algo cercano al encuentro que los monásticos llamaban el encuentro con el otro como prese
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Vivimos rodeados de personas. Compartimos años con compañeros de trabajo, amigos, familiares e incluso parejas. Sin embargo, muy pocas veces sentimos que alguien realmente nos conoce. Solemos pensar que el tiempo es lo que construye un vínculo. Que hacen falta meses o años para entender a otra persona. Pero ¿y si una sola noche pudiera decir más sobre nosotros que toda una vida de conversaciones superficiales?
Esa es la pregunta que me dejó Before Sunrise.
La premisa parece casi insignificante. Dos desconocidos se cruzan en un tren rumbo a Viena. Jesse está viajando de regreso a Estados Unidos. Céline vuelve a París. Podrían despedirse como cualquier otra persona que conocemos durante un viaje. Sin embargo, él la invita a bajarse del tren y pasar juntos las pocas horas que le quedan antes de tomar su vuelo. Ella acepta. A partir de ahí, la película prácticamente renuncia a cualquier estructura tradicional. No hay grandes conflictos, no hay villanos ni giros inesperados. Solo dos personas caminando, hablando y descubriendo que, a veces, una conversación puede ser mucho más emocionante que cualquier escena de acción.
Y creo que ahí aparece la primera gran idea de Richard Linklater. Before Sunrise no intenta contar una historia de amor. Intenta capturar ese instante irrepetible en el que dos personas sienten que pueden decirse absolutamente todo sin miedo a ser juzgadas.
Hay una frase que escuché alguna vez que dice que muchas veces es más fácil hablar con un desconocido que con alguien que conocemos hace años. Después de ver la película entendí por qué. Cuando conocemos a alguien desde hace mucho tiempo también cargamos con todas las versiones que esa persona espera de nosotros. Somos el hijo, el amigo, el compañero o la pareja. Hay una historia que sostener. Con Jesse y Céline eso no existe. No tienen un pasado compartido. No tienen expectativas. No necesitan impresionar al otro. Pueden equivocarse, contradecirse o cambiar de opinión sin miedo a romper una imagen que todavía no fue construida.
Y creo que eso vuelve sus conversaciones tan especiales.
Hablan del amor, de la muerte, de la religión, de la infancia, del futuro y de los miedos con una naturalidad que pocas películas consiguen transmitir. Nunca da la sensación de que están recitando grandes diálogos escritos para impresionar al espectador. Al contrario. Parecen dos personas intentando entenderse mientras también intentan entenderse a sí mismas. Muchas veces uno siente que no están respondiendo preguntas. Están pensando en voz alta.
Hay algo que me gustó muchísimo y es que Linklater entiende que enamorarse no siempre ocurre a través de grandes gestos. Ocurre en los pequeños detalles. En una caminata sin destino. En una canción escuchada juntos. En un silencio que no resulta incómodo. En una mirada que dura un segundo más de lo normal. La película encuentra belleza en cosas completamente cotidianas y, justamente por eso, todo se siente profundamente real.
También me hizo pensar en otra pregunta.
¿Qué hace que una persona sea inolvidable?
No creo que tenga que ver con el tiempo que pasamos con ella. Tiene que ver con la intensidad con la que vivimos ese tiempo. Jesse y Céline pasan apenas unas horas juntos. Sin embargo, uno siente que llegan a conocerse de una manera mucho más profunda que muchas parejas que comparten años enteros. Porque no hablan para llenar silencios. Hablan para descubrir quién tienen enfrente.
Richard Linklater filma todo con una naturalidad admirable. La cámara parece acompañarlos en lugar de dirigirlos. Las calles de Viena dejan de ser un escenario turístico para convertirse en el espacio donde ese vínculo puede existir. La ciudad no llama la atención sobre sí misma. Respira junto a los personajes. Todo transmite la sensación de que estamos presenciando algo que realmente podría haber ocurrido una noche cualquiera.
Ethan Hawke y Julie Delpy son el corazón absoluto de la película. La química entre ambos resulta tan genuina que muchas veces parece que la cámara simplemente decidió seguir a dos personas conversando por la ciudad. Ninguno intenta imponerse sobre el otro. La película funciona porque ambos se escuchan. Y eso, que parece algo tan simple, termina siendo una de las cosas más difíciles de encontrar tanto en el cine como en la vida.
Pero hubo una idea que me quedó dando vueltas mucho después de que terminaran los créditos.
Durante toda la película sabemos que esa noche tiene un final. El tiempo nunca deja de estar presente. Cada conversación, cada paseo y cada momento compartido están atravesados por la certeza de que, tarde o temprano, tendrán que despedirse. Y creo que esa limitación es precisamente lo que vuelve todo tan valioso. Si supieran que van a pasar el resto de sus vidas juntos, probablemente muchas de esas conversaciones podrían esperar. Pero como el tiempo se termina, cada palabra adquiere un peso distinto.
Quizá por eso Before Sunrise nunca habla realmente del amor.
Habla del encuentro.
De esas personas que aparecen sin que las estemos buscando y que, casi sin darse cuenta, cambian la forma en que entendemos el mundo. Personas con las que compartimos apenas unas horas, pero que permanecen en nuestra memoria durante años.
Siempre pensamos que las relaciones más importantes son las que duran más tiempo.
La película propone otra idea.
Tal vez las relaciones más importantes sean aquellas que, aunque duren una sola noche, consiguen mostrarnos una versión de nosotros mismos que hasta ese momento todavía no conocíamos.
Y quizá esa sea la verdadera magia de Before Sunrise.
No hacernos creer que existe el amor perfecto.
Sino recordarnos que, de vez en cuando, la vida pone en nuestro camino a alguien con quien todo parece increíblemente simple.
Y que, aunque el sol termine saliendo y cada uno deba seguir su camino, hay conversaciones que nunca terminan realmente.
Porque algunas personas pasan apenas unas horas por nuestra vida.
Pero permanecen para siempre en nuestra memoria.
Respuestas
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Respuesta aceptada
PermalinkAlgo de verdad hay en eso. Salí de una iglesia donde pasé treinta y cinco años, y descubrí más de mí en los primeros meses que en una década. Fue con gente que no cargaba la imagen que yo esperaba ser.
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PermalinkHermosa idea, pero solo funciona si tenés tiempo de sobra. Para la mayoría es la línea 12 a las cinco de la mañana, de pie, sin compartir ni el nombre.
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PermalinkEl problema de la película es que te vende una certeza que no existe: que dos personas pueden conocerse profundamente sin historia y sin contexto material. Pero lo que ven es proyección. Cada uno trae sus miedos, sus historias no dichas, sus prejuicios invisibles. La ilusión de que te conocen de verdad es poderosa, sí; que sea verdad es distinto. La gente se enajena así todo el tiempo sin darse cuenta de cuánto está interpretando en el otro.
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PermalinkLa película me hace pensar en algo que está en varios Salmos, donde el salmista habla del reconocimiento mutuo que ocurre cuando alguien ve tu corazón de verdad. Eso de 'conocer' en la Escritura casi nunca significa acumular información, sino entrega mutua. Una noche de esa clase de conversación honesta sí puede ser más conocimiento real que años de trato superficial.
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PermalinkLo que describes como un encuentro sin historia previa es casi lo opuesto a amar: es ser visto sin pretensión de serlo, y eso que la película de Linklater captura es algo cercano al encuentro que los monásticos llamaban el encuentro con el otro como presencia de lo divino. No porque sea sacro, sino porque la ausencia de máscara abre algo que normalmente está cerrado. Dos desconocidos sin expectativas es el lugar donde podría suceder una verdadera revelación del ser.
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PermalinkHe visto gente en los últimos días pedir volver a ver a alguien que estuvo unas horas. La intensidad cala más que el tiempo.
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PermalinkInteresante, pero hay algo que Linklater deja fuera: toda conexión que dejó rastro en la historia se construyó sobre repetición, no una noche irrepetible. Las amistades que otros recuerdan décadas después tienen cartas, fotos, años. Una noche intensa se olvida; lo que permanece necesita más.
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PermalinkEso funciona en la película. Pero en la realidad del martes a las seis, la gente anda con otras cosas. ¿Cuándo pasa de verdad eso?
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