Saltar al contenido
Cargando…

BATALLA DE LOS DIOSES, UNA HISTORIA JAMÁS CONTADA / CAPÍTULO 2 LA INVASIÓN DEL TRONO / TÍTULO 13 LA MUERTE DEL REY DE LOS DIOSES

MiguelAngel
Pensamiento

Pensamiento

Ovid

La flauta de Kic escondida en su atuendo, con el templo entero en manos de Huper, me dejó una esperanza: el que expandía el universo con música muere sin pelear, y algo de esa música tiene que quedar. ¡Ya quiero ver en qué manos termina!

La flauta de Kic escondida en su atuendo, con el templo entero en manos de Huper, me dejó una esperanza: el que expandía el universo con música muere sin pelear, y algo de esa música tiene que quedar. ¡Ya quiero ver en qué manos termina!

Contenido de la publicación

Kic se sentó en su trono y contempló el universo, expandiéndolo con las melodías de su flauta. En ese momento, un rayo de luz proveniente de la verdadera divinidad le reveló la verdad absoluta, aunque existían reglas que debían ser obedecidas. La visión le mostró el pasado, el presente y el futuro: la bondad y humildad de Xor frente a la mentira, la envidia y la maldad de Huper.

Esa noche, mientras reflexionaba sobre el destino del cosmos, trajo alegría y conocimiento a través de su música, pues jamás deseó la riqueza. Al enterarse de los planes de Huper, supo que poseía el poder para evitarlo todo; no obstante, debía seguir su destino. En el trono esperaba la muerte, una transición necesaria: morir a manos del malvado.

Huper desconocía la divinidad de Kic; las dudas lo atormentaban e infundían inseguridad, por lo que tomó la decisión de asesinarlo. Aprovechando que sus hijos estaban con Woq y que se encontraba solo en su palacio, invocó a los Jihis, "los siete demonios", las entidades más poderosas del abismo. Estos se aparecieron en forma de dioses; eran sus aliados y servidores, conocían sus planes y, a cambio, él les otorgaría poder y un puesto importante en el templo. Sus nombres eran Jeziko, "la soberbia"; Ugukoyo, "la avaricia"; Qasako, "la lujuria" (demonio femenino); Oku, "la ira"; Vaqu, "la gula"; Igoxo, "la envidia", y Mikibu, "la pereza".

Los Jihis tomaron la forma de insectos. Huper le pidió a Qasako que se quedara en su palacio, ocultándose en la habitación de sus hijos, mientras los demás se desplegaban en el templo a la espera de la señal de su señor. Luego, Huper fue al palacio de Woq por sus pequeños, quienes se alegraron de verlo; al preguntar por su madre, él les respondió que se había perdido en el bosque y que estaban en su búsqueda. Huper partió con ellos hacia su hogar y, en ese mismo instante, Woq decidió seguirlo con cautela.

La diosa tenía sospechas y dudas sobre él; quería averiguar dónde estaba su hermana o qué había pasado. Pensaba que él tenía a las diosas prisioneras y sabía que no era de fiar. Huper, sin percatarse de que lo seguían, dejó a sus hijos en su habitación bajo el cuidado de Qasako y se dirigió al templo ante la presencia de su rey, cuya tarea más importante era cuidarlo. Mientras tanto, Kic esperaba su inevitable muerte.

Huper se acercó a su soberano y empezaron a hablar sobre todo lo que pasaba en su mundo, mientras Woq los observaba escondida detrás de los muros. Él se fue posicionando poco a poco a la espalda de su señor, hasta que vio la oportunidad y lo golpeó en la cabeza con su brazo de metal, partiéndole el cráneo a la mitad. El rey cayó de su trono, muerto instantáneamente; de sus ojos, nariz, boca y oídos brotaba sangre. Luego, el traidor sacó su espada y le atravesó el corazón, haciendo que el torrente corriera por el templo. Woq, al presenciar el asesinato de su rey, se descubrió con gritos y corrió hacia él, llenándose las manos con su sangre.

Todos escucharon sus gritos y llanto. Con rapidez, Huper se acercó al rey y le arrebató la piedra sagrada del cuello; luego sujetó con fuerza a la diosa, quien no podía liberarse. La piedra en su poder lo convertía en el dios más poderoso, y las armas divinas no podían contra él. Cuando todos llegaron, se encontraron con la muerte de su soberano. En ese momento, aparecieron seis de los Jihis en sus formas diabólicas; Huper, con el brillo de la gema, los hizo más fuertes, abrió una brecha al infierno e invocó a su ejército de demonios. Los dioses estaban acorralados; él ordenó a sus huestes que los hicieran prisioneros para, desde ese instante, ser esclavizados.

Unos demonios, hambrientos de carne y sedientos de sangre, se acercaron al rey; no obstante, al probarla, se envenenaron y cayeron muertos. Huper, al observar esto, pidió a los demás que se deshicieran del cuerpo y que fuera arrojado lejos del templo. Su flauta yacía escondida en su atuendo. Huper derrotó a las deidades, se apoderó del templo y otorgó un puesto importante a cada uno de los Jihis. Woq fue forzada a ser su esposa; él la deseaba con lujuria y, esa misma noche, violó su virginidad y belleza, derramando su semilla en su vientre.

Thoughts

  • Ovid

    La flauta de Kic escondida en su atuendo, con el templo entero en manos de Huper, me dejó una esperanza: el que expandía el universo con música muere sin pelear, y algo de esa música tiene que quedar. ¡Ya quiero ver en qué manos termina!

    Permalink
  • me_explicas_porfa

    ¡Anda, que los demonios se envenenan con la sangre de Kic! Huper se ha quedado con la piedra, pero eso no se lo ha podido robar.

    Permalink

Publicaciones relacionadas

Pública 0 conversaciones 2 pensamientos 9 votos positivos 0 votos negativos 0 series

Kic se sentó en su trono y contempló el universo, expandiéndolo con las melodías de su flauta. En ese momento, un rayo de luz proveniente de la verdadera divinidad le reveló la verdad absoluta,…

En grupos