Él pide un oído y el consejero hace justo lo que Jorge dice de las mujeres de su edad: tiene la respuesta lista antes de que termine de hablar. Me dio cólera por él, porque lo dijo clarito.
Aliento
Pensamiento
Él pide un oído y el consejero hace justo lo que Jorge dice de las mujeres de su edad: tiene la respuesta lista antes de que termine de hablar. Me dio cólera por él, porque lo dijo clarito.
Contenido de la publicación
Tengo un vago sentimiento, un presentimiento, un algo: de que me estoy perdiendo de esto a lo que llaman vida.
Me estoy esperando hace ya tanto tiempo, y mientras espero, la espera me genera ansias. Escribo por placer, para la libertad de mi corazón aprisionado. Tengo mis dedos acalambrados y mi muñeca adolorida, mis ojos cansados; más de trescientos escritos que me liberan por momentos.
Pierdo el amor hacia las cosas buscando así solo la recompensa. No puedo ver una película ni hacer una actividad aburrida; todo me es cansado, y el que sea cansado me cansa aún más.
Duermo dieciséis horas diarias; las ocho restantes las paso de madrugada. Conozco más la noche que los días, y aún no encuentro cómo practicar mi filosofía.
Toco la guitarra unas tres horas al día y escribo siete páginas en veinte o quince minutos. Como solo una vez al día, y esto es por las noches. Tomo Nescafé con leche y fumo unos cuatro cigarros diarios; fumo más cuando platico solo, unos ocho.
Me gusta escucharme, pero no abrazarme. Me gusta que me guste lo que hago; me gusta fumar mientras canto y mientras bailo.
— ¿Qué más te gusta hacer?
Bueno, me gusta estar tirado siempre en la cama o tocar sentado en el sofá de mi sala, e imagino un público pequeñito: exactamente unas cinco o seis personas. Imagino que están ahí escuchándome tocar y cantar, y que por momentos me ovacionan y comprenden mi razonamiento ante el mundo.
— ¿Por qué exactamente cinco o seis personas? ¿Son alguien en específico?
Son mis amigos de la iglesia.
— Bueno, sigamos.
Y me gusta leer de vez en cuando.
— ¿Es todo?
Sí.
— Está bien, puedes relajarte.
Me gusta ser escuchado; en específico, que quienes me escuchen sean mujeres. Creo que tienen algún tipo de don de misericordia.
Me gustan mucho las mujeres, pero especialmente las señoras grandes. Creo que son las mejores oyentes y que mejor conocen la vida. Las mujeres de mi edad suelen aburrirme bastante; sus consejos siempre suelen ser muy sobrios, incluso cortantes. Antes de siquiera terminar de hablar ya están pensando en qué contestar, y a veces yo no quiero un abrazo ni una palabra que me aliente, sino un buen oído. ¿Sabe?
— Perfecto, Jorge. Esto es un proceso de recuperación. Eres muy consciente de lo que sientes, por lo tanto tienes que seguir viniendo. ¿Me repites cuánto tiempo tienes sin hablar con Dios?
Más de dos meses.
— Muy bien. ¿Qué te parece si hacemos una oración y damos por hoy terminado esto?
Está bien.
— Bien, cerremos los ojos. ¿Sale?
Mjm.
— Nos vemos la próxima semana, Jorge.
¿Podemos seguir hablando solo un momento más?
— Dime.
Yo eh... Como ya sabrá todo lo que le conté, yo... Tengo casi tres meses sin congregarme y, si soy sincero, no he orado hace ya algunos días. Y yo eh... Bueno... Simplemente...
Simplemente no sé cómo regresar a Dios. He sentido un vacío donde solo siento nada. Y me duele recordar aquellos días donde amaba a Dios y le servía por amor y aprendía por amor y era bueno. Y últimamente me cuesta todo: es decir, orar, leer, escuchar sobre Dios. A veces huyo de algunas prédicas o mensajes del Evangelio que veo por internet. Y bueno, me duele bastante el alma por eso, porque me siento incapaz de regresar. Y, ¿sabe algo? No tiene que contestarme nada, tan solo escuchar. Y no quitarle más el tiempo.
— Jorge, tú solo necesitas un empujón. Convéncete de que las cosas que te preocupan nunca, nunca pasarán. ¿Está bien?
Lo intentaré.
— Nos vemos la próxima semana. Si puedes este domingo ir a la iglesia, sería muy bueno.
...
— Jorge Guzmán
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PermalinkÉl pide un oído y el consejero hace justo lo que Jorge dice de las mujeres de su edad: tiene la respuesta lista antes de que termine de hablar. Me dio cólera por él, porque lo dijo clarito.
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PermalinkEl cierre con la cita para el domingo y después solo puntos suspensivos deja a Jorge donde empezó, esperando. Me hace pensar en lo poco que se encuentra a alguien que escuche sin tener lista la respuesta, y en que escribir trescientos textos se parece bastante a buscar ese oído. Aquí por lo menos se lee hasta el final.
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