Eso de que «la ira es como un león», no piensa, no razona, solo busca presas, me va a perseguir.
Aethelgard - capitulo final
Pensamiento
Eso de que «la ira es como un león», no piensa, no razona, solo busca presas, me va a perseguir.
Contenido de la publicación
Final
Baltazar no tenía reparo en su maldad. Había en el un odio ciego hacia el mundo y todos los seres que lo habitaban. Recurriría a vengarse de ellos antes de llevar a cabo su plan para volverse un ser inmortal y evitar así el castigo eterno.
En la busqueda de una doncella virgen, el último requisito del ritual, Baltazar viajo de una aldea a otra. Quemandolo todo con la ayuda de su draguen domesticado.
Sería responsable de cientos de pérdidas humanas, entre las que se contaban hombres, mujeres y un sinfín de niños y ancianos. Era importante algo de diversión antes de que siguiera con su trabajo.
Baltazar Vernaliu podia haber raptado a cualquier niña de alguna de las aldeas que destruyo. Pero el hechicero era un sádico. Había sido su desgracia el detonante de una locura irracional que ya no le permitia pensar con claridad.
Para cuándo el brujo llegó a una de las últimas aldeas en su camino fue que recordó su tarea principal.
—No! Ayuda!—gritaba desconsoladamente una pobre niña mientras el brujo la sostenía de su pequeño brazo. Todo su pueblo había sido reducido a escombros, fuego y cenizas. Su madre había sido tapeada por los muros de la casa cuando está se derrumbó durante el ataque. El padre de la niña yacia bajo un pedazo de tierra quemada, inconsciente y con el hombro ensangrentado. Baltazar forcejeaba con la niña, quien no tenia más de seis años.
—ayuda por favor! Alguien que me ayude!—los gritos de la niña jamás serían oídos pues el brujo se había encargado de eliminar a toda posible resistencia. Baltazar la miraba por debajo de su capucha púrpura, reflejando unos ojos color ámbar; ardiendo de odio. La niña se esforzaba por liberarse pero aquello era inútil. Baltazar la tenía agarrada con fuerza y no la soltaba por nada del mundo.
—no te resistas, pequeña—le dijo Baltazar con voz amable, que intentaba ocultar sus oscuras intenciones.—ya verás que la vamos a pasar muy bien. Tu me darás lo que quiero y yo a cambio me encargare de que te reunas en el infierno con tus padres—Al oír semejantes palabras tan horribles, la niña dió un grito desgarrador, que resono en todo el pueblo cubierto por las llamas. Parecía que el brujo Baltazar lograria por fin su cometido.
En ese momento, el padre de la niña, un hombre alto y endurecido por el trabajo de campo, se abalanzó sobre el hechicero desde atrás y le rodeo el cuello con las manos. Comenzo entonces un intenso forcejeo que detonó en el esfuerzo del brujo por liberarse, golpeando las costillas del lastimado sujeto. La niña quiso huir en ese momento pero algo invisible le sujetaba los pies. El hombre de campo hizo lo que pudo por derribar al brujo. Lo logro. Pero ya en tierra no fue capaz de mantener al brujo controlado y este se libero sin esfuerzo alguno. Asestandole varios golpes salvajes que delataban que su espíritu humano luchador aún seguia vivo dentro de el.
—dejalo en paz!-. Le gritó la pobre niña con impotencia. Era demasiado pequeña y débil como para intervenir y ayudar. El granjero quiso decirle que corriera pero el brujo alcanzó a golpearlo en la cara para luego sacar su daga de acero y asestarle una brutal puñalada que hizo gritar al hombre de dolor y a la niña de tristeza.
Una vez más, Baltazar Vernaliu había cometido la peor de las acciones y está vez no había remordimiento alguno que pesara en su consciencia. El brujo ya había perdido todo rastro de humanidad.
Con el hombre eliminado, Baltazar procedió a levantarse, victorioso. Para cuándo la pequeña niña quiso correr, ya era demasiado tarde. Los hombres cuervo que servían a Baltazar estaban detrás de ella, Impidiendole el paso.
El brujo Baltazar luego se dió la vuelta hacia la niña y con una sonrisa más que atemorizante le dijo a la pequeña—bien. En qué estábamos?—. El grito desgarrador de aquella niña transcendio del pueblo destruido y se escuchó hasta en las montañas.
***
Mientras se encontraba en su tienda de campaña, Diego observo el mapa sobre la mesa. Una vez más dependeria del mismo y de su libreta para trazar el plan ideal con el que pudiera detener al vil hechicero, Baltazar. Quien se hallaba en el remoto bosque de Renvall: un lugar sin mucha importancia en el reino Kalendriano, pero ideal para que que el brujo llevara a cabo su ritual de inmortalidad.
El bosque tenía terrenos desiguales, senderos angostos y un buen número de plantas venenosas que representarian un obstáculo para sus tropas. El estratega Alarcón tomo su pluma blanca. Pequeñas piezas de madera y comenzó a trabajar antes de que cayera la noche. La niebla sería parte del escenario y debía encontrar una forma de lidiar con todo eso para obtener la victoria.
Su plan seria el siguiente:
Diego se enfrentaria a una asimetría brutal, pues Baltazar tendria una ventaja aérea masiva gracias a las arpías, hombres-cuervo, el draguen y él mismo brujo en forma de ave raptora. El control ambiental (elementos), iban a estar presentes también.
Mientras que el terreno: bosque nublado, terreno desigual y el veneno anularia por completo la movilidad tradicional de la caballería y fragmentaria las líneas de visión.
Sin embargo, las tres nuevas unidades de Diego (artilleros, cazadores de grifos y fusileros) le iban a dar exactamente lo que Alarcón necesitaba para contrarrestar el espacio aéreo, siempre y cuando se jugará con posición y números estrictos.
Fase 1. El Terreno como Escudo y la Formación de la Falange de "Áreas de Negación".
En un bosque nublado y desigual, la línea recta no existe y la visibilidad es bastante baja. Baltazar querria usar a sus hostigadores aéreos (las arpías y hombres-cuervo) para sembrar el caos. Diego debia forzar un cuello de botella.
Los militantes y el caballero paladín Alonso debian formar el frente en las zonas de terreno más firme. Alonso seria el ancla moral y física contra la fuerza bruta de los orcos y los temibles escarabajos gigantes. Su armadura sagrada y bendiciones debian neutralizar el factor del veneno de las plantas del entorno.
Detrás de la vanguardia, los fusileros (con sus proyectiles mágicos) y las tropas de hostigadores aprovecharian la niebla. Al utilizar mosquetes mágicos, el daño no dependia solo de la pólvora, sino de la precisión. Debian disparar en ráfagas concentradas contra los escarabajos gigantes (cuya armadura natural resultaba inmune al metal común, pero vulnerable a la magia).
Los artilleros necesitaban posiciones estáticas y elevadas (peñascos o zonas libres de árboles espesos). Su función no seria apuntar a unidades individuales, sino hacer fuego de saturación en las rutas de aproximación de los orcos.
Fase 2. Contrarrestando el Dominio Aéreo.
El draguen de fuego ácido y Baltazar en forma de ave gigante serian las mayores amenazas, ya que podrian ignorar el terreno desigual.
Los Jinetes de Grifo (Cazadores) No debian de usarse para atacar al ejército de tierra. Su misión única sería la superioridad aérea defensiva.
Armados con lanzas, tendrian la ventaja del alcance contra las numerosas arpías y los hombres cuervo. Debian actuar como unos pastores, empujando a las unidades voladoras enemigas hacia el "cono de fuego" de los arqueros de elite y fusileros en tierra.
El Combo Anti-draguen (Maga Elfa + Monje + Clériga) para contrarrestar al draguen que atacaba con fuego ácido.
Liliana Alarcón, como clériga, debia mantener barreras de protección contra el ácido y curar las quemaduras del terreno provocadas por el fuego del draguen.
La magia elfica de Joani debia usarse como opcion anti-magia elemental (especialmente contra el viento y fuego de Baltazar) para disipar la niebla cuando sea necesario disparar, o espesarla para ocultar a las tropas aliadas.
El monje Lionkai actúaria como el guardaespaldas de los tiradores. Si los hombres-cuervo lograban infiltrarse por el aire, saltándose la línea frontal, la velocidad y el combate cuerpo a cuerpo del monje los neutralizaria en segundos. Con su nueva espada de fuego, Lionkai seria imparable.
Fase 3. El Plan de Acción: Atracción y Emboscada.
Baltazar Vernaliu se confíaba de su poder elemental y su superioridad numérica. Diego debia de usar la psicología militar:
Fase de Cebo: Los merodeadores y los jinetes (que tienen movilidad reducida por el bosque) se expondrian de forma falsa en un flanco abierto, fingiendo estar atrapados por el terreno desigual. Esto atraeria la carga de los orcos y el ataque picado de las arpías.
Fase de Ensalzada (El Yunque): Cuando los orcos salvajes avanzaran, los merodeadores se retirarian detras de la falange del Paladín Alonso y los militantes.
Los escarabajos gigantes del desierto, como seres lentos y pesados, sufririan enormemente la humedad y el terreno fangoso del bosque nublado. Quedarian atrapados.
Fase de Destrucción (El Martillo): Con el enemigo estando agrupado y tratando de romper la defensa, la maga elfa fijaria la posición de Baltazar y el draguen con magia de enraizamiento o alteración de gravedad.
En ese mismo instante, los artilleros de larga distancia y los fusileros concentrarian el 100% de su potencia de fuego mágico en el líder y la bestia. Sin su líder hechicero, el ejército salvaje de orcos y bestias se dispersaria en el bosque, donde los cazadores de grifos y arqueros podrian eliminarlos uno a uno.
La batalla terminaría de manera abrupta para el hechicero Baltazar, quien vería a su ejército desmoronarse al igual que sus planes. Su draguen domesticado se habría convertido en una reliquia desvivida. Todo gracias a la planificación y el cálculo meticuloso del brillante estratega Alarcón y su grupo.
Herido y convaleciente por sus heridas, Baltazar Vernaliu se arrastraba por el fango y la maleza del lugar. Varias voces guturales de los espíritus reclamaban su alma. El orgulloso hechicero, sin embargo, se negaba a darse por vencido.
En un intento desesperado por obtener la ventaja sobre sus enemigos, Baltazar Vernaliu llegó apremiante al altar de madera que había tallado especialmente para aquella ocasión. En su interior yacia la pequeña niña, recostada sobre una cama improvisada de madera oscura.
Unas cuantas velas la rodeaban como un detalle macabro mientras los espíritus del bosque seguían pasando y emitian sonidos atemorizantes.
El brujo tomó las hierbas, las metió en el frasco lleno de agua cristalina y con un rápido corte con su daga le hizo sangrar una de las muñecas a la niña.
Ella estaba dormida y ni siquiera se inmutó. El tocon del árbol de sauce estaba al lado del altar, esperando recibir el espeso líquido rojo. Baltazar derramó la fuerza vital de la pequeña niña sobre aquel tocon mágico y este reacciono positivamente a su ofrenda. Baltazar podía oler el triunfo acercandose.
En un último acto de maldad, Baltazar vertió aquel líquido resultante del tocon en su frasco de hierbas especiales. El líquido rojo espeso tomo una tonalidad púrpura brillante que parecía reflejar nubes del Inframundo en su interior. Cuando se disponia beber el contenido de aquel frasco, el monje Lionkai apareció; blandiendo su brillante espada de fuego. Estaba dispuesto a acabar con la vida del malvado hechicero.
Baltazar Vernaliu se detuvo a verlo y con un aire de maldad y arrogancia total le dijo—nadie podra evitar que me haga inmortal.
Lejos de inmutarse, Lion sonrió. El brujo Baltazar frunció el ceño y en un último intento por cumplir su cometido trato de beber el contenido del frasco. Lion levanto su espada por encima de su cabeza. El fuego intenso le iluminaba el rostro.
En un breve e intenso destello de luz blanca y azul. Lionkai le dió fin al viaje de un temible hombre, cuyas acciones de seguro lo condenarían por el resto de la eternidad.
Al final quedó demostrado que el cálculo, asi como la buena planificación y una buena estrategia, bien ejecutada, pueden superar hasta al enemigo más fiero. En este caso a Baltazar Vernaliu, el hechicero del mal. Quien no solo perdió la batalla, sino también su cabeza y la oportunidad de conseguir la tan ansiada inmortalidad. De la mano de un valiente monje guerrero, llamado Lionkai.
Moraleja: la ira es como un león. No piensa. No razona. Solo se enfoca en buscar presas a las cuales devorar para saciar su hambre. Supuestos culpables que se convierten en víctimas de una bestia sin sentimientos, quien no solo destruye a quien ataca, sino también a quien se deja tomar y consumir por ella.
Thoughts
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PermalinkMe da curiosidad cuánto tiempo pasó entre cuando Baltazar destruyó el primer pueblo y cuando Diego lo alcanzó.
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PermalinkEso de que «la ira es como un león», no piensa, no razona, solo busca presas, me va a perseguir.
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PermalinkNo sé, la parte de la estrategia me pareció medio rara comparada al resto. Aunque capaz que eso es el punto.
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Permalink¿El dragón muere en la batalla o qué pasó? La historia se enfoca en Baltazar pero me queda la duda.
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