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Aethelgard - capitulo 9

Josean64
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La batalla final se acerca, pero antes, nuestros héroes deberán enfrentar un último desafío. Espero les guste

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Contenido de la discusión

Cap 9. En la puerta del abismo

Lunarborea era la tierra de los elfos de la noche. En sus imponentes cordilleras montañosas podian vislumbrarse una mezcla de matices color púrpura, negro y azul oscuro. Combinado con el color del verde apagado de los árboles y el causal de los ríos por donde navegaban nuestros héroes y su cuantiosa compañía militar.

Diego, Joani y Lionkai observaban todo con ojos serenos y estudiosos. Intentando aprender lo más que pudieran del accidente geografico con miles de años de existencia.

Se decía que los elfos nocturnos eran casi tan antiguos como los dragones. Fueron la primera raza no bestial en oponerse a los señores del fuego. Más sin embargo, su lucha no tuvo resultados hasta la llegada de los humanos, y el resto de razas rebeldes que lucharon en la gran guerra.

Con su ayuda, los elfos Lunarboreos pudieron derrotar a los dragones y expulsarlos de su tierra natal. Situada en dirección noreste de Herbolaria y el sur de Candora.

La dinastía Menfis eran sus principales regentes. Pero estos elfos reales eran muy recelosos y no recibían a cualquiera. Si los chicos querian hallar la forma de llegar a la puerta del abismo iban a tener que recurrir a otro medio. Uno de los altos mandos del reino, un conde adinerado llamado Timoteo Farrin, parecia ser la mejor opción.

El culpable del ataque a la biblioteca en Herbolaria aún seguía suelto y era necesario encontrarlo lo antes posible. El conde Farrin era una persona peculiar. Su desprecio por los brujos le hacia emprender, de vez en cuando, una que otra cacería personal con el objetivo de complacer sus ansias de derramar sangre mágica.

Los motivos de su odio poco le importaban a Diego y su grupo. Lo que ellos querían era encontrar al hechicero a como de lugar. Su única alternativa sería cruzar la puerta del abismo para consultar con el líder de estos engendros: el tal Malekort.

Su reunión con el conde fue formal y amistosa. Timoteo los recibió en el salón principal de su palacio. El lugar estaba adornado con cuadros, muebles lujosos y obras de arte muy costosas.

La formalidad formo parte del protocolo. Diego Alarcón era un experto en esta materia. Joani y Lion, en cambio, preferían limitar sus palabras y asentir sonrientes cuando fuera necesario. Alarcón y el conde Farrin intercambiaron elogios, anécdotas así como uno que otro dato intelectual. Debía de ganarse su confianza si pretendia pedir su ayuda.

Timoteo Farrin dijo al fin—me complace que un estratega de su talla acuda a mi para emprender su nueva cruzada. Dígame, joven Alarcón, en qué puedo ayudarlo?

La actitud refinada del conde de piel morada, ojos blancos brillantes, cabello igual de blanco, ropas elegantes y orejas puntiagudas le hacia sentir muy cómodo a Diego Alarcón; podía confiar en el. Eso era seguro.

—vera, mi señor. Mis amigos y yo estamos en la búsqueda de un temible hechicero, quien atacó una biblioteca en el reino de Herbolaria. Mato a todos los que la custodiaban e incluso robo unos papeles de suma importancia.

—ya veo. Y esos papeles. Tienen algo de valor? Algún tipo de contenido vital para el reino Herbolario. Tal vez?

—Digamos que era un papiro sobre magia. Nada que usted pudiera interesarle. Debido a que se trata de magia arcana.

Timoteo asintió seguro—tiene usted razón, joven amigo. Todo lo relacionado a la magia me sabe a basura. Si por mi fuera, desapareceria la magia del mundo. Sin ofender, señorita Bensamin.

Joani rindió una reverencia en su asíento como muestra de suma comprension y cortesía. Lionkai por su parte no entendía como el conde podía estar en la misma mesa junto a una maga si afirmaba odiar la magia. Resultaba ser que Timoteo no odiaba toda la magia en si, sino el mal uso que se le daba a esta. A diferencia de los magos arcanos, chamanes y clérigos, los brujos eran nefastos. Ellos no tenían reparo en usar sus poderes para dañar y eso al conde Farrin le repugnaba.

—Y este ruin hechicero—dijo el conde Farrin, retomando la conversación - debe ser peligroso, por lo que me cuentan.

—En efecto, su excelencia—. Intervenido Joani Bensamin. Tenía un tenedor en la mano derecha.—este hechicero de túnica púrpura ha resultado ser un individuo peligroso que debe ser detenido a toda costa.

—Comprendo—. Farrin acercó las manos juntas a la altura de la boca mientras reflexionaba.

—hay una forma de descubrir su identidad para detenerlo—aseguro Lionkai, con cautela—creemos que si vamos con Malekort, el señor de los brujos, en la puerta del abismo, podríamos pedirle que nos dé el nombre de este hechicero fugitivo.

—vaya—. Exclamo conde Farrin con asombro—lo que me dicen suena increíble de creer. Quieren entrar en el reino de los brujos para descubrir la identidad del hechicero al que buscan?

—Es nuestra mejor opción, su alteza.

—si, mi señor. Joani, Lionkai y yo intentamos de que otra bruja, una llamada Agarthis, nos dijera todo sobre dicho sujeto. Pero está bruja prefirio morir antes de darnos tan siquiera un nombre.

—no me extraña—. Recalcó Timoteo Farrin, con un gesto de decepción—los brujos son así. Prefieren ser quemados antes que vender a uno de los suyos. Incluso los brujos pícaros guardan silencio sin importar lo que les pagues.

Los chicos se vieron mutuamente. El conde tenía razón. Ningún brujo era capaz de traicionar a su gremio. Honor ante todo. Un juramento de silencio. Así lo veían ellos.

—Pero entrar en el mundo de esos indeseables—. Objeto Farrin al fin.—muchachos perdónenme pero la puerta del abismo no es ningún juego. Muchas leyendas rodean a ese lugar. Incluso se dice que las llanuras que lo rodean estan embrujadas. De verdad quieren correr ese riesgo?

Los tres chicos asintieron. Tenían la plena certeza de que allí encontrarían las respuestas que buscaban. El conde Farrin arqueo las cejas. Habían viajado demasiado lejos como para desistir en ese momento.

—bueno. Si están tan seguros, quien soy para oponerme. Está bien. Los ayudaré. Pero que no se les olvide. Malekort es un ser inmortal. Ni siquiera yo sería capaz de vencerlo y eso que tengo dinero por montones. Ya se. Tengo una gran idea. Si lo necesitan les proporcionare ayuda. La suficiente como para sobrevivir a aquel lugar y volver ilesos. Yo sé que usted es un gran estratega, Sir Alarcón, es por eso que le proporcionaré algunas de mis mejores tropas.

—Toda ayuda será bien recibida, mi señor—. Afirmó Diego con mucho agrado. Llegar con el conde Farrin no había representado ninguna perdida. Este elfo de alta alcurnia le proporciono al grupo de Diego un nuevo regimiento de soldados bien entrenados:

Los hostigadores: hombres de armas equipados con espadas, escudos y armaduras ligeras. Ideales para el combate cercano en contra de otras unidades a pie y en cualquier tipo de terreno.

Los militantes: lanceros a pie que luchan en formación de falange y son eficaces contra la caballeria del enemigo. Unidos parecían un muro impenetrable.

Los merodeadores: unidades de caballeria ligera, equipada con jabalinas. Especialistas en los ataques relámpagos y la exploración del área circundante.

Con estas nuevas unidades bajo su mando, Diego y sus amigos, Joani y Lionkai, partieron rumbo hacia la infame puerta del abismo. El momento de la verdad había llegado.

***

Atravesaron los bosques, cerros y montañas. La luna llena, visible en el firmamento estrellado, anunciaba silente que la noche habia llegado. Era el momento justo donde los elfos Lunarboreos salían de sus moradas y daban inicio a su actividad rutinaria; en los distintos pueblos y ciudades.

Diego y compañía marchaban con todo un gran batallon a sus espaldas. Una estructura monolito tras una depresión montañosa indicaba el lugar de destino.

Con cautela, paciencia y precisión, el batallon descendió hasta el fondo de aquel cráter inmenso. Un empinado y escabroso camino fue sorteado por la pericia de Diego Alarcón, quien estudiaba el terreno a cada paso para asi determinar los puntos mas transitables.

Poco a poco, el ejército del estratega descendió hasta lo más profundo del abismo. Hacia uno de los sitios más lugubres y horripilantes que Diego hubiera visto en su vida.

Un intrincado laberinto recibía a los visitantes en una encrucijada llena de tupida maleza, miles de cuerpos desmembrados y el rugido de unos temibles reptiles y murciélagos gigantes que habitaban ese lugar. Había también gigantescos golems de piedra, que custodiaban uno que otro pasillo angosto. Había sitios especiales: como salones de trampas, hilos eléctricos y puertos de teletransporte que podían llevarte a lugares del laberinto al azar.

Antes de hacer nada, Diego debía trazar el plan ideal para enfrentar una situación semejante. En lo profundo de ese laberinto traicionero se hallaba, Malekort: una criatura abominable, más grande que una ballena y con aspecto de golem volcánico. Cuernos en su cabeza y una gigantesca espada capaz de partir un elefante a la mitad.

Diego, con ayuda de su libreta de anotaciones, estructuro las fases de su plan de acción:

Este escenario ya no era una batalla de campo, sino una operación de asalto asimétrico y guerra de desgaste. El laberinto presentaba peligros ambientales extremos (hilos eléctricos, portales de teletransporte al azar, trampas muy peligrosas) que invalidaban por completo las formaciones masivas tradicionales.

Para Diego, la clave para resolver el laberinto no era entrar a ciegas, sino mapearlo, dividirlo y conquistar sector por sector, utilizando cada una de sus unidades exactamente donde sus capacidades mitigaran los riesgos del entorno.

Fase 1: Reconocimiento y Cartografía.

Diego Alarcón sabia que el mayor peligro eran los puertos de teletransporte al azar y las trampas. No podia enviar al ejército a perderse.

La caballería ligera (merodeadores) no podia cargar en los pasillos angostos, así que Diego los desmontaria de forma parcial y los usaria en los pasillos principales y los salones amplios como exploradores de avanzada.

Su misión seria arrojar jabalinas a distancia para activar trampas de presión desde una posición segura y avistar emboscadas de los hombres lagarto del laberinto.

Diego envíaria al monje Lionkai a la vanguardia debido a sus reflejos sobrehumanos para así esquivar trampas de salones y saltar por encima de los hilos eléctricos.

La maga Joani utilizaria su sensibilidad con la naturaleza para detectar las corrientes de energía de los portales de teletransporte, marcándolos en el mapa de Diego Alarcón con fuego mágico para que así el resto de las tropas los evitaran.

Fase 2: Limpieza de Pasillos y Contención.

El laberinto estaba defendido por unidades con roles muy específicos. Diego responderia con algunas contratácticas exactas:

En los pasillos cubiertos de maleza y los salones cerrados, Diego desplegaria a los hostigadores. Su armadura ligera les permitiria moverse rápido entre los cuerpos de seres desmembrados y la maleza sin tropezar. Estos usarian sus escudos para bloquear las garras de los hombres lagarto y los picotazos de los murciélagos gigantes, mientras que sus espadas de acero cortarian eficientemente durante el combate cerrado.

Los golems de piedra eran lentos pero letales en espacios estrechos. Diego Alarcón colocaria a los militantes en estos puntos. Aunque su falange estaba diseñada para caballería, en un pasillo angosto sus lanzas largas creaban un muro impenetrable que lograría mantener a los golems a distancia. Los golems, por muy fuertes que fueran, no podrian avanzar porque las puntas de las lanzas frenarian su movimiento de manera continua, permitiendo que los arqueros de elite les disparacen desde atrás a sus puntos de unión.

Fase 3: El Enfrentamiento con el Jefe.

Llegar al salón central revelaba al coloso: un gran golem del tamaño de una ballena, con una espada capaz de partir a un elefante.

Enfrentarlo de frente con la falange o la caballería sería un suicidio. Diego ejecutaria una estrategia de inmovilización y choque térmico.

Diego ordenaria a los merodeadores usar la amplitud del salón del jefe para rodearlo a gran velocidad, arrojando sus jabalinas y flechas incendiarias. El golem, al ser tan enorme, intentaria dar golpes masivos con su gran espada, pero la gran velocidad de la caballería ligera haria que este falle, golpeando el suelo del laberinto y quedando atrapado por unos segundos debido al peso de su propia arma.

La roca volcánica es propensa a fracturarse con cambios bruscos de temperatura. Diego coordina con la maga para que conjure un torrente de agua helada o una ventisca extrema directamente sobre el cuerpo ardiente del golem. El contraste del frío contra la roca volcánica caliente generaria grietas estructurales masivas en su armadura así como en su gran espada.

Con el golem agrietado y distraído por el acoso de las jabalinas, el monje Lionkai localizaria la grieta principal en las piernas o la base del gran coloso. Usando su velocidad, correria por el brazo del propio golem y asestaria un golpe de palma con Ki concentrado directamente en los puntos de fractura.

De esa forma la inmensa masa de roca volcánica se colapsaria bajo su propio peso, rompiéndose en mil pedazos.

Diego Alarcón demostraria una vez más que un laberinto no era un obstáculo si se descomponia en problemas geométricos y lógicos: las trampas serían mapeadas, los pasillos estrechos serían bloqueados por las lanzas, y el coloso sería destruido usando la física en lugar de la fuerza bruta.

Al final, el gran Malekort fue vencido pero no destruido. Sus poderes oscuros hacían que la roca volcánica volviera a adherirse a su avejentado cuerpo esquelético. Era muy evidente cuan antiguo podía ser aquel monstruo. Ni Diego se atrevía a imaginar las cosas que este ser había visto a lo largo de su existencia.

—Bien hecho—resoplo Malekort con una voz muy macabra. Cómo de Inframundo.—han llegado al último sector de mi laberinto y han logrado darme jaque... En verdad, chicos, los felicito.

Para Diego Alarcón y su grupo era difícil expresar algún tipo de emocion frente a una criatura tan abominable y oscura como Malekort. El respiraba, exhalando fumarolas de humo verde de sus entrañas.

—Vinimos por un único motivo—dijo Lionkai, dando un paso adelante. Intentaba recuperar algo de aire tras la intensa batalla. El resto de la compañía se encontraba detrás de los héroes. Atentos a lo que pudiera surgir.

—Que motivo es?—. Les pregunto Malekort, resonante.

Joani entro en la conversación—nosotros queremos saber el nombre de un hechicero de túnica púrpura. Sabemos que atacó una biblioteca en mi reino natal y acabo con la vida de muchos elfos en el proceso.

—Ah. Tunica púrpura. Claro.

—Lo conoces?

—Claro que lo conozco, caballero Alarcón—Diego se quedó en silencio. Malekort era tan poderoso que incluso conocía su nombre.

—Yo lo se todo. Yo lo veo todo. Incluso conozco su motivación para venir aquí. Solo quería saber que tan dispuestos estaban a conseguir lo que querían. Ja! Supongo que los subestime.

—Dinos su nombre, por favor—. Dijo Lionkai mientras que daba un paso al frente.

Por primera vez, Malekort bajo la cabeza, y luego contesto:

—El hechicero al que buscan no es un hechicero común. Este hombre está motivado por un fuerte deseo de poder y venganza. Yo mismo lo ví morir en un abismo, muy similar a este—Un aire sombrío se apoderó del lugar. Trayendo los ecos de un pasado no tan lejano.

—Baltazar Vernaliu... Así se llamaba ese hombre. Hombre que fue traicionado por su propia esposa y que producto de la irá acabo con la vida de esta y con la de su inocente hija—. Joani sintió un nudo en la garganta, acompañado de un escalofrío muy intenso.

—Si. Eso lo enloquecio de dolor, y entonces, el huyó. Huyó lejos de sus perseguidores. Los guardias de la caballeria Kalendriana.

—Kalendriana dices? Eso quiere decir que el brujo Baltazar es oriundo del mismo reino que yo?

—Diego, esto no me gusta.

—No deberías temer, elfa. Tu amigo, el joven estratega, en cambio, si debería preocuparse. El hombre al que buscan fue perseguido y ejecutado, ni más ni menos, que por tu padre... Lord Emmanuel Alarcón.

La revelación hizo temblar a Diego hasta lo más profundo de su ser. Su padre, el gobernante supremo de Kalendria, había ejecutado al hechicero fugitivo. Eso cambiaba las cosas.

Malekort respiro ondo y continuo—el reino de Kalendria... Siempre lo ví como un montón de montañas y caminos escabrosos. Por supuesto. En ese tiempo lo gobernaban los dragones.

Lionkai sintió un escalofrío recorrer su espalda. Malekort dijo—yo le dí a Baltazar lo que le he dado a todos los que han llegado a mi. El hechicero es uno de mis esbirros. Un instrumento nomás.

Joani lo miró con desconcierto. Era increíble oírlo hablar así de alguien a quien el mismo había condenado con su magia corrupta.

—Que es lo que quiere Baltazar?

—Simple, joven monje. Lo que Baltazar quiere es venganza. Destruir al reino que lo ajustició. Y para eso ha tomado la decisión de volverse mucho más fuerte.

—Y como lo hará?

—Solo hay una forma de volverse más fuerte que el resto de los seres vivos, estratega Alarcón.

Diego, Joani y Lionkai lo miraron, expectantes.

—La inmortalidad—. Les respondió Malekort con un tétrico susurro, que resonó en el ambiente.

La inmortalidad era, en esencia, la cúspide del poder absoluto. Aquel que logrará obtenerla sería más que invencible. Sería un ser todopoderoso, capaz de destruir a cualquiera y dominar como un ser supremo... Un díos.

—Debemos de hacer algo para detener a ese loco—. Pensó Diego en voz alta. Sus ojos reflejaban un temor auténtico ante esta situación. Lion y Joani se sentían igual. La sola idea les ponía los pelos de punta.

—Si en verdad lo quieren detener, entonces deben de evitar que lleve a cabo su ritual.

—Ritual? Que ritual?

—Simple, joven elfa. El ritual necesario para convertirse en un ser inmortal.

El trío tomo una decisión en aquel momento. Era de vital importancia detener a Baltazar, antes de que cometería un acto irreversible.

Cómo un último gesto hacia los tres guerreros, el gran Malekort les dijo—no tolerare que haya otro ser inmortal además de mi. El rey de los brujos es único y nadie me quitará mi titulo así nomás. No señor!

—Nos ayudarás?—. Le pregunto Joani, esperanzada. A lo que Malekort contesto—mis heridas necesitan tiempo para sanar. Sin embargo. Puedo enviarlos rápidamente hacia donde esta ese infeliz, para que lo enfrenten.

El trío comprendió y se preparo. El momento de la batalla final se acercaba. Sorpresivamente, Lion sintió como su espada de acero, aquella que le habían entregado sus maestros en un principio, comenzó a brillar. Cómo si algo dentro de ella se manifestara. Intentando salir.

Malekort vio esto y dijo—ah, una espada runica. Quedan muy pocas. Su poder bastará para acabar con la vida del infame hechicero.

Lionkai asintió y sostuvo su espada con más fuerza. Diego y Joani estarían a su lado. Al igual que el gran ejército tras ellos.

—Guerreros!—. Exclamo Malekort con fuerza y autoridad. —la batalla final se aproxima. Sus destinos y el del resto del mundo dependen de lo que hagan ahora. Yo, Malekort, rey de los grandes hechiceros, y guardian de la puerta del abismo, les concedo la habilidad de moverse justo donde encontraran al infame hechicero, Baltazar!

Con un fuerte golpe al suelo, usando su espada, Malekort teletransporto al trío y su ejército directo a la batalla. El momento decisivo se acercaba.

Thoughts

  • pregunta_rapida_

    Pero entonces, ¿Baltazar sabe ya que Diego existe? ¿O el ritual es algo totalmente independiente?

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  • asintiendo_desde_aca

    Esa parte donde Malekort le dice que fue su padre el que ejecutó a Baltazar... quedó resonando. Cambió todo.

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  • nadie_sabe_nada_

    Baltazar murió odiando. Ahora Diego descubre que su padre lo mató. La verdad que eso es un peso que nadie merece heredar.

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  • solo_curioseo

    ¿Diego sabe ya dónde está Baltazar cuando lo teletransporta Malekort? ¿O llegan sin saber a dónde van?

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  • quiza_me_equivoco

    La estrategia está bien pensada y todo, pero me perdí un poco con tantos detalles del laberinto. Al final el ritual es lo que importa, ¿no?

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