Me pinto los labios de rojo,
no de mi labial,
sino de la sangre de tu cuerpo visceral.
Es grotesco verte tirado en el suelo,
pero más grotescos eran
ver los golpes en todo mi cuerpo.
El cuchillo me liberó y te liberó a vos,
no de la misma manera,
no del mismo sentimiento.
Tu cuerpo se va,
tu alma también.
Yo sigo acá
con el dolor insoportable de tener que verte
cada vez que veo a un hombre
con el mismo abrigo de piel.