Saltar al contenido
Cargando…

A quien todavía no encuentro

RenatoVeliz
Pensamiento

Pensamiento

juancho7

Mis papás van por los treinta y pico también, chamo, y uno sale de esa casa con la vara altísima sin darse cuenta.

Mis papás van por los treinta y pico también, chamo, y uno sale de esa casa con la vara altísima sin darse cuenta.

Contenido de la publicación

Los días pasan y no regresan. A veces miro a mi alrededor y me doy cuenta de lo afortunado que puedo llegar a ser. Sin embargo, como alguna vez dije en un concierto, la vida no puede ser completa, porque así como te da, también te quita, quizá para encontrar ese equilibrio que nunca terminamos de comprender.

Llevo tiempo buscándote. Aunque muchas veces me dijeron que el amor no se busca, que simplemente aparece y lo sientes, hay momentos en los que uno se cansa de esperar. Porque quizá tú también estés por ahí, dando vueltas por el mundo, buscando a alguien sin saber que ese alguien también te está buscando a ti. Y entonces me pregunto: ¿cuánto tiempo más tendremos que caminar por separado antes de encontrarnos?

Siempre me detengo frente al espejo para mirarme. Sé quién soy, conozco mis virtudes, mis defectos y todas esas pequeñas rarezas que me hacen ser yo. Sé lo complejo que puedo llegar a ser, lo extraño que a veces me resulta el mundo y ese humor mío, acompañado de bromas que no todo el mundo entiende. Muchas veces termino refugiándome bajo mi signo, Acuario, como si las estrellas pudieran explicar todo aquello que ni yo mismo consigo comprender.

Me resulta difícil conectar con alguien. Me cuesta conocer a una persona y darme la oportunidad de descubrir lo que hay más allá de lo evidente, de mirar con otros ojos y desprenderme, aunque sea un poco, de todo aquello que aprendí viendo el amor en casa.

Mis padres llevan treinta y dos años de matrimonio enseñándome, sin necesidad de grandes discursos, lo que significa amar, respetar y elegir a alguien incluso cuando la vida no es perfecta. He crecido rodeado de tanto amor que, a veces, me descubro huyendo de personas que quizá no puedan ofrecerme aquello que, en el fondo, sé que merezco. No porque espere encontrar a alguien perfecto, sino porque me cuesta aceptar la idea de conformarme con un amor que me haga sentir menos de lo que aprendí que podía ser.

Y hay algo curioso en toda esta historia: las pocas veces que he sentido una conexión verdaderamente real y genuina, unas tres veces a lo largo de mi vida, esas tres personas terminaron marchándose del país.

No sé si será una coincidencia, si simplemente tenían planes diferentes a los míos o si la vida tiene una manera extraña de ponerme a ciertas personas enfrente justo cuando estoy a punto de perder la esperanza. Quizá llegan para recordarme que todavía puedo sentir, que todavía puedo ilusionarme, que mi corazón no se ha cansado del todo. O quizá solo son historias que, por más bonitas que hayan sido, no estaban destinadas a continuar.

No lo sé.

Lo único que sé es que, durante todo este tiempo, he llorado de felicidad y también de tristeza, como cualquier ser humano. Muchas de esas veces lo he hecho en silencio, porque nunca me ha gustado demasiado mostrarme vulnerable ante los demás. Me cuesta dejar que alguien vea esa parte de mí que no siempre sabe cómo afrontar las cosas, ese niño interior que todavía desea que lo mimen con un beso, que lo abracen sin necesidad de preguntar qué le sucede y que, por un instante, pueda descansar de tener que ser fuerte.

A veces la vida te enseña a endurecerte. Te acostumbras a levantar muros, a medir tus palabras, a desconfiar de las intenciones y a mantener cierta distancia para evitar que alguien encuentre la manera de lastimarte. Aprendes a protegerte antes de que puedan hacerte daño, incluso cuando una parte de ti solo quiere bajar la guardia y dejarse querer.

Y así, poco a poco, puedes terminar convirtiéndote en alguien que parece no necesitar demasiado de nadie, cuando en realidad lo único que desea es encontrar un lugar seguro en el que no tenga que fingir que puede con todo.

Hoy tengo más claro lo que quiero y lo que busco. Ya no quiero a alguien pasajero, una historia que se encienda con intensidad para apagarse cuando las cosas dejen de ser fáciles. No quiero a alguien que solo esté presente en los días buenos, cuando todo parece encajar y sonreír resulta sencillo. Quiero a alguien que crezca conmigo, que entienda que amar también significa aprender, cambiar, equivocarse y volver a intentarlo.

Quiero a alguien que, si algún día me despierto con miedo, sepa tomarme de la mano y decirme que no pasa nada, que podemos seguir caminando incluso si los dos tenemos miedo. Porque el miedo también forma parte de la vida; es un sentimiento que cambia, que se transforma y que, muchas veces, pierde fuerza mientras avanzamos. Quizá, si no tuviéramos miedo a nada, la vida sería demasiado aburrida, demasiado predecible, demasiado monótona. Quizá sean precisamente esas incertidumbres las que nos recuerdan que estamos vivos.

No espero que tengas todas las respuestas. Ni siquiera yo las tengo. No espero que seas invencible, que nunca dudes o que siempre encuentres las palabras correctas. Solo espero que, cuando la vida nos ponga frente a nuestros propios temores, no olvidemos que podemos enfrentarlos juntos.

Sé que estás por ahí, en algún lugar de este mundo. No sé cómo te llamas, qué música escuchas, cuál es tu comida favorita ni qué cosas te hacen reír hasta que te duela el estómago. No sé si ya nos hemos cruzado alguna vez sin darnos cuenta, si hemos coincidido en una calle, en una fiesta o en algún lugar al que ambos llegamos sin imaginar que nuestras historias podrían encontrarse.

Pero quiero creer que algún día te conoceré y que habrá algo en ti que me hará sentir que quiero quedarme. No porque el destino me lo asegure, ni porque una mirada pueda prometerme una eternidad, sino porque descubriré, con el tiempo, que vale la pena construir algo contigo.

Y cuando ese día llegue, espero no tener que convertirme en alguien distinto para que decidas elegirme. Espero poder mostrarte mis luces, pero también mis sombras; mis ganas de comerme el mundo y esos días en los que apenas tenga fuerzas para enfrentarme a él. Quiero que conozcas al hombre que soy, pero también a ese niño que todavía vive dentro de mí y que, de vez en cuando, necesita un abrazo para recordar que no tiene que resolverlo todo solo.

No soy perfecto. Tengo miedos, ansiedad y muchas responsabilidades sobre los hombros. Hay días en los que pienso demasiado y otros en los que me cuesta encontrar la calma. A veces puedo ser complicado, distante o difícil de entender. Pero créeme cuando te digo que, si decides caminar a mi lado, encontrarás un amor sincero, cariño del bueno y una lealtad de esas que hoy parecen difíciles de encontrar en un mundo que tantas veces confunde el amor con la conveniencia y la compañía con la necesidad de no estar solo.

No te prometo una historia sin dificultades. Te prometo que, si construimos algo verdadero, mi intención será cuidarlo. Que no tendrás que competir constantemente por mi atención ni adivinar si mis sentimientos siguen ahí. Que intentaré elegirte con honestidad, incluso en esos días en los que amar requiera más paciencia que palabras bonitas.

Quizá todavía nos falten caminos por recorrer, personas por conocer y despedidas que aprender a aceptar antes de encontrarnos. Quizá la vida tenga sus propios tiempos y nosotros, por ahora, solo podamos seguir viviendo, descubriendo y creciendo. Ya no quiero apresurar las cosas, pero tampoco quiero renunciar a la posibilidad de que exista alguien con quien compartir todo aquello que llevo tanto tiempo guardando.

Por eso, hoy me despido de estas páginas con la esperanza intacta. Tal vez vuelva algún día para escribir una nueva historia, una que tenga menos preguntas sin respuesta y más momentos que merezcan ser recordados. Una historia llena de color, de energía, de aventuras inesperadas y de pequeñas cosas que, sin hacer demasiado ruido, terminen convirtiéndose en lo más importante.

Quiero escribir sobre las risas que aparecen sin motivo, los abrazos que hacen que el tiempo se detenga, los besos que llegan justo cuando más los necesitas y esas conversaciones que comienzan hablando de cualquier tontería y terminan revelándote el alma de otra persona.

Quiero contar historias que me saquen más de una sonrisa, pero no de esas que aparecen por cortesía y desaparecen en segundos. Quiero esas sonrisas que se sienten en el alma, que se quedan contigo durante todo el día y que, incluso cuando ya estás solo, te hacen recordar por qué vale la pena volver a intentarlo.

Y si algún día llegas a leer estas palabras, quiero que sepas algo: antes de conocerte, ya había un lugar en mí que deseaba compartir la vida con alguien como tú. No sabía tu nombre ni conocía tu rostro, pero seguía creyendo que, en algún momento, nuestros caminos podrían encontrarse.

Hasta entonces, seguiré viviendo. Seguiré aprendiendo a quererme, a soltar lo que no puede quedarse y a recibir con el corazón abierto aquello que la vida tenga para mí.

Porque, aunque todavía no te encuentre, no quiero que la espera me haga olvidar lo más importante: que mi historia también merece ser vivida mientras tú llegas.

Hasta que nuestros caminos se encuentren.

Thoughts

  • juancho7

    Mis papás van por los treinta y pico también, chamo, y uno sale de esa casa con la vara altísima sin darse cuenta.

    Permalink

Related posts

  • Simplemente.

    He escrito

  • El ruido que reconocen sin querer

    Ese sonido que reconocen sin pensar porque llevan años oyéndolo. El mío es la impresora justo antes de atorarse. ¿Cuál es el suyo?

  • Aún escribiendo me contengo mucho

    Aún escribiendo me contengo mucho, no dejo que salga todo lo que siento, me detengo cuando siento que me pierdo, no me alcanzarían las palabras para desahogar lo que mi corazón siente en cada…

  • Tu día de hoy contado como si fuera un ticket del súper

    Tu día contado como si fuera otra cosa: receta, ticket del súper, parte del clima. Para ir sumando.

  • Juntemos frases ajenas que se nos quedaron pegadas

    Una frase ajena que escuchaste hoy y no se te despega. Dejo la mía, sumen la suya.

  • Alejarse también es amar

    Alejarse de a quien uno quiere porque duele,

  • ¿Que me falta?

    No sé cómo explicarlo…. Cómo ya saben el autoconocimiento es un viaje largo.. dónde he aprendido a estar sola, a perdonarme, valorarme y reiniciarme en todo sentido. Me siento orgullosa de eso, lo…

  • Mi último día.

    Me desperté y, como todas las mañanas, comencé a arreglarme para ir al liceo. Entonces lo sentí: esa falta de aire que me limitaba incluso para hacer las cosas más sencillas. Esta vez era más fuerte…

Pública 0 conversaciones 1 pensamiento 10 votos positivos 0 votos negativos 0 series

Los días pasan y no regresan. A veces miro a mi alrededor y me doy cuenta de lo afortunado que puedo llegar a ser. Sin embargo, como alguna vez dije en un concierto, la vida no puede ser completa,…

En grupos